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El juego de mesa para aprender braille y lengua de señas

La psicóloga Sofía Morgenroth, fundadora de la startup Idélu, permite a niños y adultos con alguna discapacidad aprender a comunicarse a través de un juego de cartas
Cartas del juego Sprooch diseñado por la startup mexicana Idélu. (Imagen: Idélu)
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Mónica estaba en una esquina. Sus ojos cafés, ya sin vista desde hacía tres años por un glaucoma, rezumaban una felicidad contenida que Sofía Morgenroth, de 24, detectó desde la distancia. Cuando la psicóloga mexicana se acercó a la sexagenaria la intentaron detener: “No, con ella no. Tiene una discapacidad visual, es complicado”. A la estudiante, que en ese momento estaba a punto de terminar su carrera y que buscaba a una persona para su tesina (trabajo de fin de grado), no le importó. Lo que siguió fue un descubrimiento para ambas que cambió radicalmente sus vidas. Y nació la startup Idélu, que ofrece juegos de mesa para aprender braille y lengua de signos.

Mónica —se omite el apellido para proteger su intimidad— tenía una miríada de gustos que había abandonado. Su discapacidad era reciente. Cuando Morgenroth le preguntó si sabía leer braille, la mujer, de 63 años, contestó que no. La ahora CEO de Idélu había aprendido la lengua en una clase de la universidad. Así que decidió hacerle unos cubitos de plástico para que se fuese familiarizando con el sistema. Le dejó el material y le comenzó a encargar pequeñas tareas por semana. “Ahora, quiero que deletrees esta palabra...”, le susurró al oído. 

Sofía Morgenroth (izquierda) con Mónica (derecha) en un centro de día. (Imagen: cedida por S. M.)

Los resultados germinaron más rápido de lo anticipado, según cuenta Sofía: “En dos meses ya sabía todo”. Con eso en la bolsa, Mónica comenzó a integrarse mucho más en su centro de día, y volvió a tejer con estambre, algo que le encantaba antes de perder la vista. Comenzó a vender sus bufandas. Se volvió una sensación. Los cubos fueron el germen de la firma que fundó Morgenroth. El primer juego que lanzó al mercado, Sprooch, es una baraja con imágenes para que, así como lo hizo Mónica, los usuarios puedan aprender braille, la lengua de signos o el alfabeto latino.  

Juegos en proceso de patente

Morgenroth siempre quiso ser empresaria. Pero no lograba dar con la tecla. La experiencia en el centro de día fue algo así como dar justo con la nota que faltaba. Al principio fue escéptica. “Me dije a mí misma que si alguien más en el mundo había patentado algo similar no lo haría”, rememora. Resultó que era la única. Cuando se dio cuenta de eso, dio el grito de guerra mexicano por excelencia: “¡A huevo!”. Ahora, su empresa está en proceso para patentar cuatro juegos más. 

Con solo unos meses en el mercado, ya le han llegado pedidos de países en Sudamérica y Alemania. “Ahora estamos por ponerle relieve a las cartas para que sea más sencillo aprender con el tacto. También lanzaremos un instructivo, con subtítulos y lengua de signos, a través de un código QR”, continúa Morgenroth. La empresaria, que se unió con dos compañeros de la universidad Nataly Salazar, ingeniera en Sistemas Computacionales y Diego Pintor, ingeniero en Finanzas, espera que los productos también interesen en España. “En temas de inclusión, junto con Uruguay, siempre ha sido una referencia”, explica.

Los fundadores de Idélu. De derecha a izquierda: Diego Pintor, Sofía Morgenroth y Nataly Salazar. (Imagen: cedida)

Algo en lo que hace hincapié Morgenroth es que su producto no es solamente para gente con discapacidad. “Idélu es para todo el mundo”, recalca. La inclusión, explica, no se limita a facilitar la cotidianidad a la gente con alguna discapacidad. También significa que las personas que no tengan una invalidez cuenten con los conocimientos a los que Sofía tuvo acceso en la universidad para así enseñarle braille a Mónica. “Nuestros juegos no están infantilizados. Los puedes ver en una mesa de niños y de adultos. Y es para que todos aprendan”, remata.

Ganadores en innovación 

Idélu ganó recientemente el segundo lugar del Concurso de Emprendimiento de Alto Impacto 2021 del ITESO (Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente) de Guadalajara, el alma mater de Sofía y sus compañeros. El premio incluye un cheque por 100.000 pesos (4.166 euros). El equipo de la startup espera que con esa financiación se pueda terminar por despegar la firma. 

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