Toni Gabaldon
Toni Gabaldón, profesor ICREA del IRB y del BSC-CNS

Su pasión es la genómica porque, como él mismo explica, es la puerta de entrada al “libro de instrucciones de la vida”. “Todavía no sabemos descifrar este libro por completo, pero la genómica ya ha demostrado ser un herramienta muy útil para entender cómo funcionan los organismos, el origen de muchas enfermedades, o los procesos de evolución y adaptación”, afirma Toni Gabaldón, profesor de Investigación ICREA con adscripción a dos centros barceloneses: el Instituto de Investigación Biomédica (IRB) y el Barcelona Supercomputing Center-Centro Nacional de Supercomputación (BSC-CNS).

La combinación de ambos centros le proporciona a Gabaldón “el entorno científico ideal”. “La mayoría de mis proyectos tienen un componente experimental que genera datos masivos que analizamos computacionalmente; a su vez estos análisis resultan en hipótesis que podemos probar experimentalmente, de manera que ambas aproximaciones se retroalimentan positivamente”, añade. 

Todo ello dentro de un campo científico que está muy de actualidad. “Con las recientes técnicas que permiten no solo leer este libro de instrucciones, sino también alterarlo, el potencial de la genómica se ha multiplicado enormemente”, explica el investigador. “Esto no solo ha multiplicado las esperanzas sino también los miedos a los posibles usos que se pueda dar a estas técnicas. El uso de la tecnología no ha de ser ajeno a las discusiones éticas; cómo sociedad hemos de discutir dónde queremos poner los límites y cómo controlar que no se sobrepasen esos límites. Este es un proceso difícil y requiere entender bien las oportunidades y riesgos que cada tecnología conlleva”.

Entender los cambios

En la actualidad, la investigación de Toni Gabaldón se centra en la genómica evolutiva. “Queremos entender los mecanismos que gobiernan los cambios en la secuencia y organización del genoma y cómo estos cambios permiten adaptaciones funcionales o ecológicas de diversos organismos”, apunta.

¿Cómo aparece evolutivamente la capacidad de infectar a humanos? ¿Cómo se originaron las células complejas? Estas son algunas de las preguntas a las que intentan dar respuesta. Les interesa especialmente “los mecanismos de evolución no vertical, es decir, la  herencia que no va de progenitores a descendientes, sino de unas especies a otras, como la hibridación o la transferencia genética horizontal”.

También quieren aprovechar los análisis genómicos “para entender cómo funcionan las comunidades microbianas”. Recientemente han publicado un trabajo en la revista Nature Microbiology que clarifica de qué forma el genoma organiza genes implicados en procesos concretos. “Vimos que los hongos no organizan los genes en los cromosomas al azar, sino que genes con determinadas propiedades funcionales se agrupan para facilitar su trabajo concertado; muchos de estos se agrupan de manera convergente en linajes lejanos, seguramente como resultado de una presión selectiva común”. 

La medicina del futuro

El investigador del IRB Barcelona tiene claro que “la genómica está llamada a tener un papel relevante en la medicina del futuro”. “Como elemento diagnostico de enfermedades de base genética ya es una herramienta potente, y se empiezan a cosechar frutos como herramienta de ayuda en el tratamiento de cáncer, por ejemplo, definir qué drogas tienen mayor probabilidad de éxito frente a un tumor según qué mutaciones se encuentran en este”. 

Además, los estudios del microbioma humano –el conjunto de microorganismos que habitan nuestro cuerpo– o la detección de patógenos por medio de la genómica “también empiezan a dar sus frutos”. “Estas aproximaciones conllevan pocos riesgos y obvios beneficios”, añade.

Pero “la verdadera esperanza es si la genómica podrá ser usada no solo para detectar enfermedades o definir un tratamiento, sino como elemento terapéutico mediante la manipulación de genes por tecnologías de transferencia o modificación genética”. 

Gabaldón considera que “esta es la aplicación que más riesgos potenciales conlleva y la que conocemos menos”. “Yo creo que el principio de precaución debe aplicarse hasta que el conocimiento acumulado nos permita poder delimitar los riesgos y usar esas tecnologías de una manera más segura”.

Investigación en España

Además de su labor investigadora, Toni Gabaldón es uno de los académico de número que ha puesto en marcha la Academia Joven de España, una entidad que ya existe desde hace tiempo en muchos países de nuestro entorno. Sus primeros pasos se están centrando en convocar nuevos puestos de académicos para poder llegar a la cifra de cincuenta miembros y, además, hacer una jornada el próximo año.

“Aunque existen asociaciones de científicos jóvenes muy activas e importantes, una Academia tiene un carácter institucional y sus miembros se eligen en base a méritos –afirma para defender la puesta en marcha de este organismo–. Pensamos que puede ser una herramienta importante para visibilizar la labor de jóvenes investigadores y para contribuir a la mejora de la investigación en España, particularmente en aspectos que afectan especialmente a los investigadores más jóvenes, como la carrera científica, los retos del futuro o la interdisciplinaridad”.

Además, Toni Gabaldón sido nombrado recientemente Académico Correspondiente de la Real Academia Nacional de Farmacia, distinción que ha recibido como un honor. “Dicha academia tiene miembros numerarios de gran prestigio a los que admiro por su trabajo y que se hayan fijado en mi labor es algo que valoro muchísimo”, añade.

Respecto a la situación que atraviesa actualmente el sector de la investigación en nuestro país, el científico del BSC-CNS advierte de una serie de problemas que habría que afrontar. “La falta de una estabilidad en la financiación, generalmente demasiado baja, la poca implicación del sector privado, una alta endogamia en muchos centros, el poco atractivo de la carrera científica, y una excesiva burocracia son las principales lacras de nuestro sistema”, afirma.

“Deberíamos resolver esos problemas para estar en primera línea –continúa–. Pese a ello, tenemos investigadores e investigadoras que están al primer nivel, pese a contar a menudo con menores recursos que otros grupos de su área en otros países. En su conjunto pongo un aprobado muy justito y espero que en los próximos años nos presentemos a subir nota, habiendo hecho los deberes de eliminar las trabas al talento y a la creatividad, y apoyando decididamente a la investigación como una inversión en la sociedad del futuro”.

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