Marc Vergés: "La vida occidental nos inflama"

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La inflamación es la base de la mayoría de nuestras afecciones. La buena noticia es que podemos prevenirla, mejorarla y, en muchos casos, revertirla. Inflamación de las articulaciones, del sistema digestivo, intolerancias alimentarias, enfermedades autoinmunes … en ‘Desinflámate’ (Grijalbo), el dietista-nutricionista Marc Vergés propone acciones para evitar o hacer frente a diversas dolencias.

El experto también muestra la relación de estos problemas con el proceso de envejecimiento y ofrece las claves para ralentizarlo y gozar de una vejez más sana y activa. “Vivimos más, pero casi la mitad de nuestra vida enfermos; enfermos e inflamados”, detalla Vergés en una entrevista con Innovaspain.

Inflamasoma alterado

El autor se fija en los bonobos, nuestros hermanos biológicos, para comparar su deterioro con el de los seres humanos. “Tienen una esperanza de vida máxima de 45 años, pero hasta los 40 no empiezan a mostrar síntomas de decadencia. Sin embargo, las personas, con 60 años, aún lejos del final de la vida, ya estamos polimedicadas. Significa que estamos haciendo las cosas muy mal. Debemos afrontar un cambio drástico y entender los impedimentos que nos llevan a no envejecer de manera óptima”.

En este contexto Vergés asegura que la inflamación es uno de los grandes problemas de salud del siglo XXI. “El libro es casi una petición popular. Me ha motivado la presión positiva a la que me han sometido pacientes y profesionales de la nutrición, cansados de tanto desconcierto”.

¿Por qué se han multiplicado las patologías inflamatorias? “Hemos alterado nuestro inflamasoma. Estamos diseñados para inflamarnos ante situaciones puntuales: un golpe, una infección… y después desinflamarnos. Muchas veces, la inflamación es necesaria, incluso vital. Es un proceso espectacular dirigido a repararnos”.

“El problema”, añade Vergés, “es el modus vivendi de una sociedad que ha modificado la respuesta natural del inflamasoma. Se ha convertido en un sistema permanentemente activo y el organismo no está preparado. La vida occidental nos inflama”.

Golean los ultra procesados

Las causas de que vivamos en la era de la inflamación son múltiples. En alimentación, Marc Vergés señala que el error más grave es comer productos alimentarios en lugar de alimentos. “Los nutricionistas y los médicos hemos perdido la batalla ante una industria que nos mete goleada tras goleada. Da igual que llevemos años diciendo que los procesados y los ultra procesados deberían ocupar, en el mejor de los casos, un lugar residual en nuestra dieta”.

Otra razón está a su juicio en la alteración del campo y el ganado. Una domesticación que deriva en el consumo de productos insanos. “Los animales engordados a la fuerza tienen proporciones incorrectas de ácidos grasos omega 3 y omega 6. El trigo que consumimos dista mucho del que comían nuestros bisabuelos. Es trigo, obviamente, pero las hibridaciones y los gustos del consumidor han confluido en cosechas donde se busca la máxima rentabilidad con una potente carga de gluten. El intestino lo sufre”. En el libro, Vergés pone ‘en negrita’ un dato: el 25 % de la población sufre intolerancias alimentarias.

Me estás estresando

El estrés es otro potenciador de la inflamación. En este punto Marc Vergés se muestra realista. “Es utópico decirle a la gente que no se estrese. No hace falta ser un bróker de Wall Street para estar muy estresado. Existen tantas causas de estrés como personas. El quid de la cuestión es otro: debemos aprender a redirigir el estrés; a gestionarlo de otra manera”.

En ‘Desinflámate’ el autor admite que ciertas dosis de estrés son positivas para el desempeño laboral, para permanecer atento y alerta. “El problema llega cuando dejamos de trabajar y no le decimos a nuestro cerebro que ya hemos cerrado y que hasta mañana no volvemos a la acción”.

El cortisol, mantenido en sangre más de lo debido provoca, entre otras cosas, hipermeabilidad intestinal. Esto significa que los ‘agujeros’ del intestino por los que pasan los nutrientes se agrandan. “Cuando esto ocurre, la comida se cuela en un formato y un tamaño que no toca. De manera acertada, el sistema inmune actúa y lo corrige: fagocita nutrientes, restos de comida que no deberían estar ahí”.

