CAB y NASA Marte río Tinto
Las aguas del río Tinto (Huelva) tienen una tonalidad rojiza por la presencia de minerales ricos en hierro (©CAB).

En el suroeste de la Península Ibérica, en Huelva, existe lo que se denomina un análogo marciano. El entorno del río Tinto es uno de esos ambientes extremos en la Tierra que, por sus características (extrema aridez, alta radiación ultravioleta, elevado contenido en sales, temperaturas extremas, etc.), guarda alguna similitud con determinadas regiones de Marte

El Centro de Astrobiología (CAB, CSIC-INTA), en colaboración con la NASA, estudia desde el 2014 dicha cuenca, considerada como análoga de Marte por la composición mineralógica de sus tierras. A atravesar el mayor depósito de sulfuros masivos del mundo (la Faja Pirítica Ibérica), presenta altos contenidos de sulfatos y óxidos de hierro.

Esta composición otorga a sus aguas una acidez extrema (pH entre 1,7 y 2,7, cuando el agua para consumo humano tiene un pH entorno a 7). Entre los óxidos de hierro que podemos encontrar en río Tinto está la hematita, y entre los sulfatos encontramos la jarosita. Ambos minerales fueron hallados en Marte por el rover Opportunity de la NASA.

Se trata por lo tanto, de minerales con una gran relevancia astrobiológica. Por un lado, porque su presencia sugiere la existencia de agua en el pasado y, por otro, porque como compuestos ricos en hierro, son considerados buenos preservadores de materia orgánica y, por tanto, de posibles restos de vida. 

LMAP-2017

En 2017 el Centro de Astrobiología, junto con el NASA Ames Research Center de EEUU, llevó a cabo en la zona del nacimiento del río Tinto la última campaña enmarcada dentro del proyecto LMAP, de la que aún hoy se siguen analizando los datos y sacando nuevas conclusiones.

Así, en un artículo publicado recientemente en la revista Astrobiology, y en el que participan varios investigadores del CAB, se describe en qué consistió esta campaña y se recogen los resultados de los datos analizados.

Plataforma sobre la que se instaló el taladro automático durante la campaña LMAP-2017 en la cuenca del río Tinto (©CAB).

LMAP-2017 consistió en una campaña en la que, por medio de un equipo autónomo de taladro, instalado a bordo de una plataforma de la NASA (basada en las plataformas de aterrizaje de las misiones InSight y Phoenix), se realizó un taladro de un metro de profundidad en el suelo de río Tinto.

El sistema recogía muestras de suelo a intervalos de 20 cenímetros de profundidad y las transfería a distintos equipos de análisis. Además, para comprobar la fidelidad del sistema robótico, los investigadores realizaron, en paralelo, una recogida manual de muestras y, posteriormente, sometieron a ambas a la misma batería de análisis. 

Resultados

Tal y como recoge el artículo, por un lado, se analizaron las muestras in situ con el instrumento SOLID (Signs Of Life Detector – Detector de signos de vida), un detector portátil de biomarcadores basado en la compatibilidad inmunológica frente a anticuerpos y que se está desarrollando en el CAB.

Por otra parte, una vez en el laboratorio, las muestras recogidas se analizaron para lípidos y ADN; de tal forma que los tres tipos de biomarcadores (inmunológicos, lipídicos y genéticos) se interpretaron en contexto con la mineralogía y la geoquímica de la zona.

“Los resultaron mostraron una presencia generalizada de comunidades microbianas asociadas en gran medida a variables abióticas, tales como la mineralogía”, señala Laura Sánchez-García, investigadora del CAB y autora principal del estudio. 

“La heterogeneidad espacial que se observó pone de manifiesto la relevancia de considerar más de un punto de muestreo para lograr una buena cobertura y representatividad local de cara a futuras misiones astrobiológicas en Marte”, explica Sánchez-García.

Y añade: “Los resultados demuestran, además, que se puede adquirir y transferir muestra de suelo similar al marciano de hasta 1 metro de profundidad de forma robótica e inteligente, así como recuperar biomarcadores moleculares de distinta naturaleza”.

El alto potencial de preservación de los lípidos y la elevada sensibilidad de los anticuerpos para detectar restos biológicos convierte a ambos tipos de biomarcadores en componentes fundamentales para la misión IceBreaker, propuesta para buscar evidencias moleculares de vida en la subsuperficie helada de Marte.

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