Ángeles Sánchez Díez: “China llegará a ser antes un país envejecido que rico”

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A comienzos del siglo XVII, la población mundial era de 200 millones. En 1850 había ascendido hasta los 1.000 millones y, actualmente, es de 7.500 millones. Según el Fondo de Población de Naciones Unidas, a finales del siglo XXI, la Tierra albergará a más de 11.000 millones de personas. La sobrepoblación es uno de los grandes desafíos de nuestra era, pero no el único. La urbanización desmedida, las migraciones involuntarias o el envejecimiento hacen peligrar la economía, la prosperidad y la igualdad.  Estos riesgos globales, tomados en consideración por el World Economic Forum, han sido analizados por Ángeles Sánchez Díez en el libro “Las transformaciones de la economía mundial”.

El gran desafío

La coordinadora del Grupo de Estudio de las Transformaciones de la Economía Mundial (GETEM) en la Universidad Autónoma de Madrid considera que en el top de las problemáticas se sitúan los movimientos migratorios, que afecta al 3,5 % de la población. “No es sólo un fenómeno económico, sino que tiene grandes connotaciones culturales, políticas y sociales”, explica a Innovaspain Sánchez Díez. “Esas implicaciones convierten las migraciones en algo más complejo que, por ejemplo, la libre circulación de bienes y servicios o capitales. De hecho, las trabas a la libre circulación de personas son enormes en zonas con amplias libertades económicas, como Europa o Estados Unidos”.

La investigadora recuerda que la caída del Muro de Berlín no supuso el fin de las barreras físicas que limitan el movimiento. Así lo demuestran el muro México-Estados Unidos, la zona desmilitarizada entre Corea del Sur-Corea del Norte, las vallas de Ceuta y Melilla o el muro de Cisjordania.

La esperanza africana

Ángeles Sánchez Díez percibe que una de las claves del futuro está en la dinámica demográfica de África. En 2015, el continente concentraba el 16% de la población mundial, porcentaje que se espera que suba hasta el 39% a finales de siglo. Más de la mitad del crecimiento de la población del mundo se localiza en Nigeria, Congo, Tanzania, Etiopía, Angola y Níger.

Esta tendencia estadística, ¿se traducirá en una mejor calidad de vida en África? “Es un reto gigantesco. El crecimiento poblacional en países con problemas de desarrollo y pobreza conlleva presiones de carácter geopolítico. No conviene generalizar. Dependerá del país. Ya hemos asistido a experiencias exitosas en África en términos de superación de trabas al desarrollo, pero, ni son comunes, ni a afectan a todos los sectores y estratos sociales”

La investigadora de la UAM añade que es importante la progresiva consideración del valor añadido que estos países están en condiciones de ofrecer. “Así dejarán de ser exportadores de materias primas sin procesar (recursos naturales como el petróleo o el café). El potencial está precisamente en su juventud, pero hay que canalizarlo bien. Ello no depende en exclusiva de las capacidades de los países africanos, sino también de las normas de funcionamiento de la economía mundial, la regulación del comercio o el interés inversor”.

En otra dirección, Ángeles Sánchez Díez afirma que China llegará a ser antes un país envejecido que rico. “Las bajas tasas de natalidad han facilitado un rápido proceso de envejecimiento del país que se agudizará en el futuro. La renta per cápita de China (como indicador de aproximación al desarrollo, pese a sus limitaciones) está aún muy alejada de países de la UE, por ejemplo. Lo mismo podríamos decir de varios indicadores de desigualdad”.    

Europa y un futuro verde

Además de envejecer, la población europea pierde peso demográfico a un ritmo acelerado. En 1950, el 21,7% de la población mundial residía en el viejo continente, en 2015 tan solo lo hacía el 10% y en 2100 lo hará el 5,5%.

Ante las megaciudades (En 30 países del mundo, más del 55% de su población urbana vive en tugurios) que seguirán expandiéndose de manera desmedida, sobre todo en países en desarrollo, y llevando al límite cuestiones medioambientales, de igualdad, cohesión y sostenibilidad, Europa ha optado por la especialización en el sentido opuesto.

“El desarrollo del Pacto Verde Europeo (Green Deal), conectado a los requisitos marcados por los fondos Next Generation UE, supone una apuesta por las tecnologías limpias y la sostenibilidad. Es mucho más que una declaración política. Por ejemplo, la Comisión Europea prepara un gran paquete legislativo que probablemente verá la luz en junio”, apunta Sánchez Díez.

En esta línea, y a escala global, la investigadora de la UAM alaba la ambición de los compromisos adquiridos en la Agenda 2030 y los ODS. “Deben ser una guía de las políticas públicas. Soy optimista, aunque no creo que se vayan a cumplir todas las metas previstas en cada ODS. Resalto la importancia del ODS 11, relativo a las ciudades, un elemento ausente en clasificaciones anteriores. Necesitamos ciudades más inclusivas, seguras, resilientes y sostenibles”. Con este fin también trabaja ONU-Habitat, que tiene a su cargo el desarrollo de una hoja de ruta para la planificación del desarrollo urbano.

La pandemia y sus efectos en el reto demográfico

La experta opina que los retos demográficos se han agudizado con la pandemia y muy probablemente se agravarán en el futuro. “A medio plazo, habrá que ver las repercusiones de las presiones fiscales derivadas del incremento de la deuda pública sobre políticas sociales como las pensiones”, apuntaba Sánchez-Díez en un artículo publicado recientemente en The Conversation.

Frente al incontrolado crecimiento urbano, parte de la población puede plantearse un regreso a zonas rurales gracias a la flexibilidad del teletrabajo. “Los espacios rurales pueden revalorizarse en los países donde el teletrabajo esté más extendido. Es por tanto una oportunidad exclusiva de los países desarrollados. Además, será necesario llevar a cabo inversiones para cerrar la brecha digital aún presente entre el campo y la ciudad”, concluye Ángeles Sánchez Díez.  

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