Ruiz Zelmanovitch astrocopla
Natalia Ruiz Zelmanovitch (Foto de Kerp Photography)

Llegó al mundo de la ciencia “por serendipia, como ocurren estas cosas”. Natalia Ruiz Zelmanovitch (París, 1972) se licenció en Traducción e Interpretación (Francés/Inglés) por la Universidad de Granada, pero, “por casualidades de la vida”, terminó trabajando en el departamento de comunicación del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC). Allí nació una pasión por el mundo científico que se mantiene hasta hoy y que ella ha enfocado al campo de la divulgación.

“Es una especie de reto desenmarañar información compleja a partir de un artículo científico que tienes que, no solo comprender, sino también encontrarle el punto atractivo”, asegura cuando se le pregunta por el empeño de poner al alcance del público los entresijos de cualquier investigación.

Ella diferencia entre la comunicación (“mi trabajo, trabajo; lo que me da de comer”) y la divulgación; incluso separa el campo de la educación. En todas estas líneas se ha avanzado mucho en los últimos años, aunque señala que “todavía nos queda mucho por caminar”.

“Hay un esfuerzo mayor por parte del mundo de la ciencia por hacer llegar los resultados de su investigación a los ciudadanos y ciudadanas, que al fin y al cabo son quienes están pagando con sus impuestos todo”, asegura Ruiz Zelmanovitch.

Coplas de astronomía

La brecha ciencia-sociedad “tiene muchísimas aristas”. “Al fin y al cabo de lo que se trata es del conocimiento; y el conocimiento algunas veces es más difícil de digerir o de acceder a él”, apunta. La solución puede estar en que existan “productos divulgativos para todo tipo de públicos”. Hay que pensar “tanto en la persona que va a leerse un artículo sesudo y profundo”, como en aquellos que buscan contenidos que casi podríamos encuadrar dentro del puro entretenimiento.

Es el caso de las astrocoplas que realiza junto al físico y divulgador Manuel González. La idea nació en 2015, cuando los dos coincidieron en el Instituto de Ciencia de Materiales de Madrid (“de nuevo la serendipia”) y él decidió participar en el concurso de monólogos Famelab contando como nacen, viven y mueren las estrellas a la vez que imitaba a Lola Flores.

De ahí nació el duelo de copleras que ha permitido que Lola Flores y Rocío Jurado nos expliquen el espectro electromagnético, que Rafael y Rafaela hablen de la expansión del universo o que las princesas Disney canten a las herramientas más destacadas del campo de la astronomía. Elaboran un espectáculo nuevo al año que representan en distintos tipos de eventos científicos. 

Varios libros

Coplas y mucho más. Natalia Ruiz no para y toca diversos palos. En su web CuentoFilia escribe historias breves que, según sus propias palabras, “llaman a las emociones humanas”. Sus cuentos se basan en objetos a los que ella da vida.

A raíz de esta web participó en el libro colectivo ‘Disecciones: Diez relatos sobre la enfermedad’. Fue un paso previo a la obra gráfica y literaria que ha publicado junto a Silbia López de Lacalle con el título de ‘Galápagos’. Es “un lamento, un quejido por como estamos influyendo de una forma tan salvaje en el ecosistema”.

Incluso se ha atrevido a protagonizar el documental ‘El Enigma Agustina’, un proyecto liderado por el otro astrocoplero ya mencionado, Manuel González, para dar a conocer la vida de Agustina Ruíz Dupont, una de las figuras de la ciencia española borradas por la Guerra Civil.

Natalia Ruiz Zelmanovitch y Manuel González en el documental ‘El Enigma Agustina’.

Nuestro propio sesgo

Y en este campo, en el de la igualdad de género, también queda mucho por hacer. Una prueba de ello son “los gritos políticos que están surgiendo ahora intentando desmentir que exista ese techo de cristal, con todos los estudios e informes que hay hechos a estas alturas”, señala. De hecho, las mujeres son mayoría en las facultades, pero la proporción se invierte a medida que subimos en los cargos de responsabilidad y dirección.

Es necesario “que se pongan soluciones reales a todas las trabas que tienen las mujeres a la hora de avanzar; trabas que están muy relacionadas con nuestro propio sesgo”, dice en referencia al caso de Jennifer y John, un interesante estudio de género realizado en universidades estadounidenses.

“La mayoría de los nombres que te vienen a la mente cuando vas a hablar de un tema de ciencia son hombres –continúa Ruiz Zelmanovitch–. Tenemos que ser conscientes de que, de forma natural, por nuestra educación y cultura, nuestra mente va a ir directa a un señor brillante y no va a buscar a una señora que es igualmente brillante, pero que es menos conocida”. Por eso considera que desde los medios de comunicación se debe realizar “un papel proactivo” para buscar personajes femeninos que también puedan servir de referencia a generaciones futuras.

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