Sandra Uve, autora de Supermujeres, Superinventoras. Imagen: ©sandra uve 2018.

El doodle que Google dedicó a Ada Lovelace fue el primer aviso. “No recordaba que me hubieran hablado de ella en la escuela”. Ni de Lovelace, ni de las más de 3.000 mujeres que la dibujante y escritora Sandra Uve (Barcelona, 1972) acabó por detectar que habían vivido ocultas, al margen de los libros de texto y del mundo pese a la importancia de sus hallazgos o hazañas.  ‘Supermujeres,  Superinventoras, Ideas brillantes que transformaron nuestra vida’ (Lunwerg) tiene su ‘prólogo’ en Instagram, el campo base en el que la autora tejió una red de conexiones que, poco a poco, contribuyó a devolver una merecida visibilidad,  en formato Siglo XXI, a Helena Runbinstein, Maria Montessori o Valerie Thomas .“La concisión, tanto en Instagram como en el libro se debe a que, a día de hoy, nuestra capacidad de atención no es mucho mayor que los 140 caracteres de un tuit”, explica la artista.

Esas ‘fichas’, publicadas primero en la red social, ofrecen detalles biográficos y del impacto que tuvieron los  avances de estas mujeres en su tiempo (algunas en la actualidad, aunque casi todas anteriores a 1950), y muestran la patente registrada y un retrato obra también de Sandra Uve.  Casi un centenar fueron seleccionadas para el libro y 25 para un exposición itinerante, aún en marcha. El trabajo de otras representantes de este nutrido grupo es explicado por la autora en las conferencias, talleres y charlas divulgativas que imparte en centros educativos y diversas instituciones.

Páginas dedicadas en el libro a Ada Lovelace. Imagen: Lunwerg.

Durante el proceso de investigación, iniciado tres años atrás, se topó con múltiples problemas. Lograr ser rigurosa era una misión casi imposible. “En Internet –su gran fuente de información- había cantidad de errores; los censos, chicas cambiadas de raza… Tuve que bucear muy profundo”. Como en las series policiacas, y para sorpresa y disfrute de su familia, un inmenso mural crecía cada día a base de averiguaciones y pistas útiles, de nuevos apuntes y notas para no perderse por el camino. “Me empapé en archivos históricos digitalizados. Hace 30 años este libro habría sido imposible, ahora tenemos las armas para ensamblar los datos  con veracidad y divulgarlos”.

Con la criatura bien saludable, Sandra Uve no quiso aliarse con cualquier editorial. Considera que es una suerte que en su camino se cruzaran Javier Ortega, director editorial de Lunwerg y su editora, Irene García Virgili. También agradece la generosidad de la OEPM y el suministro de información de sus archivos en alta resolución.

Los nombres propios

Dice la autora que el target del libro oscila entre  los 6 y los 106 años y que el enfoque fue, desde el principio, educativo. Para empezar, la tipografía, ese trazo que a algunos nos ha evocado el tiempo de aquellos cuardernillos que trataban de mejorar una letra penosa. Sin embargo, los textos huyen del tono infantil. “Son concisos y rigurosos, pero no son serios en el peor sentido de la palabra”, explica Sandra Uve sobre el mestizaje especial que destila el libro a base de “frescura, información y buen rollo”.

 Aunque el modo de hacerlo sí es pionero, la autora era consciente de que, al igual que ella y en una especie de inspiración simultánea, muchos otros pusieron en marcha iniciativas con elementos comunes. “Supe que tenía que centrarme en un grupo concreto, el de aquellas que hubieran luchado por tener una patente a su nombre, así que acoté con las inventoras. No soy científica, pero sí me defino como inventora de inventoras”. Esta es una de las razones por las que en las páginas de Supermujeres…’ abundan las norteamericanas. “Allí patentar era y es mucho más sencillo. Estados Unidos fue uno de los primeros países que materializó el registro de invención, pero eran los maridos los que decían a las mujeres: “esto ya te lo registro yo”. Caparon su independencia económica ya que ellas no podían vender su producto”.

Imagen de uno de los talleres impartidos en un centro educativo. Imagen: Sandra Uve.

