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The Valley, el ecosistema de conocimiento digital, colaborativo y abierto, y que cuenta con hubs en Madrid, Barcelona, Chile y Colombia, fue fundado en 2012 por Arantxa Sasiambarrena, una empresaria con un amplio bagaje en el mundo del emprendimiento. La innovación ha estado presente siempre, de una u otra manera, en toda su carrera con un gran objetivo de fondo: llevar proyectos innovadores al éxito.

Sasiambarrena explica que estudió Derecho como hace mucha gente: para luego no volver a ejercerlo. “Empecé en Unidad Editorial, en Expansión y Empleo, aunque comencé de verdad en Publicidad. Así es como tuve contacto con un mundo que ahora veo desde otro lado; por lo que he estado en el mundo de la Publicidad pero, curiosamente, no en Educación”, la rama, posiblemente, más conocida de The Valley.

En un momento dado, fue a estudiar al IESE, en la parte de Gestión, pero en 2008 le llamó un headhunter en Vocento para trabajar en Infoempleo, ya que acababan de comprar un porcentaje. “Llegué a ser CEO y, por aquel entonces, Infoempleo era un portal de empleo con una línea editorial relacionada con la educación, pero siempre en el mundo de Internet. Dirigirla fue un aprendizaje brutal”.

Ya en 2011 se encontró con una mujer “muy importante” para ella. Era María Benjumea, su “primera jefa en un mundo de hombres”. “Los tres años en Vocento coincidieron con la época de crisis, unos años difíciles. Estábamos con unas tasas de paro increíbles (en la misma situación de ahora), a lo que se sumó la irrupción de LinkedIn en España, que nos vino muy mal, además de que teníamos un modelo de gestión muy tradicional”, confiesa.

Emprendimiento en tiempos de crisis

“Siempre digo que mis cambios profesionales han sido en momentos muy raros… Entré en Vocento cuando estaba embarazada –a lo que Benjumea nunca me puso problemas– y salí cuando estaba embarazada por segunda vez”. Es entones cuando el emprendimiento llamó a su puerta para colaborar con una startup y, a la vez, trabajar con Joaquina Fernández, de Hune. “En este tiempo entendí mejor la gestión de negocios”. 

Tras todos estos cambios, de una manera casual, gente con la que había tenido trato tanto en su entorno personal y profesional montaron una agencia de marketing con la que tenían una ilusión: montar un proyecto de una escuela de negocios aplicado a lo digital. Así nació The Valley.

“¿Emprender? ¿En 2012?”, fue su primera impresión. “Yo ya pensaba que no me encontraría con nada tan difícil como Infoempleo. Me equivocaba: tras llamarme –y también tras un periodo de convencimiento– puse dinero y mi participación (algo que nunca había hecho). Todo ello, con un hijo de dos meses. Pero The Valley fue creciendo con él”.

Ahora, The Valley es un ecosistema de conocimiento digital, colaborativo y abierto, compuesto por la escuela de negocios The Valley Digital Business School; el headhunter especializado en perfiles digitales, The Valley Talent; un espacio colaborativo para startups digitales; un espacio de innovación, The Place, y una consultora de acompañamiento para empresas y profesionales que quieran dar un nuevo rumbo a sus negocios en busca de la disrupción.

‘Pasilleo’ y liderazgo femenino

En su momento, Sasiambarrena quiso apostar por mujeres para su ecosistema digital. “Ana Delgado, para dirigir Educación; Talent, dirigida por Míriam López… En torno al 70 % de la plantilla de The Valley son mujeres. Muchísima mujer. Y es que el liderazgo femenino es un estilo”, asegura.

