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Eva Villaver durante su charla. (Imagen: Espacio Fundación Telefónica)

“¿Alguien puede afirmar que el universo no es poesía?”

Eva Villaver, astrofísica e investigadora del Centro de Astrobiología (INTA-CSIC), ha llevado su particular visión del cosmos al Espacio Fundación Telefónica: “El universo ayuda a que dejemos de mirarnos el obligo”

En la búsqueda de planetas, en la formación de la materia o en el lento apagar de una estrella. La mirada de la astrofísica Eva Villaver provoca que ciencia y poesía se fundan. Por fortuna es capaz de transmitir ese sentir con imágenes y palabras; lo pone al alcance de todos. La última vez ocurrió días atrás, en un acto organizado en Madrid por el Espacio Fundación Telefónica y Universal Poem, el poema infinito, a cuya composición estamos invitados todos los habitantes del planeta.

La investigadora del Centro de Astrobiología (INTA-CSIC) es también la autora del libro ‘Las mil caras de la luna’. “Os transmito un deseo personal: que alguien os mire u os ame alguna vez como Eva Villaver lo hace con las estrellas”, decía Santiago Bustamante, director del programa Meridiano de Turing de Radio 3 (RNE) y presentador del evento en su introducción.

“Al revés que los pasteles, el universo tuvo que enfriarse para que surgieran los ingredientes de la vida”

Villaver empezó situando a los terrícolas en el espacio-tiempo. “En los últimos 25 años hemos descubierto más de 4.000 planetas más allá de nuestro sistema solar. En nuestra burbuja ‘local’, tardaríamos 15 años en llegar a las estrellas más cercanas. Vivimos en las afueras de la Vía Láctea, y eso está bien, porque el centro –ubicado ‘sólo’ a una distancia de 25.000 años luz- está ocupado por un agujero negro: Sagitario A*”.

La astrofísica también ha sido profesora en la Universidad Autónoma de Madrid e investigadora en el telescopio espacial Hubble (NASA/ESA) y en el Instituto de Astrofísica de Canarias. “¿De dónde llegó toda la energía que precedió al Big Bang? Los físicos y los astrofísicos no tenemos ni idea. Por eso a veces recurrimos a los poetas. Sí podemos determinar qué ocurrió después. Creemos que la existencia del universo empieza hace 13.700 millones de años. A los tres minutos teníamos hidrógeno, helio y litio, pero no oxígeno. Aún no había explotado ninguna supernova”.

Santiago Bustamante presentó el encuentro en remoto. (Imagen: Espacio Fundación Telefónica).

“Con el tiempo, y, al revés que los pasteles, el universo tuvo que enfriarse para que surgieran los ingredientes de la vida. Y el universo se expande, se aleja de nosotros, como las personas que nos dejan de querer”, añadía Villaver. “La Luna se aleja 3,8 centímetros cada año. Cuando observamos una galaxia siempre la vemos alejarse. Esto nos lleva a pensar que alguna vez toda la materia y la energía estuvieron concentradas”. Tanto las estrellas como la Luna brillan. Las estrellas lo hacen por sí solas, debido a la cantidad de energía que albergan. La Luna no tiene luz, refleja la luz del sol.

“Muchas veces, el cielo o el universo lo único que nos piden es un poquito de silencio. Que los miremos y ya está”

La investigadora muestra la imagen de un cúmulo globular, una aparente ensoñación cargada de realidad. “Las estrellas, cuando se forman, la mayor parte de las veces lo hacen en grupo, aunque mueren solas. Son de distintos colores que es posible distinguir a simple vista. Probad a hacerlo en una noche despejada de verano. Las hay blancas, rojas, amarillas, azules… La cosmología nos ha enseñado que el universo erra oscuro hasta que aparecieron las estrellas, 100 millones de años después del Big Bang”.

