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Sylvie Pérez (UOC): “Hay que flexibilizar las estructuras actuales para dar más margen de trabajo al docente del futuro”

La figura de profesor está sufriendo un cambio profundo, igual que el sistema educativo. Un análisis de dos profesoras de la Universitat Oberta de Catalunya enumera los seis retos que tienen por delante
Docente del futuro UOC
Dos profesoras de la UOC han analizado los retos a los que se enfrenta el docente del futuro.

En casi todos los foros que debaten el futuro de la educación sale a relucir la figura del docente. Cómo se adaptará al sistema educativo que se viene o cuál será su rol suelen copar la mayor parte del tiempo. Con muchos matices, la profesora de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), Sylvie Pérez Lima, opina que, en realidad, “el trabajo del profesor es el mismo. Lo que cambia es la metodología, la manera, el objetivo”.

Ella, que da clases en la rama de Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC, y su compañera Nadia Ahufinger, directora y profesora del máster universitario de Dificultades del Aprendizaje y Trastornos del Lenguaje y profesora del grado de Educación Primaria de la UOC, desgranaron recientemente los seis retos que tiene por delante el oficio.

Pérez, que además trabaja en centros de distintas etapas educativas, sitúa el mayor obstáculo de la profesión en unas estructuras hoy rígidas que hay que flexibilizar. “Los docentes del futuro necesitan más margen en su trabajo”, concluye. Sobre todo si se toma al pie de la letra que el profesor es un generador de experiencias, según escribe Pérez en dicho artículo.

“Me refiero a generar situaciones de aprendizaje. No imaginarlas, no enseñar en el abstracto. Construir para mí es fabricar, a poner al alumno en situación”, explica. Ahí la tecnología será una aliada para conseguir sus objetivos. Siempre y cuando se apueste por una mayor tolerancia en el uso de esta en las aulas. “En sí mismo —argumenta— el móvil no hace daño a nadie. Lo que puede ser peligroso es el uso que hacemos de él”. Si se regulara su uso en clase, “hay un montón de aplicaciones y funcionalidades que el profesor puede aprovechar”.

El profesor como guía, orientador y acompañante del aprendizaje

Para un docente, cumplir el objetivo básico de su trabajo es “enseñar los procedimientos” para que luego el alumno los pueda utilizar en su día a día. Teniendo en cuenta que la rutina de un joven (poniendo por caso un estudiante de Secundaria) será el uso del teléfono, enseñar a cribar a través de un pensamiento crítico es crucial.

Por eso, Pérez advierte: “una cosa es acceder y otra aprender”. Porque la posibilidad de ver titulares, leer noticias o buscar información, “o incluso libros de texto o materiales elaborados por profesores”, no equivalen por sí solos un proceso de aprendizaje. Es ahí donde el docente hace de guía. Y cuanto más pequeño sea el alumno, en teoría, más guía necesitará en ese camino.

En estudiantes más adultos la cosa cambia. El profesor, en base al análisis de las dos profesoras de la UOC, deberá aportar estrategias para saber filtrar la información e interiorizar los aprendizajes. Pérez vuelve a la esencia del docente: “la enseñanza implica un desarrollo social, aprender con otros. Aunque sea virtual, tiene que haber alguien que modere, acompañe, guíe, que ayude a generar estas estrategias de poder estar con los demás”.

Y esa simbiosis se ha de dar en los alumnos, pero también en el propio cuerpo docente. Pérez imparte clase además en centros de distintas etapas educativas, lo que le ha servido para refutar una teoría primordial acerca de la profesión. Subraya con énfasis la necesidad de trabajar en equipos multidisciplinares.

No es nada nuevo y ya está ocurriendo: “observo profesores de música que comparten horas con profesores de lenguas para poder montar proyectos de teatro o escénicos”, expresa. Es uno de los caminos para conformar equipos que además se coordinen con los otros agentes educativos que inciden en los alumnos.

Sylvie Pérez, profesora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC.

El papel del sistema educativo

Es evidente que este proceso de transformación dejará a algunos por el camino. Pero ni mucho menos, opina Pérez, hay que dejarlos de lado. “Igual no vale la pena forzarlos a adquirir competencias digitales. Hay que analizar el perfil de cada uno y aprovechar sus saberes”, lo que refuta desde su punto de vista el papel de los “equipos de trabajo”.

En el caso contrario, los profesores que acaban de entrar o los que entrarán, deberían saber qué se les va a pedir en su puesto. Y eso “tiene que venir de arriba”, zanja. Es decir, que haya formación para que los docentes comprendan el uso educativo de lo que vayan a enseñar. A través, por ejemplo, de unas “horas de formación” que deben ser reconocidas “de alguna manera”. Casualmente, esta misma semana se ha conocido que el Ministerio de Universidades trabaja en un proyecto que prevé cursos para que los profesores de Universidad aprendan a enseñar, según adelantó El País.

“Los programas de formación tienen que ser reales. Tienen que ser construidos de una manera que permitan el acceso, por personas que sepan, y sepan en el entorno educativo”, añade.

No deja de lado tampoco el margen de mejora que tienen los grados de Magisterio. Para la profesora de la UOC, la principal línea a trabajar es la de las prácticas. “Yo modificaría el que hubiera muchísimas más horas desde el segundo semestre”, equilibrando al principio teoría y práctica.

Y que vaya aprendiendo el oficio al lado de un docente en activo. “Qué mejor que estar con un mentor y observar el día a día, poder comparar estilos educativos de un profesor y otro y a partir de aquí, poner en práctica sus competencias”, razona.

“Confianza mutua entre profesores y familias”

Que el docente del futuro sea guía y acompañante no excluye para nada sus labores de tutor. Es más, Pérez enfatiza en que la relación entre padres y profesores se acentúe en este nuevo paradigma educativo. Ambas partes tienen que hacer “un acto de confianza” mutua.

Al menos la pandemia sirvió para dilucidar algunos cambios en la comunicación que había antes. “Ha ayudado a que llamen más para felicitarte por algo que ha hecho tu hijo”, reconoce como madre. Así se consigue derribar la posición defensiva en la que algunos padres pueden escudarse si solo reciben malas noticias de sus hijos.

A día de hoy, sin restricciones sanitarias severas, Pérez apuesta por una rutina de “puertas abiertas” entre padres y profesores. De esta manera, cree que “las angustias o preocupaciones” que tengan los padres “se pueden rebajar” yendo y hablando con el docente. Las piedras en el camino del docente del futuro son varias. Pero la profesora de la UOC finaliza convencida de que el colectivo está activo. “No lo veo anquilosado como antiguamente. Por eso mi mirada es positiva”.

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