Para entender la trayectoria de la investigadora Nagore I. Marín (Bilbao, 1989) hay que remontarse al tiempo en el que pasaba las horas muertas con su abuela preparando en la cocina las pócimas que la infancia hace mágicas. Mezclas de especias y aceites en la época en la que las farmacias le gustaban tanto o más que las jugueterías y en la que, entre capítulo y capítulo de ‘Érase una vez la vida’, se forjó una vocación encaminada a tratar de “arreglar el cuerpo cuando algo se estropea”.

Que la cosa iba en serio se confirma en la facultad de Farmacia de la Universidad de Granada, donde se licencia con Matrícula de Honor, lo que le vale el Premio Nacional a la Excelencia en el Rendimiento Académico Universitario. En Madrid cursa un máster en Genética y Biología Celular y obtiene una beca del Campus de Excelencia de Moncloa para hacer la tesis doctoral entre la Universidad Complutense de Madrid y el CSIC.

Con su TFM sobre células madre tumorales de mama se hace con el Primer Premio Nacional en el certamen Arquímedes de Jóvenes Investigadores. Consciente de que hoy no basta con un expediente brillante, compagina la tesis con un máster MBA, “porque siempre me ha llamado la atención la industria farmacéutica y quería aprender más sobre marketing o economía”.

En el tercer año de tesis tiene una primera toma de contacto con el ámbito científico estadounidense gracias a una estancia de tres meses en la New York University. “Fue una experiencia maravillosa y además muy útil, porque obtuve muchos resultados en un período breve de tiempo. Esto me animó a enviar mi currículum para hacer un postdoc en EE.UU. al terminar la tesis doctoral”.

Y así fue. Hoy trabaja como investigadora postdoctoral en la Universidad del Sur de California, en Los Ángeles. Recientemente, ha empezado un máster en ensayos clínicos y asuntos regulatorios (regulatory affairs). “La universidad me lo regala por trabajar para ellos, y considerando lo prohibitivos que son los costes de la educación universitaria en EE.UU., ¡es toda una oportunidad!”.

Excelencia investigadora

Su labor hasta la fecha se ha centrado principalmente en el desarrollo de tratamientos en el área de oncología. El miedo a esta enfermedad le ha incitado a conocerla en profundidad para contar con más armas para hacerle frente. Si durante su tesis trabajó sobre todo con tumores de mama y páncreas, hoy tiene el foco investigador en tumores del sistema nervioso central, fundamentalmente glioma, un tipo de cáncer con una dificultad añadida a la hora de desarrollar fármacos, ya que “además de reducir el tumor, deben tener las propiedades fisioquímicas adecuadas para poder atravesar la barrera hematoencefálica (que protege el sistema nervioso central) y llegar al cerebro, donde se encuentra el glioma”, explica Marín, que pone en valor que su grupo de investigación recibe las muestras de los tumores de los pacientes directamente del quirófano, lo que hace que los resultados tengan mayor valor clínico. “Estamos desarrollando varios compuestos que son activos frente a las células madre tumorales del glioma, las cuales son resistentes a los actuales tratamientos de quimioterapia y son por tanto las culpables de la recurrencia”, apunta la investigadora.

Marín está a cargo de otro proyecto, éste relacionado con las malformaciones de los vasos sanguíneos del cerebro (conocidas por sus siglas en inglés como AVM –arteriovenous malformations-) que suelen pasar desapercibidas porque pueden ser asintomáticas, pero que pueden llegar a causar accidentes cerebrovasculares e incluso la muerte por hemorragia cerebral en gente muy joven. “Hoy en día no existe ningún tratamiento no invasivo, y cuando se detectan, la solución consiste en cirugía o embolización endovascular, técnicas muy invasivas y que no siempre son factibles, dependiendo de la localización de la malformación vascular en el cerebro”, explica Marín, que señala que en el laboratorio de la Universidad del Sur de California han desarrollado un tratamiento que revierte dichas malformaciones arteriovenosas. “Actualmente, lo estamos probando en ratones que poseen una malformación genética que hace que desarrollen AVM. Si funciona, esperamos poder probarlo en los pacientes que no tienen otra alternativa de tratamiento y ayudarles a reducir el riesgo de hemorragia cerebral”.

En su guerra declarada al cáncer, Nagore Marín ha tenido tiempo también para registrar una patente. Una de las proteínas más frecuentemente mutadas en tumores es Ras. Sin embargo, tiene unas características que dificultan el desarrollo de fármacos que la inhiban. En la Universidad Complutense, Marín y su grupo planteó inhibir ICMT, otra proteína que modifica Ras y que permite que sea funcionalmente activa, de modo que lograría un bloqueo indirecto de la actividad de Ras y el consiguiente efecto antitumoral. “Los compuestos demostraron actividad antitumoral en líneas celulares derivadas de distintos tipos de cáncer e incluso en ratones con tumores pancreáticos donde Ras estaba mutada y era muy activa, por lo que parecen unos compuestos muy prometedores”.

Un viaje con billete de vuelta

“Tuve la suerte de que mi marido no dudó en dejarlo todo para venir conmigo a Los Ángeles, así que no emigré sola”, explica Marín, que admite que aunque están conociendo gente maravillosa y viviendo miles de experiencias nuevas “no nos vemos envejeciendo aquí; este es un país que ofrece grandes oportunidades a nivel laboral impensables en España y donde se puede crecer en lo profesional, pero en ayudas sociales e institucionales aún tiene que aprender de Europa”.

En la idea de lograr un buen balance entre trabajo y vida personal, la investigadora viaja todo lo que puede para conocer a fondo el país, está aprendiendo surf y tiene tiempo para el voluntariado en un refugio para perros abandonados (su amor por los animales hace que supervise y analice los resultados de los ensayos de laboratorio con ratones, pero nunca los lleva a cabo directamente). En su tiempo de ocio juga una baza importante la oferta cultural a la que tiene acceso por formar parte de la Universidad del Sur de California. “Aquí dan mucha importancia a que te sientas valorado como trabajador y organizan muchas actividades para demostrarnos que nos aprecian. No me imagino en España a las universidades invitándonos a cenar o a la ópera para recordarnos que somos los pilares en los que se basa su éxito como institución”.

Mujeres STEAM

“Se está avanzando pero queda mucho por hacer”, opina Marín al ser preguntada por los problemas de brecha de género del ámbito científico-tecnológico. La investigadora considera que el cambio definitivo pasa “por supuesto” por educar en igualdad a las nuevas generaciones, y cita un estudio reciente que pone en duda las diferencias de nacimiento entre los cerebros de hombres y mujeres al proponer que la neuroplasticidad del cerebro permite que desarrollemos más determinadas áreas en base a una educación que aún es diferente en cada género.

Entiende que la maternidad es un factor que limita “porque en general se percibe que tu productividad va a disminuir cuando te quedas embarazada, algo que no pasa con los hombres cuando tienen hijos”. Un punto de vital importancia en el ámbito científico “donde los contratos suelen ir asociados a proyectos y no son indefinidos… Ampliar la baja por paternidad e igualarla a la de maternidad o mejorar las ayudas sociales e institucionales contribuirían a facilitar la transición en esta etapa”, concluye Marín.

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