Sacyr

Según Eva Villaver, mirar al cielo es mirar al pasado. “La astrofísica tiene esa cualidad: miramos el tiempo atrás. Aunque en solo 20 años, hemos sido capaces de pasar de observar a Plutón como un punto a conocer cómo es su superficie. No se parece en casi nada a la Tierra, pero es un mundo bello con su propia geología. Sin embargo, muchas veces, el cielo o el universo lo único que nos piden es un poquito de silencio. Que los miremos y ya está”.

Y la imagen más lejana de la Tierra captada por el ser humano nos dice que el universo es menos violento de lo que pensamos. “Dos cuerpos chocan en los confines del Sistema Solar y la zona iluminada entre ambos explica que se han único con cierto cariño”.

¿Hay alguien ahí?

“Si nos ponemos filosóficos, cabría preguntarnos: ¿Adónde queremos llegar?”, afirmaba Villaver sobre la búsqueda de vida extraterrestre. “Admito que me parece fascinante explorar más allá de lo que tenemos ante nosotros. El envío de sondas a todos los confines del Sistema Solar es positivo, porque todo depende de lo que hagamos con ello después. El universo nos da perspectiva; ayuda a que dejemos de mirarnos el obligo. De momento hemos comprobado que alrededor no hay nada como nuestro planeta, así que merece la pena cuidarlo. La vida seguirá, pero si continuamos así los que desapareceremos seremos nosotros. Los más pobres serán quienes más sufran los efectos del cambio climático”.

La astrofísica considera que salir del sistema solar significa “salir de casa”, rumbo a un lugar donde quizá lo mejor sea no hacer mucho ruido. “La comunicación es algo muy complejo. Ni siquiera sabemos aplicarla con otras especies de nuestro planeta, así que tratar de hacerlo con inteligencias extraterrestres es complicado. No por ello debemos dejar de intentarlo. Pero seamos realistas: la mayor parte de la vida en la Tierra es microscópica, así que lo más probable es que lo primero que encontremos se parezca a una ameba”.

Eva Villaver recordaba que el objetivo de mirar hacia afuera va mucho más allá que satisfacer la curiosidad humana. “Revierte en lo que conocemos y en cómo podemos actuar en el planeta. Por ejemplo, analizando la composición de la atmósfera de Marte, formada básicamente por ácido sulfúrico, descubrimos el agujero de la capa de ozono de la Tierra. El estudio del universo también nos dota de perspectiva. No somos el centro del universo y por suerte no lo sabemos todo; si no, el mundo sería muy aburrido”.

Igualdad

“Ojalá el género no condicionase nuestras vidas y todos tuviéramos las mismas oportunidades, pero no es así, tampoco en ciencia”. Eva Villaver señalaba que en disciplinas como la suya, la figura de autoridad es todavía “un hombre blanco de mediana edad y con barba”, mientras que la mujer científica no forma parte del imaginario colectivo. “Poco a poco las cosas están cambiando, pero aún hay muchos problemas, como el abandono de la carrera científica por parte de la mujer. No lo hace porque no le deje de interesar la ciencia. De hecho, en los primeros años el número de hombres y mujeres es muy similar”.

La astrofísica añadía que la diversidad suma perspectivas, lo que se traduce en conocimiento enriquecido. “Las niñas necesitan referentes. También ayuda la ciencia ficción actual, en la que las chicas también salvan el universo. No es ninguna tontería porque el imaginario colectivo se nutre de muchas fuentes y las niñas necesitan identificarse”.

Santiago Bustamante considera que vamos a vivir una década fundamental en la que resultará clave el entendimiento entre ciencia y humanidades. “La lectura positiva de la tragedia que estamos viviendo es que va a situar a la ciencia donde se merece. Solo con ciencia nos podremos proteger de las próximas pandemias. Necesitamos inversión y que no se marche el talento local. Tenemos que lograr que los científicos sean vistos como héroes que salvan vidas”, concluía el periodista.

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