Luna cincuenta años Apolo 11
Detalle de la icónica imagen de Buzz Aldrin en la Luna. / Foto: NASA

Inevitablemente, en estos días hay que hablar de la Luna. Fueron unos días de una tensión indescriptible para muchas personas. Más para los que desde niños habíamos seguido con una cierta atención la carrera espacial que convertía en realidad el sueño de Julio Verne, un libro inspirador para muchos de nosotros. Apolo 11 se convirtió, para el adolescente que era, en un símbolo de reto, aventura, ciencia, supervivencia y expectación.

Que un aparato con tres hombres dentro pudiera alunizar en la Luna era de ciencia ficción. Y que fuera en el día dedicado en el santoral al profeta Elías, que se elevó en un carro de fuego, según relata la Biblia, fue para mí, que llevo su nombre, un signo que daba para elucubrar. Horas más tarde, ya en la madrugada del 21 de julio, un hombre pisaba la superficie lunar. Era para no creer.  

Me pregunté si a partir de entonces cambiaría el mundo y aparentemente no lo hizo. En la distancia de medio siglo, sin embargo, ves que si cambió. Para empezar, fuimos conscientes de lo que suponía, en la práctica, una misión como la del Apolo 11 porque hizo popular cosas que hasta entonces pasaban desapercibidas. Desde el despegue del cohete que impulso a la cápsula que transportaba a los tres astronautas, día 16 de julio de 1969, fuimos testigos de lo que era capaz la tecnología y no fue menos espectacular el regreso y el amerizaje el día 23. Éramos conscientes de que allí empezaba algo nuevo. 

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Un repaso a la lista de empresas más importantes del mundo en aquella época no le diría nada a cualquier adolescente de ahora; tampoco buena parte de las españolas. La realidad es que es otra civilización. Cuando ves a un niño de dos años recorrer con su dedo índice la tapa de un libro para cambiar de página pensando que es una tablet o un smartphone te das cuenta, si es que antes no habías caído, que estamos en otra onda. 

Hemos perdido muchas cosas que todavía creemos necesarias y otras que están mejor en el Olimpo de la memoria, pero seguro que hay muchos adolescentes que, como nosotros hace cincuenta años, pensamos que los sueños que transforman los límites de la ciencia hasta ahora establecidos están para realizarse. Reflexionaba Schopenhauer sobre el tema hace ahora 200 años y, por lo que voy conociendo, ahora quizás lo tenemos más presente y se intenta hacer, que es lo esencial. Esto es la señal que las generaciones han cambiado y la pregunta que ya toca es si ya estamos cambiando de civilización. 

En ese punto estamos 50 años después de que el hombre pisara la Luna, una fecha para recordar y, sobre todo, para evidenciar, que la voluntad humana es concienzuda en el avance. Salvo para aquellos que, pasados cincuenta años, siguen en la Luna cuando ya estamos pensando en Marte o más allá.  

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