Paz Merelo: “Desempeñar parte de la carrera investigadora en el extranjero es casi un requisito, pero después lo lógico es volver”

Su proyecto, desarrollado en el IBMCP de Valencia, dará lugar a variedades de cultivos mejoradas, más productivas y comercializables

Tras cinco años en el extranjero (en el European Molecular Biology Laboratory, Heidelberg, Alemania) y convencida de que en España se puede realizar investigación de calidad,  Paz Merelo volvió en 2017 en busca de financiación para desarrollar su propia línea investigadora. Pocos meses después, los caminos de la ingeniera agrónoma y de la Fundación General CSIC se cruzaban en el programa ComFuturo, gracias al cual recibirá el apoyo que buscaba durante los próximos tres años, en su caso dentro del Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas (IBMCP, Valencia), centro mixto del CSIC y la Universidad Politécnica de Valencia.

“Me decanté por la Ingeniería Agronómica atraída por la biotecnología y la mejora genética”, explica Merelo, que desarrolló su tesis en el Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (IVIA) gracias a una beca INIA (Instituto Nacional de Investigaciones Agrarias). Durante ese periodo sentó las bases de su investigación actual al trabajar en aproximaciones genómicas dirigidas a entender las bases moleculares de la abscisión (el proceso de separación celular mediante el cual las plantas se desprenden de órganos como hojas y frutos) en cítricos. En 2011 obtuvo el doctorado en Biotecnología por la Universidad Politécnica de Valencia.

Ahora, su propuesta se centra en un aspecto clave para el futuro de buena parte de la producción agrícola: la denominada Parada Global de la Proliferación (GPA por sus siglas en inglés), el proceso por el que las plantas monocárpicas detienen de manera coordinada la floración y por tanto la producción de frutos y semillas.

“Una gran proporción de los cultivos con importancia económica (algunas especies de cereales, leguminosas o solanáceas) pertenecen a este grupo de plantas, que son las que representan un solo ciclo de reproducción, tras el cual, mueren”, explica la investigadora, que con su proyecto quiere identificar rutas genéticas y señales implicadas en la regulación del GPA y por ende en la duración de la fase reproductiva. “Abordaremos el problema desde distintos ángulos, utilizando técnicas de biología molecular y celular, genética y análisis de imágenes (live imaging)”, añade.

Más y mejores cultivos

En una primera fase, el trabajo se realizará con la especie modelo Arabidopsis thaliana, también monocárpica, que aportará conocimientos básicos antes de encarar una segunda etapa de la investigación con especies de interés agronómico como el maíz y el trigo, dos de los cultivos principales a escala global. El objetivo en este punto será extender su fase productiva y así aumentar la producción de semillas gracias, por ejemplo, al desarrollo de marcadores moleculares para programas destinados a retrasar el GPA.

Según Merelo, los resultados obtenidos serán pioneros en el área de la Biología del Desarrollo, y espera que las publicaciones resultantes impulsen a otros programas de investigación. El proyecto dará lugar a variedades de cereales mejoradas, más productivas y comercializables. “El aumento de la diversidad genética de estos cultivos contribuirá a potenciar la competitividad de los productos agrícolas españoles a medio plazo, ya que los cultivos anuales (los citados monocárpicos) son un componente principal de nuestros campos”, señala Merelo sobre la vertiente más económico-social de su línea de investigación, y añade que los avances generados también jugarán a favor de la Seguridad Alimentaria, “un problema crítico del siglo XXI”, ya que cultivos más productivos podrán hacer frente a la demanda de alimentos de una población que no cesa de crecer y que variedades con una fase reproductiva más extensa, o GPA tardío, posibilitarán ajustar la producción frente a cambios climáticos puntuales.

Próximos pasos

Decidida a poner todo su empeño para seguir su carrera investigadora en España –gracias a convocatorias como la Ramón y Cajal o las European Research Council Grants– reconoce algunas dificultades inherentes a la práctica científica. “Trabajamos con hipótesis, con planteamientos arriesgados e innovadores, y existe la posibilidad de que los resultados sean negativos o no tan positivos como se esperaba”, explica Merelo, que llama a la constancia para paliar posibles efectos nocivos. “Todo conlleva mucho esfuerzo, así que las buenas noticias como fue la entrada en ComFuturo, se celebran a lo grande”, y detalla algunos privilegios de su trabajo, como que el aprendizaje constante haga “imposible” caer en la monotonía y el aburrimiento.   

Merelo lamenta los recortes y la falta de estabilidad profesional en el campo de la investigación, e invita a que proliferen alianzas público-privadas para pelear contra estos déficits y a la vez favorecer la transferencia de conocimiento. “También es importante crear más plazas estables siguiendo un proceso de evaluación transparente y riguroso”, explica la investigadora, defensora de la movilidad internacional, ya sea para realizar estancias, para captar talento o para facilitar el retorno de investigadores españoles. “Pasar parte de la carrera investigadora en centros punteros en el extranjero es prácticamente un requisito obligatorio para nuestra formación pero, lo lógico, es que después de ese periodo, el país que ha invertido tanto en nuestra formación recupere ese talento”, concluye.

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