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Pablo Serna: "Los químicos podemos convertirnos en los 'Da Vinci' del SXXI"

El estudiante predoctoral e investigador de la Universidad Jaume I de Castellón es considerado uno de los químicos europeos de mayor proyección. El Cefic lo ha seleccionado para formar parte de la recreación de la mítica foto de la Conferencia Solvay de 1927 en la que aparecían Einstein y Marie Curie
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El químico Pablo Serna. (Imagen: UJI).

En 1911, el industrial belga Ernest Solvay marcaba un punto de inflexión para la física y la química. La puesta en marcha de las Conferencias Solvay sirvió para tratar con una nueva relevancia los aspectos que marcaban el paso de estas disciplinas. La Quinta Conferencia Internacional de Solvay sobre Electrones y Fotones de octubre de 1927 es la más conocida de las que se celebraron: 17 de los 29 asistentes -allí estaban Einstein y Marie Curie- eran o se convirtieron en ganadores del Premio Nobel.

Todos ellos posaron para una fotografía histórica que ahora ha recreado el Consejo Europeo de la Industria Química (Cefic) con motivo de su 50 aniversario. 34 científicos de primer nivel de la química europea, incluidos dos premios Nobel, y 21 estudiantes de doctorado con un brillante expediente, se reunieron el 30 de mayo en el Hotel Metropole de Bruselas. Entre ellos se encontraba el joven químico Pablo Serna, estudiante, profesor e investigador de la Universidad Jaume I de Castellón.

“Fue un momento muy emotivo que resultó incluso mejor de lo que esperaba. Aún cuesta creerlo”, explica Serna a Innovaspain al otro lado de la pantalla. Su presencia en Bruselas estaba más que justificada. En 2019, el químico fue Premio SusChem – Jóvenes Investigadores Químicos, que cada año otorga la Federación Empresarial de la Industria Química Española (Feique).

(Súper) joven investigador

Desde el primer año de carrera, Pablo Serna compagina la actividad académica con el trabajo en el laboratorio gracias a un programa de la UJI que ofrece esta posibilidad a los mejores expedientes de sus aulas. “Llevo ocho años colaborando con grupos de investigación. Se nota en beneficioso que resulta acumular bagaje sobre el funcionamiento del laboratorio y a la hora discernir los campos que me interesan más, como los materiales multifuncionales con aplicaciones eléctricas o los materiales con propiedades ópticas”.

Ser considerado por el Consejo Europeo de la Industria Química como uno de los investigadores jóvenes de mayor proyección tiene que ver también con la apuesta de Serna por una química sostenible que tenga en cuenta su aplicación en el mercado. En esta línea, ha participado en el desarrollo de nuevos pigmentos, libres de tóxicos, destinados a la industria cerámica, actividad emblemática en Castellón. “Además, el cambio climático y sus imposiciones nos han llevado a trabajar en los llamados cool pigments, cuyas propiedades recubriendo edificios pueden hacer que la temperatura interior baje 3-4 grados. En zonas muy cálidas tiene una gran relevancia desde el punto de vista de coste energético”.

El presente

En su tesis doctoral, Pablo Serna ha puesto el foco en los nanomateriales con propiedades ópticas. “En los nuevos materiales buscamos el (complejo) equilibrio perfecto entre síntesis, estructura y propiedades. La parte más experimental, la de laboratorio puro, nos lleva a nuevos hallazgos sobre propiedades luminiscentes: qué le sucede a un material cuando es irradiado con una fuente de energía. También introducimos lantánidos (o tierras raras, “ya no tan raras”) en nuestros materiales. Esto nos sirve, por ejemplo, para vincularlos con nanopartículas de plata y oro y desarrollar tintas anti-falsificadoras de billetes.

En el campo de la salud, distinguen nuevos biomarcadores. “Sabemos que, en un tumor, las células tumorales y no tumorales no responden igual a la luminiscencia que irradiamos. Ese comportamiento variable nos ayuda a distinguir los dos tipos de células de manera más afinada”, apunta.

