Mark Clemente Arenas: “Buscamos construir nuestro propio georradar desde cero”

Investigador del INICTEL-UNI (Perú)

Mark Clemente Arenas, investigador del INICTEL-UNI (izquierda)
Mark Clemente Arenas, investigador del INICTEL-UNI (izquierda)

Lidera el grupo de investigadores del Instituto Nacional de Investigación y Capacitación de Telecomunicaciones de la Universidad Nacional de Ingeniería (INICTEL-UNI) que tienen un doble objetivo. Por un lado, ser una de las primeras instituciones en construir desde cero un georradar en Perú, y por otro, encontrar el posible cementerio escondido en la Zona Arqueológica de Caral

“En este proyecto se planteó utilizar un georradar, también conocido como GPR, que va a funcionar en frecuencias alrededor de 220 MHz con un ancho de banda de 30 MHz. Estamos trabajando en dicha frecuencia porque queremos obtener imágenes de radar que correspondan a una profundidad de 15 a 18 metros”, afirma Mark Clemente Arenas, investigador principal del proyecto.

“Buscamos construir nuestro propio georradar desde cero y dejar de depender de tecnologías extranjeras”, añade. El proyecto de investigación será desarrollado entre el INICTEL-UNI, la Zona Arqueológica Caral (ZAC) y el Centro de Investigación de Radares Avanzados de la Universidad de Oklahoma (ARRC), y cuenta con la financiación de Cienciactiva.

El proyecto tiene cuatro componentes. El primero es la construcción completa del hardware del radar. Los investigadores quieren contar con algunos módulos del prototipo y pruebas de concepto que están en funcionamiento. “Queremos hacer un modelo robusto que nos sirva como primer hito para luego ir desarrollando radares más optimizados y no solo georradares”, señala Clemente Arenas.

El segundo componente es una modelización electromagnética de cómo las ondas van a reflejarse en un terrero complejo, como el de la zona arqueológica de Áspero o el de la ciudad de Caral. Además, se plantea el uso de simuladores para evaluar estos efectos.

El tercer componente es la parte del procesamiento de las señales obtenidas. “Una vez que hayamos adquirido las señales en el lugar, se buscará generar un patrón georeferenciado que se correlacionará con la presencia de objetos de diferentes formas en el subsuelo hasta lograr una imagen como las que conocemos comúnmente obtenida con métodos computacionales”, añade el investigador.

En el cuarto componente se encuentra el trabajo de campo y la recolección de datos. Una vez construido el radar, teniendo todas las técnicas de procesamiento ya desarrolladas e implementadas en el radar, los investigadores acudirán con el georradar a realizar la adquisición de los datos en las zonas arqueológicas de Áspero, de manera preliminar, y la ciudadela de Caral en la parte final del proyecto.

HECHO EN PERÚ

La construcción integra de un georradar en Perú promovería el desarrollo tecnológico en el área, además de promover su uso en múltiples aplicaciones que incrementarían las investigaciones multidisciplinarias en el país.

“Esto generaría un precedente en el desarrollo de este tipo de dispositivos, ya que normalmente se compran del extranjero y muchas veces se está sujeto a las condiciones del fabricante, en cuanto al mantenimiento, rangos de frecuencia o para la aplicación en particular y resulta bastante costoso”, indica el ingeniero.

Así mismo, se obtendrían excelentes resultados en el ámbito arqueológico si con la ayuda de este georradar desarrollado por el INICTEL-UNI se lograra descubrir el cementerio escondido ubicado en Caral, la civilización más antigua de América.

“El cementerio tendría una valoración arqueológica bastante grande, porque nos permitiría conocer cómo han sido las costumbres de vida o cómo enterraban a las personas en esa civilización”, apunta Mark Clemente Arenas.

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