Carlos Castro-González, co-fundador de Leuko

"Ingenieros y médicos tienen que formar parte del mismo equipo"

Carlos Castro-González. Imagen: Ian Butterworth
Carlos Castro-González. Imagen: Ian Butterworth

Tras finalizar secundaria en su León natal, Carlos Castro-Gonzaléz estudió ‘teleco’ en la Politécnica de Madrid. En el último curso ejerce de Erasmus aplicado en Estocolmo, donde estudió un máster de Procesado Digital de la Señal. “A partir ahí me empezó a interesar cómo aplicar esa disciplina en el campo sanitario”-explica. En 2013, de vuelta a Madrid, Castro-Gonzaléz se doctora en Procesado de Imagen Médica –“que consiste en trabajar métodos computacionales que toman las imágenes médicas y extraer información automáticamente de las mismas para ayudar a los doctores”-, un momento que coincide con la puesta en marcha de un programa que profundiza en esta disciplina impulsado por la Comunidad de Madrid y el MIT, M+Visión, y que le seleccionó junto a otros nueve candidatos procedentes de todo el mundo. “En ese momento ni te lo piensas”. Hace las maletas y vuela a Boston, donde hoy, tres años después, se encuentra dando la forma definitiva a Leuko, proyecto que le hizo ser considerado como uno de los mejores innovadores españoles menores de 35 años en 2015, una iniciativa de la edición española de la revista MIT Technology Review que ya tiene una nueva convocatoria -la sexta- de los galardones en marcha.

La premisa de M+Vision era dar forma a ideas nuevas que se concretaran en proyectos de investigación de ámbito médico con el requisito de resolver problemas existentes con tecnología. “El primer mes los pasamos en hospitales de Madrid, acompañando a los médicos en su día a día, detectando qué dificultades podían ser afrontadas mejor con la ayuda de la ingeniería”. Fue en el Hospital Gregorio Marañón, en el área de oncología, donde constatan que los pacientes de quimioterapia están recurrentemente inmunodeprimidos o expuestos a infecciones, lo que retrasa y altera los tratamientos y provoca, entre otras cosas, constantes hospitalizaciones, todo vinculado a la caída de los niveles de glóbulos blancos. “A principios de 2014 se nos ocurrió desarrollar un dispositivo médico que permitiera a los propios pacientes monitorizar estos niveles y, en definitiva, sus defensas”.

A diferencia del glucómetro, Leuko no requiere del ‘pinchazo’ por parte del paciente, no es invasivo. El dispositivo óptico se coloca en el dedo y toma imágenes a través de la piel de vasos sanguíneos muy superficiales, lo que posibilita una estimación de la cantidad de glóbulos blancos. De fácil manejo y portátil, Leuko permite aumentar la frecuencia en las mediciones, algo que hasta ahora había que hacer en un centro sanitario vía extracción de sangre. “Estamos en fase de desarrollo de la tecnología con un segundo prototipo –el primero fue testado en el Hospital de Fuenlabrada con buenos resultados- que supera algunas limitaciones técnicas. Además de en EE.UU, nuestra idea es probarlo en el Hospital La Paz, donde pronto llevaremos a cabo un estudio con pacientes de quimio”- añade Castro-Gonzaléz.

La Comunidad de Madrid ha aportado financiación adicional al proyecto, que también se ha apoyado en inversión exterior a través de dos convocatorias de investigación en Estados Unidos promovidas por la Fundación Coulter y por el Instituto Nacional de la Salud. Las previsiones “moderadamente optimistas” apuntan a que Leuko estará en el mercado en el plazo de tres años. “Necesitamos un año más de desarrollo técnico, otro para los estudios clínicos, y un tercero para organizar los requisitos regulatorios, que difieren entre EE.UU y Europa”- explica el ingeniero.

La revolución multidisciplinar de la Medicina

Testigo directo de las tecnologías disruptivas que marcarán el paso, Castro-Gonzaléz considera que los avances en imagen médica, machine learning o big data –“con las posibilidades infinitas fruto de analizar y correlacionar de forma anónima millones de historiales clínicos electrónicos”- influirán definitivamente en el rumbo de la ciencia a corto plazo. “También el IoT, todo conectado, con por ejemplo ropa que incluirá sensores que medirán el pulso o cómo respiramos y que resultará algoritmos de predicción que se anticiparán a posibles complicaciones médicas”.

Un escenario en el que se convivirá de forma nueva. “Los equipos mezclarán disciplinas porque es imposible saber de todo, y son muchos los ejemplos; hay científicos muy bien formados en secuenciación genética que no tienen ni idea de big data”. Y lanza un aviso a navegantes. “En el campo médico, ingenieros y médicos rara vez trabajan juntos y eso debe de cambiar si queremos avanzar más rápido”.

¿Fuga de cerebros?

“Por los apoyos recibidos de parte de la administración no sé si soy el más indicado para hablar de este asunto”- comenta Castro-González, quien se declara dividido: “por un lado es una pena que el Estado se gaste tanto dinero en formar a gente que después se tiene que marchar por falta de oportunidades, pero también es positivo que estas personas vayan al extranjero y continúen allí su formación; los que vuelvan contarán con lo aprendido, con la convivencia con otras culturas y con contactos de nivel… Regresar con esa perspectiva es enriquecedor”.

Y en la comparativa con EE.UU, no salimos tan mal parados. “La ciencia que hice en España era básica, para generar conocimiento, y la que hago aquí es mucho más aplicada”- explica. “En Estados Unidos manda el sentido práctico, más marcado que en España: quién lo compra, quién lo paga, qué soluciones aportas respecto a lo que ya existe en el mercado… El enfoque de nuestra economía es diferente y hay una mayor aversión al riesgo”- concluye tras recalcar que “sin la ciencia básica no existiría la aplicada, algo que conviene no olvidar”.

Casos prácticos de aplicación de Leuko  

En pacientes de quimioterapia, debajo de un nivel determinado de glóbulos blancos, se incrementa el riesgo de padecer una infección y en ese momento tienen que ser inmediatamente hospitalizados, con una media de 9 días de ingreso, lo que en EE.UU cuesta unos 20.000 dólares. “Esto ocurre porque en ocasiones los oncólogos no tienen información del estatus del sistema inmunitario de los pacientes”- apunta Castro-González.

En cáncer de mama, por ejemplo, con ciclos de quimio de 21 días en los que actualmente se hace un solo análisis de sangre que mide los glóbulos blancos, la mayor parte de tiempo los oncólogos desconocen esos niveles. “Si esto se conociera mejor, determinados medicamentos que ya existen podrían ser administrados por los médicos para reducir o evitar las infecciones”.

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