El futuro

Hace unos días, a Pablo Serna y al resto de jóvenes químicos seleccionados les plantearon una pregunta: ¿Qué metas piensan que habrá alcanzado la química en 2050? “Creo que los nanomateriales y la colaboración de la química con otras disciplinas, como la inteligencia artificial, serán dos de las claves a considerar. Puestos a soñar de forma realista, quizá podremos disponer de una impresora molecular, capaz de sintetizar un material o una molécula a partir de determinadas características”.

El investigador añade una variable con la que “todos, y me incluyo dentro de mi faceta como profesor, nos tenemos que poner las pilas”. Serna alude a la circularidad de la química, un aspecto no tratado a su juicio con la intensidad que requiere. “Al alumno le enseñan lo típico, lo que marca la guía docente, y no tanto lo relativo a los retos, los problemas y posibles evoluciones de la química actual”.

El investigador opina que, entre reacciones químicas y miles de fórmulas, apenas se profundiza en la utilidad práctica de los materiales y en cómo aprovecharlos para que sean protagonistas de la economía circular. “Muchos materiales tienen una vida útil y es complejo reciclarlos, de ahí que debamos potenciar determinadas investigaciones. Hemos de dar con métodos alternativos que permitan el desarrollo de una nueva química. Ese punto de inflexión es necesario”.

Divulgación – Vocación

“Lo importante es transmitir lo que hacemos los científicos de manera dinámica o no servirá de nada. Sólo así demostraremos que la química está presente en todos los aspectos de nuestra vida”.  Pablo Serna percibe que las carreras de ciencias deberían prestar atención a formar en capacidades divulgativas a sus alumnos. “Aprendemos mucho, pero no sabemos cómo comunicarlo, así que no queda otra que cubrir esos déficits por nuestra cuenta”. En su caso, forma parte de la Junta de Dirección del Colegio de Químicos de la Comunidad Valenciana, del que es el delegado en Castellón. “Una motivación para estar ahí es precisamente ayudar a los estudiantes a hacer visible la química y todo lo que implica en nuestra cotidianeidad”.

Pablo Serna admite que él es el primer científico de la familia. “Nadie me ha influido directamente, pero no olvido esos domingos por la tarde en los que después de ver pelis como ‘El profesor chiflado’, preguntaba a mis padres cuándo podría trabajar yo en un laboratorio”.

El joven se declara un apasionado “de la magia” que provoca la química. “Al fin y al cabo, la química procede de la alquimia. Me gusta la parte más histórica de los ‘porqué’. De hecho, el primer día de clase hablo a mis alumnos de Newton. Todo el mundo conoce la anécdota de la manzana y la gravedad, sin embargo, no muchos saben que era uno de los grandes alquimistas de la época. En su laboratorio clandestino llevaba a cabo experimentos secretos que hoy serían considerados poco más que recetas de cocina, pero que en su día ayudaron a que la química avanzara”.

Posicionarse

Su deseo es quedarse un tiempo en la UJI una vez complete su doctorado. “Hay que distinguir entre el científico industrial y el académico. Para los primeros existen buenas oportunidades en España. El mundo académico, aquí y en el resto de Europa, es muy competitivo y complejo. En el caso de España, la inversión en ciencia está muy por debajo de lo deseable. No tiene sentido que un investigador no alcance cierta estabilidad hasta pasados los 40 años; empalmando unos contratos con otros y lastrado por los asuntos burocráticos”.

El investigador insiste en que, además de una mayor inversión, hay que darle una vuelta al enfoque de la química. “Podemos ser los Da Vinci del siglo XXI. Es uno de los grandes retos: para brillar hay que destacar en cualidades que no todo el mundo atesore, y los químicos somos capaces de llegar a ser considerados entre los artistas de este tiempo”, concluye.

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