Si esto pasa de manera puntual, no hay ningún problema. “Pero si es algo prolongado en el tiempo y encima vives un episodio extra de estrés, el sistema inmune acaba colapsando, y en esa confusión está el origen de muchas enfermedades autoinmunes”. La incidencia de estas patologías aumenta un 9 % cada año. “La causa está en una mejor capacidad diagnóstica, pero también en un incremento de los hábitos nocivos para el organismo”.

El deporte y cenar tarde

Una actividad física mal planificada, de una intensidad no acorde con nuestras capacidades, puede provocar el efecto contrario al deseado e inflamarnos. De igual modo, Marc Vergés nos guía para cambiar determinados hábitos. “He intentado tratar el concepto de inflamación con una visión 360 y abordarla desde todos los puntos de vista”.

Algunas costumbres arraigadas no nos hacen ningún bien. “No podemos obviar los ciclos circadianos y nuestro reloj biológico. Tienen mucho que ver con nuestra naturalidad, con el animal que somos. El ser humano moderno actúa en contra de su propia naturaleza. Somos diurnos, pero hacemos mucha vida nocturna. España es un mal país para los horarios saludables, sobre todo en lo relativo a las ingestas”.

Como curiosidad, Vergés detalla que el origen de que comamos y cenemos tan tarde está en los bohemios de la Segunda República. “Se despertaban a una hora tardía para desayunar, así que inventaron el aperitivo de las 12:00h, un éxito rotundo que acaba con la tradición asentada en España de comer a las 13:00 y cenar a las 19:00”.

Hoy día, el experto cree que “el mayor destrozo” del ciclo circadiano llega a la hora de la cena. “Cenamos muy tarde, cuando el hígado y el aparato digestivo en general han perdido fuerza. No tenemos la misma capacidad a las 21:00 que a las 19:00, la digestión empeora y de paso alteramos el sueño”.  

Más vale prevenir

“Sabemos que por cada euro invertido en prevención, ahorramos entre 7 y 10 euros”. Sin embargo, Marc Vergés percibe que las administraciones no están haciendo ningún esfuerzo ante la epidemia inflamatoria más allá de subvencionar ciertos medicamentos. “Tratan la sintomatología, pero no van al origen del problema”.

El nutricionista no se opone a estas ayudas. “Es más, me parece bien. Todos somos corresponsables cuando alguien desarrolla una enfermedad rara o autoinmune. No sólo tiene la culpa el paciente, quizá sea precisamente el que menos. La sociedad, los gobiernos… nos han facilitado un contexto y un tipo de vida donde es más fácil enfermar”.

A partir de ahí, aboga por ampliar horizontes. “¿Por qué no subvencionar complejos multivitamínicos? Las autoridades deben potenciar la prevención y promover que los más jóvenes lleguen al Bachillerato con una buena cantidad de conocimientos de nutrición y cocina en la mochila. Urge subvencionar la actividad deportiva. En definitiva, son una serie de inputs que han demostrado funcionar muy bien en otros países, pero en los que España está fracasando estrepitosamente”.

Marc Vergés no se conforma con los “cuatro anuncios mal hechos" que el gobierno encarga cada año y que “no llegan a ninguna parte”. A nivel de país, lamenta que los que en teoría deben ser nuestros protectores no hagan absolutamente nada para complicarle la vida a los productos insanos. “Es más fácil comprar bollería industrial que mandarinas”.

“Si no toman cartas en el asunto de manera rotunda no sé cómo acabaremos”. Vergés confía en que una creciente masa crítica de consumidores meta presión y cambien las tornas en el terreno legislativo. “Necesitamos más cambios y restricciones. Las administraciones deberían decir: "si quieres vender basura en mi país te lo voy a prohibir o te lo voy a hacer pagar", como ocurre con el tabaco. Tampoco se premia convenientemente a los que van por la orilla contraria y se esfuerzan por poner en el mercado alimentos saludables. Los dirigentes están maniatados por las industrias alimentaria y farmacéutica”.

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