plaquetas

En Europa, la demanda de plaquetas es de 2,5 millones de unidades por año, con un coste que supera los 375 millones de euros. Pero actualmente su suministro es limitado y depende de las donaciones no remuneradas hechas en bancos de sangre. Por eso, con el objetivo de ayudar a paliar esta situación y de impulsar la investigación sobre las enfermedades relacionadas con las plaquetas, Europa ha puesto en marcha el proyecto SilkFusion con el que se busca producir plaquetas a gran escala. Nuestro país participa a través del Knowledge Innovation Market (KIM).

La base de SilkFusion radica en una innovadora nanotecnología de seda-fibroína 3D para la producción a partir de células madre, fuera del organismo y a gran escala, de plaquetas sanguíneas útiles para la transfusión en humanos. Alessandra Balduini, coordinadora del proyecto, ha explicado que “a diferencia de la sangre, las plaquetas no tienen una larga vida útil y eso dificulta la administración de las reservas. La sangre tiene una vida media de almacenamiento de 30-40 días mientras que las plaquetas actualmente solo pueden almacenarse durante aproximadamente 5 días. Se ha visto que su demanda va en aumento y este problema en el futuro empeorará si no se encuentra una solución”.

Con esta producción de plaquetas artificiales, no sólo se podrá aumentar el suministro sin depender de las donaciones. También permitirá la producción de plaquetas de manera personalizada, mejorando el bienestar de los pacientes con necesidades especiales. Tal y como ha señalado Balduini, “debido al envejecimiento de la población y las quimioterapias cada vez más agresivas, la demanda de plaquetas está aumentando en un 10% cada año, mientras que el suministro de plaquetas sigue dependiendo por completo de las donaciones alogénicas. Por lo tanto, necesitamos aumentar la producción de plaquetas”.

ESTUDIOS DE NUEVOS FÁRMACOS

Además de las transfusiones de sangre, la tecnología en sí misma representa una herramienta potente para evaluar el efecto sobre la producción de plaquetas de los fármacos en vías de desarrollo antes de iniciar estudios clínicos en pacientes. Esta tecnología también facilitará los estudios sobre los posibles efectos de toxicidad de los nuevos fármacos.

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