Innovación y recuperación económica: ¿más es mejor?

IUS
De izq. a dcha: Juan Pedro Moreno, Pte. Accenture; José María Sanz, Rector UAM; Carmen Vela, Secretaria de Estado de I+D+i; Paloma Sánchez, Directora Cátedra UAM- Accenture; Charles Edquist y Jon Mikel Zabala, autores del trabajo ganador. (Fotógrafo Sergio Reyes)

El Premio de la Cátedra UAM-Accenture en Economía y Gestión de la Innovación, que ya es un clásico aunque solo hayamos disfrutado de siete convocatorias, planteó para el año pasado el tema “Innovación y Recuperación económica”, que no es nada fácil, pero sí un reto que España en particular, y Europa en general, debe abordar si no queremos asistir al desplome de buena parte de los países que ahora son señalados como desarrollados.

El trabajo ganador tiene bastantes curiosidades, pero la conclusión es lo más relevante. Los profesores Jon Mikel Zabala-Iturriagoitia, de la Universidad de Deusto, y Charles Edquist, de la Universidad de Lund (Suecia) plantearon si “¿es más siempre mejor?”. Es decir, si una mayor inversión en innovación siempre da mejores resultados. Ellos se fijaron en Suecia y estudiaron el comportamiento del Innovation Union Scoreboard (IUS) que tiene fijado la Unión Europea en este caso.

Pues bien, la conclusión es que NO. El estudio realizado parte de este índice pero ha escogido para el estudio solo aquellos indicadores de output y de input, es decir, solo aquellos que puedan medir un resultado exacto del impacto producido y la conclusión es que no es precisamente Suecia el país que mejor aprovecha su nivel de inversión a la vista de los resultados obtenidos. Es decir, más que la cantidad de los fondos destinados importa su eficiencia, un tema del que aquí hemos hablado con una cierta frecuencia.

El caso es importante porque, según el IUS, Suecia es el líder de éste indicador que, entre otras cosas, indica que España forma parte del grupo de los países “moderadamente innovadores”. Según este indicador ocupamos el puesto décimo noveno, solo por delante de nueve; detrás de 18; y, por si faltara algo, por debajo de la media, lejos de Suecia, Dinamarca, Finlandia y Alemania que, por este orden, lideran la clasificación.

Los autores califican de parcial la metodología seguida por el IUS y consideran que la capacidad de innovación debería analizarse desde dos perspectivas complementarias: el indicador y la productividad o eficiencia del sistema en su conjunto, que es lo que sugiere el trabajo premiado. Esta nueva visión tampoco es que nos dejara en muy buena posición, un tema sobre el que polemizó la Secretaria de Estado de I+D+i Carmen Vela que, como ha dicho en diversas ocasiones, el caso español debe analizarse con sus peculiaridades como es su estructura empresarial, sectores de actividad, historia, publicaciones, relación empresa universidad, etc.

A uno de estos aspectos está dedicado otro de los tres trabajos finalistas. Los profesores Joaquín M. Azagra-Caro, de la Politécnica de Valencia, Robert J.W. Tijssen, de la Universidades Stellebosch y Leiden y Alfredo Yegros-Yegros, de la Universidad de Leiden han estudiado los “Efectos de la recesión económica sobre la cooperación universidad-empresa en investigación”. Es evidente que los efectos han existido, como lo demuestra el punto de partida: la inversión en I+D del sector empresarial cayó un 4,5% en 2009 respecto a 2008 en todo el mundo, pero destacan como positivo los programas “de innovación abierta”, como la iniciativa europea de Medicamentos Innovadores, que ha sido todo un éxito.

Que la crisis económica en España a partir de 2007 causó un efecto demoledor ya está contrastado y este caso, que sirve para ilustrar el anterior, también ha servido para el tercer trabajo finalista: “Persistencia de las actividades en tiempos de crisis” que, basado en la experiencia del País Vasco han desarrollado dos investigadoras del CSIC como lo son las profesoras Adelheid Holl y Ruth Rama Dellepiane.

Los resultados vienen a confirmar que la continuidad en la innovación tiene sus resultados, tanto por lo que se refiere a medidas públicas como las iniciativas privadas. En el primer caso, las medidas anti-cíclicas se demuestra que fueron positivas; en el segundo, se demuestra que son aquellas empresas que tienen una política de innovación constante las que menos sufrieron con la crisis. Hay que tomar nota.

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