De izquierda a derecha, Carolina Schmidt, (Gobierno de Chile); Teresa Ribera (Gobierno de España); y Rebeca Grynspan (SEGIB). Foto: Nueva Economía Fórum.

“La crisis social y la crisis ambiental son dos caras de la misma moneda”. Esta ha sido una de las frases más repetidas durante la presentación de la Cumbre del Clima 2019 (COP25), la mañana de este miércoles en Madrid. Su autora es la ministra de Medio Ambiente de Chile, Carolina Schmidt, quien preside esta edición. La cumbre se celebrará del 2 al 13 de diciembre en IFEMA, después de que el Gobierno de Chile renunciara a acoger la cumbre en su país debido a la crisis política que atraviesa.

Schmidt ha revelado que el presidente de su país, Sebastián Piñera, no asistirá a la cumbre. “Nuestro trabajo es en Chile”, ha subrayado. Pese a asegurar que “Chile ha sido por años reconocido como un modelo de éxito internacional”, ha reconocido que “este modelo no fue suficientemente repartido, ni compartido, ni distribuido”. Situación que condujo a que el 18 de octubre se produjera “el despertar de Chile”. “El aumento en el precio del transporte fue la gota que colmó el vaso”, ha señalado.

La mandataria chilena ha mostrado el interés de su país por dar un paso hacia el transporte limpio o la minería sustentable, como “claves para el crecimiento económico y el cuidado del medio ambiente”. “Chile es uno de los países más afectados por el cambio climático”, ha destacado y ha detallado que su país tiene “enormes ventajas”, para lograr una transformación de la matriz energética” (como la energía solar). Asimismo, ha planteado que su país está trabajando para “acelerar” el cierre de todas sus centrales de carbón antes del año 2040.

“No estábamos preparados, hemos cometido errores y lo sentimos profundamente”, ha declarado Schmidt, después de que la organización Human Rights Watch (HRW) denunciara este martes que miembros de la policía uniformada chilena, los Carabineros, han cometido “graves violaciones a los derechos humanos” en más de un mes de protestas sociales, que incluyen uso excesivo de la fuerza en las calles y abusos en las detenciones.

Durante el acto, la ministra para la Transición Ecológica en funciones de España, Teresa Ribera, ha enfatizado la necesidad de luchar por un nuevo modelo de desarrollo “que tenga como objetivo la lucha contra el cambio climático”. “La acción climática no conoce fronteras, no conoce colores políticos y tiene una presencia de género muy marcada”, ha afirmado por su parte la secretaria general de la SEGIB, Rebeca Grynspan.

Ribera también ha manifestado la apuesta del Gobierno por una “transición justa”, para la que anunció anteriormente que destinará unos 600 millones de euros, y así poder ayudar a los territorios que resulten perjudicados por el proceso de transición energética y la descarbonización de la economía.

Sobre la llegada de Greta Thunberg a Madrid, Ribera ha asegurado que no sabe cuándo ocurrirá. La joven activista sueca, que viene en velero, se encuentra aún en medio del océano Atlántico. También ha destacado el papel de los jóvenes, quienes “apoyados por la ciencia”, “marcan la agenda” en la lucha contra el cambio climático, señalando la manifestación convocada para el próximo 6 de diciembre para la que ha asegurado tener toda la confianza en que sea “exigente” y “constructiva”.

La cumbre en cifras

Ribera ha revelado que el coste asociado a la organización de la cumbre asciende a 50.000 millones de euros y ha destacado la contribución por parte de algunas empresas nacionales. De acuerdo con la ministra en funciones, habrá “un espacio para la sociedad civil”, la zona verde, de unos 3.000 metros cuadrados, además de la zona azul, el espacio administrado por la ONU donde tendrán lugar las sesiones de negociación de la COP25. Y muchas actividades más en otros espacios de Madrid.

En los 100.00 metros cuadrados de IFEMA, repartidos en siete pabellones, se esperan unos 25.000 asistentes, según datos del Ministerio para la Transición Ecológica. Además, hasta la fecha, hay cerca de 1.500 personas trabajando en los montajes, unos 2.000 voluntarios por día lo harán en la cumbre, tanto en la ciudad como en la feria.

Según estos mismos datos, la cumbre tendrá una repercusión económica de 200 millones de euros, tomando como referencia el estudio KPMG sobre el impacto de la actividad de IFEMA y datos del gasto medio de un visitante internacional a este tipo de eventos.

La cuenta regresiva

“Es tiempo de actuar”, es el lema de la cumbre, repetido a lo largo de esta mañana por las mandatarias. Y es que los datos muestran que el tiempo para hacerlo es inminente. Apenas este martes el departamento de medio ambiente de Naciones Unidas (PNUMA) ha alertado en su informe anual que los países deben multiplicar por cinco sus planes de recorte de las emisiones de gases de efecto invernadero si quieren que el incremento de la temperatura se quede por debajo de los 1,5 grados respecto a los niveles preindustriales. Y hace una semana, otro estudio señalaba que las energías fósiles siguen representando hoy en día el 80 % de la energía primaria mundial.

Esta situación exige actuar con una agenda “más ambiciosa”, según las palabras de Ribera. A lo largo de estos días se verá si la COP25 representará de verdad un hito en los compromisos de los países por cambiar esta situación.

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