energía nuclear Andrés Kreiner
El físico argentino Andrés Kreiner. Foto: UNSAM.

La energía nuclear carga con el peso del mayor desastre nuclear de la historia, el de Chernóbil, ocurrido hace 34 años. Un incendio que arrasó con miles de hectáreas de los bosques ubicados muy cerca de uno de los depósitos de desechos radioactivos de la central reavivó a principios de mes el fantasma de esta tragedia. 

Su uso sigue siendo polémico. Existen científicos que la defienden y alegan sus beneficios. Un ejemplo es el meteorólogo estadounidense Kerry Emanuel. “A los partidos verdes no les gusta la energía nuclear por razones políticas pero, en realidad, es la forma más segura de producir electricidad. Hay toda una mitología en torno a ella pero al final nos va a salvar de la tragedia del cambio climático”, decía en enero, a los pocos días de haberse llevado el Premio Fronteras del Conocimiento en la categoría de Cambio Climático.

Otro defensor de la nuclear es el físico argentino Andrés Kreiner, investigador superior del CONICET en la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y docente de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM). Kreiner dirige también un proyecto que desarrolla un acelerador de partículas para el tratamiento del cáncer que el CNEA exportará a Corea del Sur.

“No hay manera de evitar la energía nuclear. Por lo menos no en un futuro previsible”, asegura convencido el físico. “Todo el mundo quiere electricidad y después, a la hora de la verdad, tiene muchos temores con la nuclear”, señala.

Que la energía nuclear no contamina la atmósfera, “es una realidad incontrastable”, según Kreiner. En su opinión, “la energía nuclear es una alternativa muy viable” que permitiría hacer frente al calentamiento global.

Aunque el físico admite que esta genera residuos que pueden controlarse si se manejan con cuidado. Primero se almacenan en las proximidades de las propias centrales, hasta que el calor residual baja a niveles relativamente bajos, y después en otros cementerios nucleares.

Al igual que las energías fósiles, la nuclear es una energía de base, es decir, está disponible 24 horas, destaca el experto. Algo que no sucede con las renovables. “La energía solar y eólica por supuesto hay que tratar de explotarlas al máximo. Pero no alcanza porque son intermitentes”, afirma. “Mientras que no se desarrollen medios de almacenamiento baratos y eficientes, no es suficiente”, agrega.

Para Kreiner, es necesario tener una matriz energética diversificada en donde la nuclear juegue un rol importante. “Hay que tener un mix, un balance. La energía nuclear tiene en este claramente un papel que jugar”, enfatiza.

Medicina nuclear

La CNEA y el Instituto Coreano de Ciencias Médicas y Radiológicas (KIRAMS, por sus siglas en inglés) firmaron en 2019 un contrato por 700.000 dólares por dos años que incluye la construcción e instalación de un prototipo de acelerador de partículas en Corea, además de la capacitación de científicos de ese país.

El KIRAMS es un instituto asociado a un hospital de Seúl en el que se hace investigación y desarrollo en medicina nuclear. Se espera que los científicos coreanos avancen en el manejo de la terapia de captura neutrónica en boro (BNCT) gracias a la experiencia de sus pares argentinos.

“La Terapia por Captura Neutrónica en Boro (BNCT, por sus siglas en inglés) es una terapia  única para determinados tipos de cánceres infiltrantes y muy radioresistentes”, explica Kreiner. En diciembre se exportó el primer lote de piezas a Corea del Sur y, actualmente, se están fabricando las que corresponden a este año.

Hasta ahora este tipo de terapia se había ensayado en instalaciones con un radioactividad muy alta, lo que exigía blindajes muy pesados y una operación muy compleja que dificultaba su instalación en hospitales. La ventaja de este acelerador de partículas es que una vez apagado no produce radiación ni tampoco genera radioactividad residual.

Una oportunidad para la ciencia

Hace unos días, después de años de recortes en investigación y desarrollo científico, el Gobierno argentino movilizó recursos extraordinarios para afrontar la pandemia. El científico celebra que el Gobierno de Alberto Fernández reinstalara el Ministerio de Ciencia y Tecnología que había “degradado” a nivel de una secretaria el expresidente Mauricio Macri.

Hay que recurrir a la ciencia y a la tecnología para dar respuestas. No hablo solamente de lo que llaman las ciencias duras, sino también de las blandas o las ciencias sociales”, asegura.

Sin ciencia y tecnología no vamos a ningún lado […]. Todos los temas requieren abordaje con conocimiento científico, todo lo demás es una improvisación”, concluye.

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