Alejandro Sanchez ganador del Famelab 2020

En circunstancias normales, libres de pandemias, Alejandro Sánchez tendría que haber atendido a Innovaspain desde Japón. El ganador de FameLab 2020 es también uno de los estudiantes europeos becados por ‘Vulcanus in Japan’. “El programa arrancaba con 4 meses de inmersión en el idioma, que estoy siguiendo desde España a la espera de que se abran las fronteras”, explica Sánchez. El ingeniero aeroespacial hará las correspondientes prácticas de la beca en una empresa especializada en misiones comerciales a la Luna. Ahí es nada.

Pese al dolor de cabeza que le acaban provocando las horas dedicadas al estudio de la lengua nipona y aunque son las soporíferas cuatro de la tarde del viernes en un verano que no acaba, Sánchez transmite buen humor, el mismo que le ha valido para hacerse con el primer premio de una nueva edición del ya asentado concurso de monólogos científicos. La idea de FameLab es original del Festival de Cheltenham, y es desarrollada en España por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) y el British Council.

El monólogo

Hace unos días se celebró la gran final en Pozuelo de Alarcón (Madrid). La hipotética frialdad del aforo reducido fue compensada por Manuel González, científico y divulgador, creador de la astrocopla, quien condujo el evento. El primer acercamiento de Alejandro Sánchez al certamen fue en 2017. “Vi unos videos en YouTube y pensé: ‘esto es lo mío’”. No fue tan fácil. “No logré inspirarme. Busqué ideas, consulté con amigos, pero no hubo forma”.

Todo lo contrario de lo ocurrido este año con su monólogo ‘Marineros del Siglo XXI’. “Volví a la carga con la idea más obvia en mi caso: ¿por qué no explicar cómo funcionan el GPS o cualquier sistema de navegación?”. Lo de ponerse manos a la obra se redujo a la mínima expresión. “En dos horas lo tenía escrito. Llamé a un antiguo compañero de clase, me dio algunos consejos, pero lo más importante es que se rio. Aún no me explico algunas ocurrencias del monólogo, sobre todo en la introducción”.

Alejandro Sánchez competirá dentro de unas semanas, y de manera virtual, en la final europea de FameLab. “Aún es complicado llevar la ciencia al público general, a aquellos que no tienen una formación específica. Una posible vía para que la investigación y la tecnología calen entre más gente es hacerlo a través del humor. La divulgación tiene que ser entretenida, seguir un hilo narrativo que enganche, que explique de manera sintética un concepto. Esta es la esencia de FameLab, ya hablemos del GPS o del ADN del maíz. Aprendizaje y diversión pueden ir de la mano”.

Vocación tardía pero fuerte

Sánchez admite que entró en la ingeniería aeroespacial sin una vocación clara. “No dejaba de sorprenderme que algunos amigos supieran sin dudar qué querían estudiar. Incluso áreas muy específicas del tipo ‘técnico de aerodinámica para coches de F1’. El mundo de los aviones, el espacio… me llamaban la atención, pero desde luego nunca fui un apasionado”.

La sorpresa viene a medida que avanza. “Fue un gran acierto. Me matriculé en una serie de asignaturas muy vinculadas a los sistemas de navegación y di en el clavo”. Al acabar la carrera se propuso buscar formación adicional a la medida de estas inquietudes. Con las opciones desiertas en España, pone ruta a Toulouse, epicentro de la aeronáutica europea. En la Escuela de Aviación Civil (la más prestigiosa del continente) ha pasado dos años cursando el Máster en Navegación por Satélite y Telecomunicaciones, con seis meses de prácticas en Thales Alenia Space, donde ha trabajado en los campos de la determinación de órbitas y la sincronización de relojes para el programa Galileo.

Futuro

“Es un sector en el que siempre hay que innovar”, apunta Alejandro Sánchez. Destaca entre los próximos hitos, la “aún lejana” irrupción del avión eléctrico. “Con el cambio climático hay que hacer todo lo posible para reducir las emisiones”. El joven puntualiza que, pese a ser una de las industrias más criticadas en este sentido, la aviación no está “ni de lejos” entre las más contaminantes. “Consume mucho queroseno, que contamina, pero no olvidemos la cantidad de gente que transportan los aviones”. En el terreno eléctrico, por el momento solo se han dejado ver algunos prototipos. “Queda mucho para aplicar esta tecnología a un Boeing 747”.

Sánchez también pone en valor algunos movimientos interesantes en la navegación por satélite. “Se está trabajando mucho en la integridad, es decir, en el desarrollo de sistemas, métodos y técnicas que permitan al usuario saber, en todo momento, si la señal que está utilizando es fiable”. El ingeniero añade que, en el ámbito de la Defensa, hay en marcha multitud de avances para proteger los sistemas de navegación de las aeronaves ante posibles ciberataques.

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