Según ella, las mujeres son “mucho más sensibles, sensitivas, y, desde el punto de vista de gestión de personas, somos claramente diferentes. He tenido muchos jefes hombres y la cercanía es distinta. El liderazgo femenino es estrecho, cercano y súper creativo. Es menos analítico (aunque lo sigue siendo). Y muy poco jerárquico. En el caso de The Valley, por ejemplo, la jerarquía es muy plana, meritoria, no hay un organigrama tradicional. Lo que más me gusta es que nos gusta dirigir a todos, con más creatividad, con estructuras más cercanas. La capacidad de esfuerzo también forma parte de esto. La familia, la casa, los embarazos… Mujeres que viven pegadas a las oficina, al gimnasio. Hay una energía brutal”. 

Sasiambarrena asegura que todavía se nota en la empresa tradicional que no funciona la cultura del mérito. “Quedo mejor el ‘pasilleo’, el figurar, y con las mujeres eso no pasa. No te puedes quedar hasta las diez trabajando para que te vean, porque tienes hijos. La conciliación es algo muy complicado, y en las empresas de innovación no pasa lo mismo”.

El parón por el COVID-19

La crisis provocada por el COVID-19 ha dejado muchas desgracias tras de sí. Pero nunca hay que perder la esperanza. Sasiambarrena, optimista, indica que lo que más le gustó del primer confinamiento, dentro de lo malo, era la colaboración que ha habido entre empresas. “Hemos compartido muchísimo con otras compañías para ver qué podíamos y debíamos hacer. ‘El país está lleno de líderes que gestionan predecibles, no impredecibles’, dice un amigo mío. Y es que cuando tienes músculo financiero, vale. Pero si no lo tienes, si vives al día, hay que salir reforzados”.

The Valley no se puede comparar con una empresa grande, por lo que esta situación les ha supuesto una gran exigencia en equipo para que, ante la adversidad, salgan hacia delante. “Hemos sido capaces de lanzar productos, de ayudarnos más todavía… Ha sido mejor, también, personalmente, porque he podido estar mas con mis hijos, al igual que ha sido complicado por otras razones que ya conocemos. Eso sí, como compañía, hemos acelerado cosas pendientes y hemos evolucionado nuestro modelo”.

Educación presencial vs digital

Aunque su temática siempre haya sido el negocio digital, en The Valley siempre han apostado por lo presencial, por lo que fue complicada esa migración a lo digital. “En el corto plazo, planteamos que la virtualidad se sintiera presencial. Buscar una sincronía con los profesores con el contacto que podíamos. Y, sinceramente, la migración ha sido un éxito”, afirma.

Según Sasiambarrena, han creado unos entornos más innovadores para no perder el networking, nuevas herramientas, energía y modelos de varios pilares, basándose en contenidos muy flexibles para que los alumnos pudieran crear su itinerario formativo. “Hemos desarrollado una serie de contenidos como si fueran módulos y los hemos convertido en 23 diplomas. Así, cada alumno ve si itinerario informativo y puede ir eligiendo el ritmo y crear el itinerario, obteniendo la titulación del máster”. 

Esto es el modelo “flow”: más experiencia en clase, que decida (“si se quiere ir”), otra conveniencia. “Decides voluntariamente y los grupos son mixtos. Eliminas las barreras físicas, y tienes la opción, cuando no tienes una oferta formativa rica por zona geográfica, de subirte al modelo. Debo decir también que la interacción entre alumnos y profesores es muy fluida y hay una gran flexibilidad en cualquier dispositivo”.

De forma más personal, Sasiambarrena relaciona su trabajo en The Valley con la situación de la educación en general: “el colegio de mis hijos lo ha hecho muy bien, pero a la educación, en general, le falta recursos, prácticas. Estamos capacitados para formar a profesores, por ejemplo. Y los niños, con cualquier app, aprenden rápido. Ahora se abren muchas brechas, porque si no hay ordenadores… la cuestión es que hemos podido abrir los ojos. Hace unos meses evidenciamos como país que la sanidad no iba tan bien como pensábamos. Puede ser lo mismo con la educación. Tenemos un problema muy grande”.

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