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Eugenio Marín, CEO de FUMEC. Foto cedida por el entrevistado.

Eugenio Marín (Ciudad de México, 1980) no le teme a las crisis. De hecho, fue en medio de la del 2008 cuando la Fundación México-Estados Unidos para la Ciencia (FUMEC), de la que es el director ejecutivo, echó a andar una aceleradora para desarrollar cadenas de suministro de proveedores mexicanos en Detroit, en el país vecino. Pero este es tan solo un ejemplo de lo que hace esta organización privada dedicada a la ciencia y la innovación.

“Las crisis crean oportunidades, solo hay que encontrarlas”, asegura el ingeniero mecánico por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Estas “nublan todo pero después, dentro de esa no visibilidad, hay que buscar y ser pacientes”, añade el emprendedor mexicano que es desde hace ocho meses el CEO de la fundación y desde hace 14 años trabaja en ella.

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A raíz de la pandemia de COVID-19, la fundación suscribió un acuerdo entre la Secretaría de Salud de México y los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de EE. UU. (CDC, por sus siglas en inglés) para hacer estudios de prevalencia serológica (para saber cuántas personas tienen anticuerpos contra la enfermedad), y ayudar a los expertos a comprender los movimientos de las poblaciones fronterizas y el riesgo de contagio, así como la diseminación del COVID-19 entre los dos países.

El plan de trabajo contempla desde la adquisición de ordenadores y de reactivos, hasta la contratación de especialistas en ingeniería química, epidemiólogos y personal que trabaja en campo tomando muestras a la población. FUMEC trabaja con los CDC desde 2011 en el monitoreo de otras enfermedades como influenza, diabetes tipo 2 y malaria.

La fundación binacional creada en 1992 articula también programas de innovación, ciencia y tecnología con España y Canadá. De hecho, Marín estuvo al frente del programa de aceleración TechBA (Technology Business Acceleration) de FUMEC en Madrid durante tres años. El organismo colabora actualmente con la industria aeroespacial, el sector salud, así como con empresas de agroalimentación, manufactura, y de autopartes.

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Otro de los proyectos en los que trabaja la fundación consiste en la relocalización de cadenas de suministro en México y Estados Unidos. “El COVID-19 dio cuenta de que eran muy débiles y de que la dependencia con la manufactura asiática, sobre todo de China, era muy alta”, señala. “Si ya sabían que tenían una dependencia no lo habían sufrido porque no había contingencias tan grandes (como la actual) para traer los productos”, explica.

En su opinión, la actual crisis sanitaria ha replanteado los términos de la globalización, que tiene que ver más con “competir en los mercados locales”, con “hacer que las empresas locales tengan las capacidades internacionales para competir en su ecosistema regional”, y no solo con la expansión de mercados.

Marín asegura que tienen un proyecto piloto en el sur de Texas y el norte de México para que “las grandes empresas manufactureras puedan relocalizar contratos de una forma costeable”, reducir los tiempos de logística y fortalecer las cadenas de suministro de diferentes sectores. “La idea es replicar esto en toda la frontera”, agrega Marín.

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