Accenture Digital Hub Accenture

Durante muchos años, alrededor de Torre Picasso, el famoso rascacielos de Madrid, transitaban hombres y mujeres en traje de chaqueta. Las corbatas daban un poco de color a una entrada que era como el propio edificio: largo, gris, el epítome de los negocios de la capital. Hoy se siguen viendo estos perfiles, pero menos. Ahora, los jóvenes millennials entran calzando unas Converse bien desgastadas y enganchados a varios aparatos electrónicos, en contraste con los zapatos negros y los maletines de piel noble. Algunos van al Accenture Digital Hub, todo un ejemplo para atestiguar la transformación de las empresas y la sociedad.

Parte del imaginario popular preconcibe a Accenture como una de esas grandes consultoras al más puro estilo Manhattan transmitido por el cine de los 80-90. Secretarias, informes y aburridos consejos de administración. Nada más lejos de la realidad. Hoy, más del 60 % de su negocio pasa por la sección digital, tanto en el mundo como en España. Es cierto que la transformación digital ha redirigido a empresas hacia este sector, pero el hub madrileño de Accenture –uno de los siete que hay repartidos por el mundo– va más allá. En este lugar, todos trabajan con todos, su innovación es efectiva y aplicable. Su propio diseño, como si de un garaje se tratara, es una declaración de intenciones para los clientes que los visitan. Aquí se innova, se cocrea, y los resultados no son de cara a la galería: los proyectos escalan y tienen un uso real. Inaugurado en marzo de 2017, el Accenture Digital Hub de Madrid es la muestra del cambio global.

“A Accenture lo conoce todo el mundo por su negocio de consultoría y tecnología, en lo que somos muy buenos, pero no parece que la innovación tenga esa sensación de reconocimiento para el gran público. Sí, cambiamos parte de la estrategia lanzando nuestra sección digital y, ahora, la mayoría de nuestros ingresos viene de la transformación de empresas con tecnología digital”, explica José Luis Sancho, director general de Accenture Digital Hub. En total, dentro del gran negocio que representa la compañía hay cinco líneas: Estrategia, Consultoría, Tecnología, Operaciones y Digital. “Todo este porfolio es con el que negociamos con los clientes. Trabajamos para grandes corporaciones aunque también para clientes más pequeños que tienen proyectos especialmente relevantes”.

Su entrada, diseñada estratégicamente como antesala de una innovadora inmersión, está hecha con el objetivo de impresionar, pero también para que la cocreación empiece pronto. “Reestructuramos los canales para ver cómo mejorar la relación con lo clientes, hacemos una experiencia distinta en móvil, webs, promovemos ecommerce, estudiamos cómo mejorar los recursos humanos o la relación con los empleados utilizando plataformas, etcétera. En todos los ámbitos profesionales utilizamos cada vez más procesos digitales. Ahí incluimos todo lo que tiene que ver con IA, movilidad, agencia digital, marketing digital, industria, cloud, ciberseguridad…”, señala Sancho.

“A Accenture nos faltaba esto como estrategia digital”, indica. “En lo digital no se suelen tener las ideas tan claras como cuando se quiere hacer un proyecto de contabilidad, por ejemplo. Los bancos, sin ir más lejos, preguntaban por los procesos que tenían que llevar a cabo para conseguir esa digitalización y ni nosotros lo teníamos claro. Pero se investiga y se llega a buen puerto. Ahora todo ha cambiado y lo que tenemos que hacer es cocrear. Cocrear junto a nuestros clientes”. 

Para que todo este proceso tenga sentido han creado una arquitectura de innovación en la que tratan de recoger los componentes clave de su estructura. Todo empieza con el Research porque, como subraya Sancho, “para innovar hay que fijarse siempre en las tendencias”. De hecho, lanzan estudios todos los años en los que sus diseñadores muestran las tendencias de experiencia de servicios, una visión clara sobre lo que los clientes van a demandar.

La segunda parte tiene que ver con Ventures. “Creemos mucho en la innovación abierta. La innovación ya no está en mano de grandes corporaciones ni de universidades, hay muchas startups en infinidad de ecosistemas”. De hecho, Accenture tiene una base de datos en la que hay 380.000 startups a nivel mundial, analizadas y catalogadas como relevantes para las tecnologías que estudian. “En este centro tenemos unas 500 monitorizadas, solo en España. Con ellas, lo que hacemos es tomar una participación. Rippel, que es una de las grandes del blockchain, tiene participaciones nuestras. O en ciberseguridad, por ejemplo, también invertimos, como hemos hecho con startups de Israel –que forman parte de nuestro ámbito de actuación–“. 

