Luis Pérez-Breva, matar a la idea para saber adonde ir

El director del MIT Innovation Teams y autor de ‘Innovar’, enseña a sus alumnos a prosperar dando cabida al error pero no al fracaso

Barcelona, Antigua Fábrica de Damm. Ocupamos con mal disimulada naturalidad el interior de un viejo depósito de cerveza, restaurado y reconvertido en una sala de estar con asientos acolchados. Es en esta especie de cápsula espacial donde Luis Pérez-Breva, vestido elegante (se celebra el IQS Tech Fest y en unos minutos tiene lugar su conferencia) explica con nitidez un modo de proceder en condiciones de desmontar en pocos segundos varios principios apriorísticos del emprendimiento actual.

Ingeniero Superior Químico por el propio IQS, acumula títulos en Física, Negocio e Inteligencia Artificial obtenidos en diferentes etapas en Francia, Estados Unidos y España. Como innovador tecnológico siempre estuvo interesado por la alianza computación, ciencia e ingeniería. Así llegó un primer éxito empresarial, “con una startup que después dejó de serlo”, al lograr localizar a personas a través del móvil mucho más rápido de lo habitual entonces. “No era preciso que el teléfono tuviera GPS. La  Inteligencia Artificial nos permite hacer cosas extrañas, como preguntar al ordenador dónde NO esta localizada la persona, y además la máquina aprende con cada nueva estimación”.

Su actividad actual también tiene que ver con al orientación, aunque en otros terrenos. Pérez-Breva dirige el programa MIT Innovation Teams, una de las joyas de la corona en innovación aplicada dentro de la institución estadounidense. “Allí hice un doctorado y antes de marcharme me pidieron que me quedase por un tiempo y enseñara algo para lo que parecía estar capacitado bajo una perspectiva concreta: hacer pensar en un uso distinto de la tecnología por parte de las empresas y pasar a percibirla como una herramienta tan importante como las finanzas”.

Durante la última década el programa no ha parado de crecer. Híbrido entre educación, innovación e investigación, por sus aulas se han dejado ver más de 200 tecnologías distintas (desde nanomateriales a IA pasando por ingeniería nuclear u óptica). “Algunas dan hasta miedo”, añade Pérez-Breva para quien uno de los objetivos es enseñar estos procesos a gente de cualquier disciplina. “Organizamos a los alumnos en grupos multisiciplinares sin ninguna razón concreta. No sé hacia dónde tengo que ir; tampoco desde dónde tengo que partir, así que probemos”.

Después llega la hora de trabajar con una de estas tecnologías de la que en ocasiones sólo tienen un paper, “o ni siquiera eso”, definida como un nuevo súper poder en condiciones de solventar un problema en algún lugar del mundo. “Esta premisa que parece tan rara, en la que no tenemos ni idea de nada, a la gente le apasiona”. A lo largo de tres meses, siguiendo el ‘método Pérez-Breva’, cada grupo habrá de definir con solidez qué oportunidad tiene ante sí, qué tipo de organización habría de construirse en torno a esa oportunidad, cómo escalar la idea y, “lo más sencillo pero no lo primero que piensan”, cómo matarla.

Este crimen, con sus víctimas y sus culpables es el eje central de ‘Innovar. Un Manifiesto de Acción’ (Planeta) donde el profesor explica qué hacer para ir a la contra de la ligereza con la que se aboga por el fracaso como una asignatura casi obligada en la innovación o el emprendimiento. “Lo peor que puede pasarnos es que estemos cinco años encerrados en nuestra idea para al final darnos cuenta de que es una tontería. Hagamos lo contrario: un plan en el que barajemos todas las opciones para acabar con ella y evidenciemos de manera firme que esa oportunidad no es real. En pocos meses sabremos lo que por lo general se tarda años en detectar”.

Esta fórmula, como mínimo, indica por dónde conviene caminar. “En los últimos 10-15 años se ha impuesto un modelo de emprendeduría que no se asemeja a nada de lo que hayamos hecho antes y que no está tan claro que funcione bien”. Pérez-Breva se refiere así a la secuencia idea de producto-búsqueda de usuarios-validación-correr a pedir dinero. “Todo dependerá de si esa primera idea es buena. Es alto riesgo por las cuatro esquinas, no sólo para el inversor. Malgastaremos tiempo, talento, motivación y dinero. Lo que trato es de mitigar el salto al vacío y a no fracasar, al menos no de ninguna manera predecible”.

Para empezar con buen pie, ofrece otro consejo. “Tesla, Edison o Ford pensaban sobre todo en que sus invenciones funcionaran, desde el principio, y no se conformaban con lo mínimamente viable. Después siempre se puede mejorar el producto, pero este razonamiento de base posibilita distinguir incertidumbres; las que puedo solventar en la escala en la que estoy actualmente y las que exigirán inversiones futuras, en otra escala”. Pérez-Breva insiste en lo positivo de ese ejercicio mental en el que “intentamos cargarnos la idea” y donde cambiar la lógica del proceso nos lleva a elaborar un plan de escalado en el que los fracasos se convierten en errores subsanables.

Seguir estas pautas ha llevado a que un 20% de los proyectos del curso que dirige estén en el mercado y sobrevivan. “Depende de que las personas se quieran juntar y no hay magia, sino un plan para prever que nada ‘explote’ en la siguiente etapa”. Con alumnos de 50 nacionalidades en el aula, es obvio que la aplicación de estas metodologías es global. “Eso sí, partimos de lo tecnológico porque, si no, cualquier idea parecerá de hace 500 años”,

Su último libro se basa en el ‘What to do?’ (la otra tendencia en estas publicaciones parte del ‘How to do?’) y aunque originalmente se publicó en inglés, el apoyo de la Fundación Rafael del Pino y trabajar codo con codo “no en una traducción, sino en una adaptación” con el dramaturgo, cineasta y escritor Carlos Atanes han permitido que ‘Innovar’ esté disponible en castellano. “No quería arrojar una investigación a la cara del lector ni abusar de tecnicismos. He preferido la sencillez y explicar qué hacer pero también por qué funciona esa vía”.

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