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Imagen de un área de la Amazonia cerca de Manaos tomada en abril de 2017. Foto: JOAO M. ROSA/NITRO /AmazonFACE.

Los estragos del cambio climático sobre la Amazonia son evidentes. Su capacidad para absorber carbono se ha reducido en un 30 % desde la década de los noventa. Además, en 2019, los incendios aumentaron un 30 % respecto al año anterior, según el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE).

Para descubrir cómo responderá el mayor bosque tropical del mundo a un aumento de la concentración de dióxido de carbono (CO₂), un grupo de científico de Brasil ha lanzado un experimento: AmazonFACE (acrónimo en inglés para Free-Air-CO₂ enrichment).

En un área ubicada a 70 kilómetros al norte de Manaos, en el noroeste del país, seis conjuntos de torres monitorearán las 24 horas del día las condiciones de la atmósfera y del suelo. Dieciséis torres de 30 metros de altura bombearán gas, más allá de las copas de los árboles, mientras que otra torre en el centro realizará las mediciones. 

La hipótesis que subyace a este proyecto es la muerte de la selva amazónica.“Un fuerte cambio climático puede causar el reemplazo de la selva por una vegetación más seca y de menor estatura, similar a una sabana”, explica el biólogo David Montenegro Lapola, profesor de la Universidad Estatal de Campinas (Unicamp).

Imagen de la Amazonia cerca de Manaos en abril de 2017. Foto: JOAO MARCOS ROSA/NITRO /AmazonFACE.
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Los investigadores también pretenden analizar cómo el futuro cambio climático puede impactar en las poblaciones humanas locales para ver qué estrategias de mitigación y adaptación implementar. De hecho, el pasado viernes líderes indígenas denunciaron que el Gobierno de Jair Bolsonaro tiene en marcha un proyecto político de genocidio, etnocidio y ecocidio, tras reunirse durante cuatro días en la Amazonia para acordar estrategias y organizar un movimiento de resistencia a los planes del gobierno.

La falta de financiación ha impedido lanzar AmazonFACE a escala mayor. Este fue lanzado oficialmente en 2014, las primeras mediciones comenzaron un año después pero en 2017 el gobierno federal redujo la financiación. 

Las reacciones de la selva amazónica frente al CO₂

Según las observaciones de los científicos, el bosque podría no solo no absorber el CO₂, sino convertirse “incluso en una fuente de emisión a finales de la década de 2020”, señala Lapola. Esta situación se explica por distintas causas, como el hecho de que mueren más árboles de los que son plantados, y que los de madera más densa son reemplazados por especies de madera menos densa.

Sin embargo, los científicos mantienen esperanzas. “Los estudios de modelación proyectan que el llamado efecto de fertilización con CO₂ podría contrarrestar el efecto del aumento de las temperaturas y las sequías, manteniendo el bosque más o menos como está”, afirma Lapola. Este efecto ha estado ocurriendo de forma natural desde el siglo XXI, cuando las concentraciones de dióxido de carbono empezaron a aumentar en el planeta, explica. 

El problema es que aún no saben si este efecto de fertilización existe realmente, ni su magnitud o duración. La muerte de la selva amazónica es, por tanto, una posibilidad real, incluso si se detuviera completamente su deforestación.

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Una investigadora realiza mediciones en la Amazonia cerca de Manaos en abril de 2017. Foto: JOAO MARCOS ROSA/NITRO /AmazonFACE.

Pese a estas dificultades, los científicos han alcanzado algunos resultados. En 2018 publicaron un estudio según el cual, si no se toma ninguna acción, la muerte de la selva amazónica costaría más de siete billones de dólares (cerca de 6.500 millones de euros) en las próximas tres décadas.

Según otro estudio publicado en Nature Geoscience el año pasado, el efecto del CO₂ elevado en el bosque puede estar limitado por la falta de fósforo en el suelo, (bastante común en al menos el 60 % de los suelos amazónicos).

Asimismo, están llevando a cabo algunos experimentos a pequeña escala con cámaras abiertas con el objetivo de probar los efectos del CO₂ elevado en los árboles del sotobosque (el área de un bosque que crece más cerca del suelo), de menos de tres metros de altura. 

Los resultados preliminares mostraron que las plantas responden a un CO₂ elevado, al menos a corto plazo (unos pocos meses). “Tenemos que comprobar si esto se mantiene en el curso de un año o más, lo que indicaría cambios en cascada a través de otras partes del ecosistema, como la dinámica del suelo vivo”, asegura el biólogo brasileño.

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Un investigador realiza mediciones en la Amazonia cerca de Manaos en abril de 2017. Foto: JOAO MARCOS ROSA/NITRO /AmazonFACE.

De Brasil a Inglaterra

A unos 8.000 kilómetros de allí, en una propiedad cerca de Birmingham (Inglaterra), unas torres similares a las brasileñas realizan el mismo tipo de medición. Allí el bosque maduro, con árboles de más de 150 años, sigue respondiendo al aumento de dióxido de carbono.

“El CO₂ se transforma en azúcar por las plantas. Sin embargo, a medida que aumenta su disponibilidad también necesitan aumentar el consumo de otros nutrientes para mantener el equilibro. Por esta razón, las plantas buscan más fósforo y nitrógeno en el suelo”, dijo Rob Mackenzie, director de BIFoR FACE, y profesor de la Universidad de Birmingham (UoB). Lo que corrobora el hecho de que en la Amazonia, el suelo pobre en fósforo podría estar evitando que los árboles se adapten al aumento de CO₂ de la atmósfera.

Pese a todo, Lapola celebra la atención internacional obtenida a raíz de los últimos incendios. “Aunque el gobierno federal aparentemente no expresa un fuerte interés en protegerlo, hay un enorme interés por hacerlo y desarrollar un nuevo paradigma económico sustentable para la región, tal como lo expresan muchos sectores, incluyendo los gobiernos estatales, los científicos y ciertas instancias del sector privado”, concluye.

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Imagen tomada en abril de 2017 . Foto: JOAO MARCOS ROSA/NITRO /AmazonFACE.


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