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Algunas trabajan en el Accenture Digital Hub, metidas en lo que parece ser un garaje, aunque una vez que sube la puerta, la realidad salta a la vista. Una inmensa sala con varias tecnologías creadas por ellos dan fe de su trabajo. Hay distintas “tribus” que trabajan en industria o conectividad –algunos estaban testeando productos de Movistar, por los que han recibido un premio por cambiar la experiencia con el router–. El proyecto con Barcelona como smart city también tiene un lugar destacado en el “garaje”. Los hologramas con los que se representa su sensorización muestran los niveles de ruido, tráfico o suciedad –hecho por escobas conectadas, también repartidas por la sala–. 

“Innovaciones creativas que nosotros hacemos reales. Una startup puede tener una idea muy buena, pero tiene que escalar para integrarse en una compañía grande, por lo que juntamos grandes ideas y se las llevamos a los clientes. El hub recoge, de alguna manera, la colaboración y es el equipo el que cierra esos acuerdos”, afirma Sancho. De esas 500 startups monitorizadas por el Accenture Digital Hub, unas 80 trabajan allí, con acuerdos de distinto grado de madurez. Parte del cambio del ADN es la inversión que hacen en compañías, en las que algunas veces compran hasta el 100 % y las integran dentro de Accenture. Mantienen su cultura, lo que llaman “cultura de culturas”. Y adquieren desde simples ideas hasta compañías muy creativas. 

“Nuestra tercera pata son los Labs de tecnologías no maduras a nivel comercial pero con las que nos permitimos ‘jugar’ e investigar. Como nos pasó con el blockchain, que ya está en el siguiente estadio, ahora tenemos quantum computing, en la que tenemos equipos enteros trabajando en proyectos reales que todavía no comerciamos con clientes”. Cuando ven que un producto ya está maduro empiezan a hacer estudios para trabajar con sus clientes: blockchain, 5G o realidad aumentada son algunas de estas innovaciones que han pasado por los Labs. “Son estudios que en muy pocas semanas –ocho o doce– crean proyectos reales para clientes. Una a una o combinando esas tecnologías con startups y el conocimiento de nuestra compañía. Por ejemplo, el chatbot de cheking para Abianca lo hicimos en ese tiempo”, asegura.

Para trabajar en el Accenture Digital Hub hay que aplicarse. “En España somos 12.000 empleados, y aquí hay 300 personas. Puede trabajar cualquiera de la organización, pero hay que presentar un proyecto en el que se esté trabajando que sea especialmente innovador o que las capacidades del empleado sean especialmente innovadoras. Cada trimestre renovamos y van rotando. Entra un equipo, sale otro… Y puede ser de cualquiera de nuestros negocios. Pero siempre tiene que tener el punto de estar innovando”, explica Sancho. 

Es interesante también la mezcla de perfiles profesionales de este garaje tan particular de la Torre Picasso. Compañías de diseñadores o de tecnólogos o de científicos de datos tienen estos perfiles, pero no se quedan ahí. “Nosotros tenemos varias herramientas, tener todos estos perfiles, junto con los de negocio, y que sean capaces de trabajar juntos para cocrear algo buen mezclando otras tecnologías”. Además, hay unas quince nacionalidades. Y, por supuesto, hay gente joven, porque son los que trabajan en estos ámbitos, pero no es la edad lo determinante, ya que hay muchas generaciones interconectadas. “Por ejemplo, en la industria 5G el perfil de edad es mucho mayor que en otros. En la Industria X.0 lo mismo, ingenieros ‘top’ que vienen de Airbus para trabajar con nosotros”.

El foco principal siguen siendo las grandes corporaciones, pero también cuentan pequeñas y medianas compañías, muchas escuelas de negocios y digitales que quieren ver lo que hacen. “Una vez que trabajamos con ellos nos sorprende mucho que nos pidan trabajar aquí. Ven que el espacio funciona para trabajar de una manera distinta. Les gusta replicar nuestras metodologías”. Por ejemplo, hackean a las propias compañías –“con su consentimiento”, bromea Sancho– para mostrarles cómo protegerse, un ejercicio en el que, al fin y a cabo, salen mil ideas, porque saben qué es lo importante para ellos. Terminan descubriendo sus carencias hackeándose a ellos mismos. 

“Desde marzo del 2017 habremos tenido unos 170 clientes. Si quitas fiestas, fines de semana y demás significa un cliente cada dos días; trabajamos mucho. Pero la gracia de todo esto sigue siendo la capacidad de cocrear y ser capaces de sacar ideas en poco tiempo. Y escalarlas bien, que es donde falla muchas veces el proceso de innovación”.

Recorriendo el Accenture Digital Hub encontramos muchas tecnologías como si fueran los trastos que se dejan en un garaje –aunque en este lugar prima el orden–. Hay una sala para design thinking y otra más solemne preparada para cuando van presidentes de bancos y perfiles similares con una llama digital que ilumina y aporta serenidad a toda la habitación. Y, en los pasillos, pantallas donde se ven robots que hacen backoffice, abren aplicaciones, capturan textos… Y todos trabajando de forma efectiva, ninguno de cara a la galería. Porque ese es el objetivo final del Accenture Digital Hub: estudian, investigan, cocrean. Innovan. 

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