Asesores científicos: las decisiones políticas, mejor basadas en datos

asesoramiento cientifico

Desafíos globales como el cambio climático o la ciberseguridad y situaciones de crisis como la epidemia del ébola o el accidente de Fukushima, requieren de respuestas concretas y, en la medida de lo posible, exactas y basadas en datos. O lo que es lo mismo, muchas veces, las decisiones políticas más importantes deben obedecer a criterios científicos. Esta idea es la que se ha puesto de manifiesto en la jornada ‘El asesoramiento científico en el Reino Unido y España’, que ha organizado la Fundación Rafael del Pino, la Secretaría de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación, la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) y la Embajada británica en España.

Por todo ello, a lo largo de la jornada se ha apostado por instaurar e implementar en España el papel de los asesores científicos, tomando a Reino Unido como modelo. De hecho, en este país esta figura está presente en todos los ministerios y altos estamentos gubernamentales desde hace más de una década. En este sentido María del Pino, presidenta de la Fundación Rafael del Pino, ha afirmado que el país británico “es todo un ejemplo” en lo que se refiere al papel activo que juegan estas personas, dada la necesidad de los Gobiernos “de completar el asesoramiento tradicional con el asesoramiento científico”.

Por su parte Simon Manley, embajador de Reino Unido en España, ha identificado en la “pasión por unir ciencia y política, por buscar nuevas y mejores formas de gobernar” las bases de la labor del asesor científico. Una figura presente en este país desde 1964, si bien no fue hasta los primeros años del presente siglo cuando se asentó en todos los ministerios y altos estamentos. En opinión de Manley, el objetivo de la jornada es reforzar la “cooperación y colaboración entre políticos y científicos” como método también para estrechar lazos entre España y Reino Unido.

En la misma línea, Robinson Grimes, asesor científico jefe del Ministerio británico de Asuntos Exteriores, ha definido como “diplomacia científica” la labor que realizan los asesores científicos. Así, entre sus labores se encuentran el persuadir de “que se tomen decisiones basadas en evidencias científicas o crear una agenda científica”. En este sentido, les ha señalado como un ejemplo de cómo hacer evolucionar la política al compás de la ciencia y la innovación para que sepa responder con acierto ante situaciones de emergencia. No obstante, Grimes ha resaltado que “detrás de todo esto está el concepto de ciencia de calidad”, encarnado en la figura del asesor científico que debe ser “independiente” y mantener rasgos de “transparencia y apertura”.

Sistema joven pero eficiente

En esta materia, Reino Unido presenta “unos profesores y expertos en la materia como pocos”, ha resaltado Carmen Vela, secretaria de Estado de I+D+i. No obstante, ha resaltado que, si bien el objetivo es implantar y fortalecer el papel del asesor científico en España, no se puede copiar el modelo británico al 100%, sino adaptarlo a la realidad de nuestro país. De esta forma se logrará que el asesoramiento científico “permee en la sociedad y, por supuesto, también en el ámbito ejecutivo”.

Vela también ha comparado la trayectoria de ambos países en cuanto a política científica. Asegura que España es “treintaañera”, ya que la primera Ley de la Ciencia data de 1986, pero está en torno a la décima o undécima posición a nivel mundial, según el ránking de referencia. Nuestro país, ha resumido la secretaria de Estado de Innovación, supone el 1% del gasto mundial en I+D+i, aporta el 1,7% de los científicos y desarrolla el 3,1% de la producción científica mundial, el 4,3% de las publicaciones científicas excelentes, el 6,7% de las publicaciones en las revistas más importantes y el 7,7% de la investigación en colaboración internacional.

En definitiva, Carmen Vela ha afirmado que España tiene “un sistema joven, pequeño, pero eficiente”, como demuestra su posición como cuarto país receptor de ayudas del programa Horizonte 2020, y “una comunidad científica eficiente y que trabaja”, a la que se puede sacar más partido con una apuesta por el asesoramiento científico. Finalmente ha recordado que ya se han dado ciertos pasos como la existencia de un Consejo Asesor de Ciencia, Tecnología e Innovación, si bien ha reconocido que el gobierno le ha llamado “pocas” veces o el programa ‘Embajadores para la ciencia’, de intercambio entre científicos y diplomáticos, que se llevó a cabo por primera vez en 2016. “Por parte del ámbito científico hay voluntad de interacción” y su labor, ha concluido, es esencial bajo la filosofía de que “las decisiones se toman mejor basadas en datos” porque eso hace que se tomen basándose en evidencias.

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