neutralidad de la red

Por Antonio Garcia Zaballos – Esta columna fue publicada originalmente en el blog Abierto al público del BID.

¿Qué significa la neutralidad de la red? Es un término que escuchamos de vez en cuando, pero como tantos otros términos de la era digital, a veces es difícil diferenciar entre el ruido y el significado verdadero.

Cuando pensamos en la oportunidad de las nuevas tecnologías y nuestra dependencia creciente en la conexión constante que el Internet nos brinda para acceder a la información y comunicar el conocimiento, el concepto de neutralidad de la red juega un papel esencial. En este artículo, exploraremos los argumentos que dan forma al asunto detrás de la neutralidad de la red y cómo afecta la oportunidad de poder acceder al conocimiento compartido en línea.

¿Qué significa la neutralidad de la red? Dos perspectivas

De los proveedores de servicios de Internet

Los proveedores de acceso a Internet tratarán a todo tráfico con igualdad, sin discriminación, restricción, o interferencia, y sin importarse sobre quién envíe y quién reciba. También no debe tomarse en cuenta el tipo de contenido que haya sido accedido o distribuido, las aplicaciones o servicios que provean el contenido, o el tipo de hardware utilizado.

De los usuarios finales

Los usuarios finales tienen el derecho de acceder y distribuir información y contenido, usar las aplicaciones, servicios, y dispositivos de su preferencia, sin importar el punto de origen y lugar de acceso del usuario ni del proveedor(es) de los servicios o contenidos a través de su servicio de Internet.

Para poner estas dos perspectivas en contexto, tenemos que entender cómo fluye el contenido desde los creedores hasta el usuario.

La infraestructura que conecta al usuario final

En una sociedad cada vez más digitalizada, ya no es suficiente para los usuarios estar conectados, sino disfrutar de una conexión de calidad que permita acceder a contenido de forma casi inmediata y a un precio lo más asequible posible. Podemos ver este fluyo entre el conocimiento (en forma de contenidos multimedios) y el usuario a través de la cadena de valor digital:

En esta cadena, observamos varios niveles de servicios. El contenido, tanto informativo, creativo, y las comunicaciones que intercambiamos públicamente en las redes sociales. Los servicios que llevan este contenido en sus páginas y plataformas. Los servicios de tecnología que permiten gestionar los sitios Web, validar transacciones en línea, y monitorear el rendimiento de las redes. Los proveedores de servicios de Internet que activan la conectividad a través de Wifi, redes móviles, y satélites. Luego, hay la interfaz del usuario, compuesto de hardware y software que habilitan a los dispositivos acceder y visualizar a los contenidos. Finalmente, nos encontramos con el usuario, que no solamente representa miles y miles de personas alrededor del mundo sino también instituciones públicas y empresas.

Los beneficios de “la super carretera de información” contribuyen a mejorar la calidad de vida de las personas, mejorar la productividad y permitir el acceso a los servicios públicos por parte de la mayor parte de la población, lo que contribuye a reducir la brecha digital y social.

¿Cómo mantener abierta la super carretera de la información cuando el tráfico sigue creciendo?

En las carreteras digitales, estamos por enfrentarnos a la saturación por el creciente volumen de tráfico. De acuerdo con la asociación de operadores móviles, el GSMA, el crecimiento de los datos móviles en el mundo durante el periodo 2015-2020 se espera que sea de un 53% anual. Dicho crecimiento del 21% para el caso de América Latina y el Caribe. En 2017 un usuario final estuvo conectado a Internet una media de 5,9 horas por día de las cuales, un 20% de ese tiempo se dedicó al acceso a contenido de video, un 13% a redes sociales y un 14% a música, es decir, un 59% de todo el tiempo se dedicó a tres servicios muy concretos. Compara con el tiempo que un usuario medio dedicaba a estos tres servicios en 2015, unas 4,2 horas por día.

Por ponerlo en contexto, es como si el tráfico que circula por nuestras carreteras se duplicara en menos de cinco años. Esto nos llevaría a preguntar si las carreteras tendrían la capacidad para soportar ese crecimiento del tráfico y cómo garantizar la operación segura y el mantenimiento de calidad de estas.

Las plataformas de acceso a contenidos son actores que están contribuyendo positivamente a la dinamización de la demanda, pero también a la saturación de la red. Se puede observar un crecimiento anual acumulado de más del 40% en el caso de las empresas de contenido online durante el periodo 2009-2017 frente a un crecimiento de apenas el 6% para las empresas de infraestructuras que proveen conectividad.

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Conoce más sobre el Índice del desarrollo de la banda ancha en América Latina y el Caribe

Para garantizar la calidad del servicio y la capacidad de la infraestructura digital que atienda este tráfico en las redes, hay dos cuestiones para plantear frente la neutralidad de la red:

1) Primero, si es posible autorizar y permitir la gestión del tráfico que circula por la red respetando en todo caso los siguientes principios:

  • La transparencia
  • No discriminación
  • La proporcionalidad del volumen
  • No monitoreo del contenido
  • No priorización en función de aspectos comerciales

2) En segundo lugar, hasta qué punto se debería autorizar una oferta comercial que permitiera a los propios usuarios decidir el esquema tarifario que mejor se ajusta a sus necesidades. De forma tal que, aquellos usuarios que requieren un mayor ancho de banda y capacidad paguen un mayor precio que aquellos que hacen un uso más moderado de la infraestructura. Esto lo podemos imaginar tal y como ocurre con muchos servicios, los peajes en función de tipo de vehículo, servicio postal priorizado, tarifas aéreas, etc.

El desarrollo digital ante un cruce de caminos

Para garantizar los niveles de calidad de servicio, los marcos reguladores y el diseño de políticas públicas tendrán que adaptarse a la nueva cadena de valor digital. A la vista de esto surgen más preguntas a las que se tiene que responder en América Latina y el Caribe. Entre ellas, ¿Hasta qué punto se debería realizar alguna intervención pública que permita extender los beneficios de la red a los usuarios que no tienen acceso? En el caso de América Latina y el Caribe, aún el 50% de la población.

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