El mundo de Álex Rovira también es el nuestro (queramos o no)

“Vamos a hablar de los impactos que nos van a afectar no en el mundo que viene, sino en el que habitamos hoy”. El auditorio del Palacio de Congresos de Baluarte de Pamplona abarrotado ya no rechistó en la hora durante la que el empresario, escritor y muchas cosas más, Álex Rovira, fusionó pedagogía, economía, filosofía, psicología o geopolítica para tratar de iluminar el estrecho paso que separa el presente de un futuro hacia el que vamos tan rápido que ya hemos llegado.

Marcada en rojo en la agenda de la segunda edición de InnovAction Week (concluida ayer), la conferencia de Rovira arrancó con una recomendación. “Leed a Ortega”. Y es que las palabras del filósofo español –“Solo es posible avanzar cuando se mira lejos”- han adoptado una nueva vigencia en la vorágine actual. “El futuro no es inevitable, es inventable. Hacen falta eso sí altas dosis de fe, locura, talento y trabajo”- complementaba Rovira.

La vieja Europa, más vieja –y más pobre- que nunca

Aunque ni Rovira ni nadie sabe qué va a pasar, parece más o menos aceptado que una serie de impactos concretos acondicionará determinados escenarios en los que la riqueza de las naciones se va a construir “en base al talento; fundamentalmente hay que hacer una apuesta muy fuerte en preparación. Ese será nuestro activo”- apuntaba.

Desde un punto de vista económico, “si todo sigue igual”, lo venidero se caracterizará por un giro drástico en los centros de actividad económica. “En 2050 volveremos a las economías poderosas por territorio”. Europa desaparece del top –a excepción de Alemania y Reino Unido- . “Asia hierve… China crece, India crece. En 1995 el E7 (grupo de economías emergentes) generaba la mitad que el G7. En 2040 es probable que les doble. España baja de la posición 16 a la 26 en 2050”.

“Los países ya no se conquistan, se compran. El nuevo imperio va a ser chino”, explicaba Rovira, que pronostica que mil millones de personas entrarán en la clase media en una década, un crecimiento focalizado en Asia-Pacífico. “La burbuja inmobiliaria española será comprada en su mayoría por asiáticos”- añadía.

La vida, ¿qué vida?

“El año pasado se vendieron en Japón más pañales para adultos que para niños”- explicaba. “Será muy difícil que nos podamos jubilar a los 65. La crisis debería hacernos menos ingenuos, más lúcidos y más generosos, pero queramos o no, en el futuro tendremos que ser más solidarios y el reparto de la riqueza ganará presencia obligada”- añadía en referencia a que en el año 2100 habitaremos el planeta 11.000 millones de personas. “La Tierra no da para tanto, y habrá que potenciar la inteligencia basada en valores. Merkel ha dejado entrar a un determinado número de refugiados porque pronto serán los universitarios que Alemania por sí misma no produce y necesita. En el futuro no habrá fronteras ni muros. Europa será mestiza, por lo que las políticas de integración son todo un reto”.

La farmacogenómica va a revolucionar la medicina, “pero también los seguros”- apuntaba el vendedor de más de ocho millones de libros. “En 15 años un mapa genómico costará 20 céntimos y nos dará la prevalencia de enfermedades y salud. Es otro impacto a partir del cual la esperanza de vida crece drásticamente. Nos lleva a cuestiones filosóficas. La regulación o no de la eutanasia. ¿Qué sentido tiene la vida? El que le demos”.

Y tecnología, claro

Rovira se ha detenido con cómo la digitalización masiva ha roto los roles clásicos. No hay sector que se libre, y más vale que así lo perciban. “En algunos casos el mismo cliente puede ser prescriptor, canal y competidor”. Un contexto en el que los mercados se van a segmentar por situaciones.

La Realidad Aumentada, materiales como el grafeno, la nanotecnología…. “La robótica no nos robará el trabajo, nos hará más eficientes. No enfrentaremos a un grave problema de inflación académica. Formaciones que no tienen salida porque seguimos anclados en el sistema educativo prusiano del SXIX”. Para Rovira urge que los gobernantes entiendan que hay que incorporar a los programas educativos inteligencia ética, inteligencia práctica e inteligencia psicológica como activos fundamentales. Y pasar de una cultura de la frustración a otra que reconozca el talento. “¿Cuantas empresas –y cuántos países- tienen una área de prospectiva que mire lo que está pasando en el mundo?. Hay grandes empresas y profesionales en España pero hay que ampliar el campo de mira”, advertía.

Humanizar la humanidad

“El mundo cambia por compulsión o por convicción”, señalaba Rovira en alusión a la urgencia de abordar de verdad la ecología. “Necesitamos locos que cambien el mundo por convicción. Si no somos capaces de calzar el valor económico con el valor humano será difícil que todo esto tenga sentido. Hoy no hay calidad en el pensamiento, en los valores, los principios… y la psicología crea economía. La humanidad ha de ser humanizada para soportar la que se nos viene encima”.

“Si no somos capaces de educar a nuestros hijos en una nueva cultura de entender el mundo, esto se nos va de las manos. Lo que viene puede ser magnífico si aplicamos el talento entendido como valores en acción. Hoy en el mercado hay disponible mucho más talento que dinero”. Y Rovira tiene una palabra mágica para desbloquear este entramado: CULTURA. “Crear una cultura que ame la vida; no sólo la propia, que quiera hacer cosas, que tenga curiosidad y que inocule la voluntad de cooperar y compartir. Entonces habremos triunfado como especie, si no, vendrán muchas más crisis. La realización, la plenitud y el sentido son un síntoma de haber hecho cosas, no un fin; y no vivimos a la altura de nuestras capacidades, vivimos a la altura de nuestras creencias”- concluía.

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