Grupo del CIBERONC, coordinado por Luis Montuenga, en el CIMA.

Un estudio multicéntrico, coordinado por el Cima y la Clínica Universidad de Navarra, ha identificado una molécula que no sólo predice el pronóstico de los pacientes con cáncer de pulmón, sino que puede abrir una vía al desarrollo de futuras terapias personalizadas. 

Se tata de YES1, “una proteína que regula la proliferación de las células tumorales y su capacidad para generar metástasis”, apunta Irati Garmendia, primera autora de este trabajo desarrollado en el Programa de Tumores Sólidos del Cima.

“Se sabía que los niveles de esta proteína están elevados en varios tipos de tumores como el cáncer de colon, de hígado o melanoma. En este trabajo hemos demostrado que también aumenta en un 15 % de los adenocarcinomas y un 25 % de los carcinomas escamosos de pulmón, dos de los tipos más frecuentes de cáncer de pulmón –continúa la investigadora–. Además, esta alta expresión se asocia con un peor pronóstico de los pacientes, ya que aumenta la probabilidad de metástasis”.

Los resultados obtenidos, publicados en el American Journal of Respiratory and Critical Care Medicine, confirman que “al silenciar esta proteína se bloquea la capacidad invasiva de las células tumorales”, afirma Luis Montuenga, investigador senior del Programa de Tumores Sólidos del Cima y coordinador del Programa de Tumores de Tracto Respiratorio del CIBER de Cáncer (CIBERONC) y codirector del estudio junto con Jackeline Agorreta. “Esta correlación resulta especialmente importante para orientar ensayos clínicos dirigidos a inhibir la actividad de esta familia de proteínas”.

Fármaco inhibidor

El equipo científico ha estudiado el efecto de Dasatinib, un fármaco que está aprobado para el tratamiento de pacientes con leucemias y que, entre otros efectos, inhibe la actividad de YES1. “Hemos observado que el tratamiento con Dasatinib impide de manera selectiva el crecimiento tumoral en tumores pulmonares en los que esta proteína está elevada”, apuntan los doctores Montuenga y Garmendia.

Este fármaco ya se probó en ensayos clínicos de cáncer de pulmón, sin mucho éxito. Pero, según explica Montuenga en declaraciones a Innovaspain, con el biomarcador que sugiere su equipo se podrían identificar a las personas en las que sí debería funcionar. “Sería interesante probar de nuevo el fármaco pero seleccionando los pacientes en función de la expresión de la proteína YES1 y no a pacientes de cáncer de pulmón en general”, afirma el investigador senior del Programa de Tumores Sólidos del Cima.

Además, un equipo de científicos japoneses –con los que ya están intentando ponerse en contacto desde España–  acaban de publicar un estudio sobre una droga específica para la proteína YES1. Todo ello indica que aún quedan muchos pasos por dar para avanzar en esta invetigación.

“Nuestro trabajo muestra que YES1 es una diana terapéutica en cáncer de pulmón y puede servir como biomarcador para identificar pacientes que se puedan beneficiarse del tratamiento con Dasatinib u otros fármacos dirigidos contra YES1 o contra miembros de su familia de proteínas”, añaden los investigadores.

Los investigadores plantean que esta estrategia terapéutica podría beneficiar a pacientes que actualmente no disponen de ninguna terapia dirigida. “Nuestros esfuerzos se centran ahora en reducir los efectos secundarios asociados a este tratamiento y en combinarlo con estrategias de inmunoterapia que mejoren el efecto antitumoral de este abordaje terapéutico”.

Parte de este trabajo se ha realizado con muestras procedentes de 116 pacientes de la Clínica Universidad de Navarra y de 222 pacientes del MD Anderson Cancer Center de Universidad de Texas (EEUU).

Además, ha contado con la colaboración del Centro de Investigación del Cáncer (CIC) de Salamanca, el Hospital Universitario Doce de Octubre, en Madrid, y el Instituto de Investigación Sanitaria del Principado de Asturias, dentro del marco del CIBER de Cáncer (CIBERONC).

También han participado el Hospital Universitario Vall d'Hebron y el Instituto de Investigación Universitaria de Bellvitge, en Barcelona. Esta investigación ha sido cofinanciada por la Asociación Española contra el Cáncer (AECC), entre otras entidades públicas y privadas.

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