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El virólogo uruguayo Gonzalo Moratorio en una foto de archivo. (Imagen: Institut Pasteur de Montevideo)
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Cuando Gonzalo Moratorio (Montevideo, 39 años) habla de cómo vencer al COVID-19 no se le escapan las analogías de fútbol. La clave, dice con aires de un míster en el entretiempo, es la combinación del catenaccio italiano y la garra charrúa: “Hay que asumir que el virus es como el Barça. Controlará la pelota todo el tiempo. Tenemos que jugar sin el balón, defender muy bien y salir al contragolpe”. Su equipo está ganando. El virólogo del Institut Pasteur de la capital uruguaya ha contribuido a que su país no haya pasado de las 1.000 muertes en la pandemia. A inicios del año pasado desarrolló pruebas PCR antes de que China cerrase las exportaciones. El éxito en sus tests, que se aplican gratuitamente en todo el sistema de salud, lo llevó a ser reconocido por la revista Nature como uno de los diez mejores investigadores en 2020.

Moratorio acomoda la cámara del portátil en el Instituto Pasteur, donde es el investigador responsable del Laboratorio de Evolución Experimental de Virus. Tiene una camisa celeste a cuadros y con una acreditación que cuelga de su cuello. Se le notan un par de ojeras. Sus jornadas han sido maratonianas desde el año pasado, cuando todavía alternaba la academia con ser entrenador de fútbol de la liga universitaria: “Es de esas cosas que echo de menos”, lamenta.

Ahora pasa más de diez horas en el trabajo y ni siquiera se detiene cuando llega a casa. Su labor ha sido fundamental para domar la curva de contagios en su país. Hasta finales del año pasado, prácticamente la mitad de los tests que se practicaban en todo Uruguay fueron ensamblados por su equipo. Además, capacitó a estudiantes de maestría y doctorado, todos con algún conocimiento de biología molecular, para montar una red de laboratorios en los hospitales públicos. 

Un ‘rockstar’ en Montevideo’

El éxito le ha cambiado la vida. Buscar su nombre y apellido en Google da como resultado ingentes artículos sobre él. Gonzalo Moratorio ha perdido la cuenta del número de entrevistas que le han hecho. Nunca había tenido ese contacto con los medios de comunicación. Y no niega que sea difícil de entender que tenga que llegar una crisis sanitaria de estas dimensiones para que la sociedad mire con atención a los científicos.

Tanto sus pruebas como su aparición en Nature lo han convertido en un rockstar en las calles montevideanas, donde alguna vez le han llegado a invitar una caña. Ese cambio también lo nota en sus redes sociales. Su cuenta de Twitter, con unos cuantos seguidores, la usaba exclusivamente en inglés para charlar con otros académicos. Ahora llega casi a 20.000 personas. “Tengo que ayudar a Doña María, al panadero... Hay que convencer a la gente de que crea en los científicos”, remacha.

Uno de sus triunfos, cuenta, es que “convenció” a los políticos para comenzar a ganar una batalla que desde que se detectó el primer positivo el 13 de marzo, no ha parado. Sin embargo, también es crítico con la actual situación de su país, que “puede ser mucho mejor”. Gonzalo Moratorio ve con preocupación cómo la tendencia ha cambiado en las últimas semanas. El país sudamericano se enfrenta, por primera vez, a una presión en las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) que, según el Ministerio de Sanidad, está al borde del colapso en el departamento de Rivera, que hace frontera con Brasil. “Uruguay ha sido víctima de su propio éxito. No hay nada peor que descansar en una falsa sensación de triunfalismo", advierte.

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"La crisis económica hará que no se refuerce al sector” 

Como buen científico, tiene voz de profeta. Si a la gente con batas blancas les chirría algo en el pasado, al cabo del tiempo, terminan por tener razón. Lo pueden predecir todo mejor que con una bola de cristal. El virólogo uruguayo advirtió en una entrevista con El País en diciembre: “Creo que no debería haber países que tengan mayor tiempo de espera para la vacuna”. Su temor era que, como suele pasar con otras cosas, los países pobres se queden atrás. Hoy, diez países acaparan el 75% de los viales en el mundo. Para él, lo lógico hubiese sido que todo el planeta hiciese esfuerzos para vacunar a toda la población de riesgo en el mundo. Pero ve con decepción los resultados: "Es lamentable que el mercado y un universo geopolítico defina la capacidad de captación".

Por momentos en la entrevista el cansancio de Gonzalo Moratorio regresa. Se detiene para tomar aire. Pero sigue con energía, hay temas de los que habla que bien merecen una inyección extra de fuerza. Por ejemplo, la precariedad en el sector científico. “Ya llevo más de 200.000 tests y no he ganado ni un centavo extra”. No tiene reparo en decir cuánto gana como profesor en la Universidad de la República: 1.600 euros. “Y eso que estoy en el escalafón más alto”, dice. Para un científico en su rama con menos suerte, el cheque mensual podría ser de 1.000 euros. Y con muchos contratos temporales. 

—¿Después de la pandemia cree que la situación les cambie para bien?

—No. Creo que la crisis económica hará que no se refuerce al sector. 

Gonzalo Moratorio es un poco de todo. Exfutbolista amateur; director técnico; virólogo; profesor universitario; pero sobre todo, realista. Aunque en su fuero interno espera que en esta última predicción sí se equivoque. Lo merece.

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