En 1997, los habitantes de Alcorisa (Teruel) no eran conscientes de cómo Chocolates Artesanos Isabel iba a provocar que mucha más gente acabara conociendo su pueblo, ubicado en la comarca del Bajo Aragón, y donde Isabel Félez decidió establecer una empresa que, con los años, se ha convertido en referente de calidad, pero también en un ejemplo de innovación social más allá de tierras aragonesas.

Tras trabajar en Francia, Bélgica e Italia y conocer de cerca la tradición chocolatera y pastelera de los grandes maestros europeos, Félez decide volver a casa y poner en marcha su propia aventura. “Como en cualquier negocio, no fue fácil arrancar. Emprender en el medio rural tuvo dificultades añadidas que poco a poco superamos”, recuerda la artesana.

La jugada era arriesgada; la región sufrió un devastador incendió en 2009 y luchaba contra la despoblación y la carencia de infraestructuras, pero la propia tierra escondía un as en la manga que resultó clave para el despegue del proyecto: productos agroalimentarios de primer nivel invitaban a apostar por una manera de hacer las cosas que pusiera en valor lo local y lo ecológico; las materias primas y los métodos de producción de calidad, respetuosos con el medio ambiente. Todo ello sin renunciar a los beneficios de las nuevas herramientas digitales para ampliar el campo de acción.

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Isabel Félez.

Así, en 2014, la compañía se reinventa. “En mi familia siempre hemos sido consumidores de alimentación ecológica y de comercio justo”, explica Félez, que considera que esta filosofía es buena para la salud de sus clientes, pero también “para el planeta y las personas que cultivan las materias primas que utilizamos”.

Cinco años atrás, el giro de 360º convertía a la empresa en pionera. “La agricultura ecológica no tenía en España la presencia actual, y mucho menos el comercio justo”. Félez percibe que, “en cierto modo”, aún son unos adelantados, ya que la suya es la única empresa artesana que elabora chocolate en España con criterios éticos. “Ojalá abundaran iniciativas similares; pensamos que el chocolate puede y debe elaborarse de este modo”.

La profundidad del cambio no implicaba que la empresa perdiera el foco de su misión: crear piezas de chocolate como joyas que destacaran por su sabor y originalidad.  Este ‘mandamiento’ no es incompatible con la voluntad de que todo el proceso de elaboración se desarrolle en las mejores condiciones para las personas y el entorno. Como detalla Isabel Félez, “hablamos de joyas porque trabajamos desde la semilla del cacao –técnica bean to bar, “artesanal y, a la vez, refinada”- aunque lo habitual es que chocolateros, pasteleros o bomboneros compren el chocolate preparado y le den forma, o añadan otros ingredientes para obtener el producto final”.

En su caso, elaboran el chocolate, no sólo lo trabajan. “Creemos en el concepto de calidad total, y a un producto no se le puede denominar así si en la cadena de producción, como ocurre en el caso del cacao, hay un niño esclavo o se daña el medio ambiente”.

Como especifica su fundadora, todos los productos de Chocolates Artesanos Isabel están elaborados con 100% manteca de cacao; algunos incluyen aceite de oliva virgen extra de la Denominación de Origen Aceite del Bajo Aragón (el terreno se beneficia de la proximidad al Mediterráneo), sin alérgenos, transgénicos, conservantes, aditivos ni azúcar refinado (sustituido por panela, miel o stevia natural). 

“Compramos semillas a pequeñas cooperativas de países del sur y, una vez las tenemos en nuestro obrador, las tostamos, descascarillamos, trituramos y añadimos el azúcar integral para elaborar el chocolate”, detalla Félez quien, a la vez, incluye en este proceso a colectivos de especial vulnerabilidad de la zona. “Colaboran con nosotros mujeres con necesidades de conciliación familiar o en riesgo de exclusión social”.

Producción ecológica, proveedores certificados, fabricación saludable… En los últimos 4 años la plantilla de la empresa se ha ampliado hasta las 15 personas, dispone de tienda online, exporta al extranjero (sobre todo a Francia, Suecia y Alemania) y ha incrementado su facturación en un 1000%.

Como aportación extra, la compañía se ha sumado a la iniciativa de reforestación de la ONG Plant for the planet y se compromete a plantar un árbol por cada lote de chocolates vendido o cuando un cliente suba una foto a redes sociales con cualquiera de sus compras y el hashtag #chocolateético. Una vez el árbol ha sido plantado, el cliente recibe un certificado de parte de Plant for the Planet que incluye sus coordenadas geográficas.

Vista de la localidad turolense de Alcorisa.

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