El libro también atiende al trabajo de varias inventoras españolas, que al machismo rutinario tuvieron que sumar el oficial, el de la dictadura franquista, para tratar de dar pasos adelante. Es el caso de Ángela Ruiz Robles, precursora del ebook, homenajeada en una exposición por Fundación Telefónica; de Margarita Salas, la investigadora más premiada de España, “y la que más dinero ha proporcionado al CSIC con su patente de amplificación del ADN”. Más reciente es el ejemplo de Cristina Casadevall de la Cámara, la joven que con 14 años patentó el Ecocarcris, un sustituto natural de la madera. “No para de rechazar cheques en blanco…Quiere asegurarse un buen uso de su invento”.

Otras contemporáneas recogidas en la publicación son Pilar Mateo, que tras darle la batalla al mal de Chagas le ha declarado la guerra a la malaria –“casi todo lo que gana en venta de patentes lo invierte en una ONG para ayudar a mujeres indígenas”- y Celia Sánchez-Ramos, reciente premio Fermina Orduña de la Comunidad de Madrid y una eminencia en la Universidad Complutense. “Son luchadoras, dan ejemplo y se convierten en una verdadera referencia para las niñas”.

Los lectores tendrán la oportunidad de saber que Rosalind Franklin, la doctora que determinó la estructura del ADN, fue la “artífice del descubrimiento científico más importante del siglo pasado” (aunque el Nobel fue a parar Watson y Crick y Wilkins tras atribuirse el avance); que a Marie Curie casi la matan por ejercer su libertad –“¡menos mal que contó con el apoyo de un tal Eisntein!”; que Hedy Lamarr, con “una vida de película” se escapó de casa con su ‘invento’ (el sistema ancho de banda precursor del wifi actual) bajo el brazo o que Mae Jemison, la primera astronauta afroamericana decidiera que viajaría al espacio viendo un capítulo de Star Trek.

Para Sandra Uve todas son igual de importantes porque “ejemplifican que la creatividad es universal y que mezclar disciplinas hace más grandes a las ideas”. Cree que es fundamental transmitir este mensaje a los niños y niñas ya que, para ellos, “todo es blanco o negro… Sin embargo, a lo largo de una vida las distintas áreas de conocimiento se fusionan y nos enriquecen. Puedo ser un gran abogado o un neurocirujano de talla mundial y, a la vez, un estupendo dibujante de cómics. En menos de 40 años, la mitad de nosotros empezará a perder memoria de manera progresiva, un retroceso de nuestra ‘CPU’ que eliminará información. Quienes se encarguen de diseñar memorias con recuerdos vividos para integrarlos de nuevo tendrán que ser dibujantes digitales, sabrán de historia, de psicología… El cruce de ramas es puro futuro”.

La exposición "Supermujeres..." ya ha visitado más de 100 bibliotecas en Barcelona.
Imagen: Sandra Uve.

En los retratos, dos colores acompañan a los trazos de tinta negra: el amarillo, “el color de la luz, de la bombilla, de la idea que se ilumina, del fuego y de la pasión”; y el azul, “el más científico; el color del universo y de la Tierra, la ‘fémina’ por excelencia”. Sandra Uve hizo las aguadas antes de meterse a fondo con los textos. Las dejó secar dos meses, las planchó y las parceló. “Trabajé en grandes espacios de acuarela porque necesitaba una mancha de color idónea para cada inventora”. Al igual que con la información biográfica, localizar retratos fidedignos para hacer los suyos no fue nada fácil. “Muchos son interpretaciones libres, sobre todo con las anteriores al XIX como Hypatia de Alejandría, que dudo mucho se parezca a Rachel Weisz" (la actriz que dio vida a la astrónoma en la película de Alejandro Amenábar).

El libro es la pata principal, pero no la única, de la iniciativa de Sandra Uve para acudir a la raíz de problemas de género en ciencia y tecnología y poner su granito de arena en el giro de timón. Los talleres educativos (anunciados en su perfil de Instagram) tienen una acogida creciente y “Supermujeres…” se encamina hacia una tercera edición. “Habrá segundo volumen, con más inventoras, e incluiré patentes de niños y niñas, para que los alumnos vean de manera más nítida que nunca que todo el posible”.  Mientras, la exposición ya ha pasado por más de 100 bibliotecas públicas de la provincia de Barcelona. Quiere que este apartado también crezca y llevarla incluso fuera de España, con representantes de mujeres locales. La bombilla de “Supermujeres…” se ha encendido, y todo hace indicar que la luz que irradia se extenderá por todas partes para iluminar a las olvidadas y aclarar ideas erróneas. 

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