Lola pons el arbol de la lengua

Historiadora de la lengua y filóloga, catedrática en la Universidad de Sevilla, Lola Pons cree que el nombre técnico coronavirus perdurará para siempre en nuestro lenguaje. “También la reactivación de voces como confinamiento y pandemia”. La autora del ensayo ‘Una lengua muy larga’ –con el que demostró que era posible divulgar ampliamente sobre la importancia de la lengua- sí intuye la pérdida paulatina de todo el léxico entre irónico y humorístico –confitamiento, covidiota- que ha circulado por las redes durante estos meses. “El Congreso, por su parte, nos habrá dado para siempre un ejemplo de qué no hacer con las palabras”.

Pons ha sido profesora de Historia de la Lengua y de Dialectología en las universidades de Oxford y Tubinga. Su amor por las palabras nace de una afición por la lectura a la que se sumaron buenos profesores de lengua en la carrera. “En la Historia de la lengua vi la forma idónea para unir el estudio de la lengua, los textos y la historia. Y en eso sigo”, explica Lola Pons, que demás es académica de la Real Academia de Nobles Artes de Antequera.

Trabajo periodístico

El pasado miércoles, la investigadora publicó ‘El árbol de la lengua’(Arpa Editores), una recopilación de su obra periodística reciente que la ha llevado a poner en marcha una promoción telemática del libro donde han cambiado de forma las habituales entrevistas, firmas y dedicatorias. Colaboradora del diario ‘El País’ y de la revista ‘Archiletras’,  en 2019 recibió el Premio de Periodismo Manuel Azaña.

Lola Pons alaba el papel jugado por los medios en las últimas semanas. “Sobre todo al principio de la pandemia, los espectadores hemos necesitado mucha información. Un buen gesto por parte de los diarios digitales bajo suscripción ha sido ofrecer en abierto la lectura de las informaciones relacionadas con el COVID-19. El coronavirus nos ha hecho, sí, ser dependientes de las noticias,  pero también nos ha obligado a abrir los ojos ante los bulos; hemos estado más alerta”, asegura.

Volver a las aulas y un trágico adiós

Virtuales son también las correcciones de ejercicios de sus alumnos de la Universidad de Sevilla, donde asegura que está deseando volver a ‘tocar’ la tiza de nuevo. “Nos hemos adaptado a las circunstancias con toda la celeridad y empatía que hemos podido”, dice Lola Pons, que reconoce sentir sobre su cabeza “una nube de tristeza que ni las mascarillas ni la nueva normalidad reducen”. “Para septiembre, imagino un regreso a las aulas ilusionante y cauteloso”.

Su aflicción está más que justificada. La investigadora lamenta que, con la muerte de nuestros mayores, incrementada dramáticamente durante la crisis sanitaria, también muera parte de la riqueza de la lengua. “Son cifras muy trágicas. Con esas decenas de miles de muertos en la pandemia se nos van historias de vida, con sus palabras y sus estructuras, de muchos de nuestros hablantes, hablantes de español y de otras lenguas. Cuando en estas semanas he trabajado con mis alumnos cuestiones de Dialectología, que a menudo se ilustran con grabaciones de hablantes de avanzada edad, me preguntaba si no estaríamos ya ante memoria y no realidad de esas personas. La lengua también está de luto”.

La riqueza del siglo XV y el apoyo de la Fundación BBVA

En 2010 fundó el grupo de investigación ‘Historia 15’, dedicado a rescatar y estudiar la composición de textos antiguos. El nombre de la iniciativa responde a su pasión por el siglo XV, en el que lleva trabajando desde hace dos décadas. “Es el final de la Edad Media y un momento literario muy interesante porque Castilla y Aragón comienzan a abrirse a Italia. Empiezan a crecer las bibliotecas nobiliarias,  se encargan traducciones de textos grecolatinos… Hay un aire nuevo que también renueva la lengua. El SXVI también es clave porque en su transcurso se configuran la pronunciación y la gramática y se asientan las bases para el español de hoy”, detalla Lola Pons.

La investigadora está embarcada también en el proyecto ‘La Filología en la Edad de Plata de la cultura española. Los materiales inéditos del Centro de Estudios Históricos (MICEH)’, seleccionado por la Fundación BBVA en su programa de Ayudas a Equipos de Investigación Científica en Humanidades Digitales.

Lola Pons con un ejemplar de su nuevo libro.

“El trabajo lo lidera la académica Inés Fernández-Ordóñez para recuperar la voz perdida de la Edad de Plata en los archivos de nuestros grandes filólogos de mediados del siglo XX. Ellos, con la figura de Menéndez Pidal a la cabeza, crearon la filología hispánica de nuestras universidades actuales. Particularmente, yo espero seguir trabajando en epistolarios de esa filología inicial. Investigarlos es apasionante”, explica Pons.

Tanto en ‘Historia 15’ como en el proyecto con Fernández-Ordoñez, Lola Pons convive con perfiles multidisciplinares. “La compartimentación de los saberes es requisito de los itinerarios educativos que hemos concebido. Tal vez es útil administrativamente, pero es un disparate intelectualmente. Cuando fundé Historia15 me aseguré de fichar a historiadores y a expertos en literatura junto a historiadores de la lengua. La lengua es un hecho social, ahora y entonces, y no se puede estudiar a cuadritos”.

“¿Por qué nos parecen caros los libros y no las entradas de fútbol?” (Lola Pons)

Son muchos los que admiten haber aprovechado el encierro para leer más de lo que acostumbran o, quién sabe, incluso hay quienes se han enganchado a la sana adicción de la lectura en los últimos tiempos. ¿Sobrevivirán las librerías a la locura contemporánea? “Espero que sí”, afirma Lola Pons. “El confinamiento ha sido un aldabonazo a toda la compra presencial y a grandes alicientes como las firmas o las presentaciones. Pero vivir es elegir y si queremos para nuestros nietos un futuro con librerías necesitamos hoy acudir y comprar en ellas”.

La investigadora es crítica con quienes achacan toda la responsabilidad del bajo índice de lectura en España a la ausencia de un apoyo más decidido por parte de las administraciones públicas. “Podemos mirar para nosotros mismos: ¿qué prestigio le damos a los escritores?, ¿cuándo fue la última vez que fuimos a una librería o a una biblioteca?, ¿por qué nos parecen caros los libros y no las entradas de fútbol?, ¿qué posición ocupan los autores (de ficción, de ensayo) en las listas de los más admirados en España? La administración no puede sentarnos en el sofá y abrirnos un libro”.

La última esperanza para que germinen futuros lectores se ve reflejada en las listas de libros más vendidos, que muestran la buena salud de las publicaciones infantiles y juveniles. La clave para que el hábito arraigue y permanezca no es un secreto que guarden bajo llave los responsables de marketing de las editoriales. “El ejemplo hay que darlo en casa. También es importante ofrecer libertad en la elección del libro. Igual soy una ilusa, pero siento que hay un libro, una colección, un tipo de obra para cada niño (la fantasía, los tebeos, la literatura de diario, lo sentimental...). Solo hay que dar con el gusto y atinar. Algo pasa cuando entran en Secundaria, porque parece que se pierden muchos lectores. Todo ello pese a los esfuerzos de los colegios y los profesores, que son en general un aliento constante y entusiasta para que la llama no se apague”, concluye Lola Pons.

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