Valeria Souza
Valeria Souza, en la laguna de Churince, en Cuatro Ciénegas, que se secó completamente en septiembre.

Valeria Souza (Ciudad de México, 1958) es la cuarta mexicana, la primera mujer, en formar parte de la Academia Americana de Artes y Ciencias -en la categoría de miembro extranjero honorario-, la misma institución a la que pertenecieron científicos como Charles Darwin, Albert Einstein y 200 premios Nobel.

La institución fundada en 1780 ha reconocido el empeño de la científica por salvar Cuatro Ciénegas, en el desierto de Coahuila, al norte del país, uno de los humedales más importantes del mundo. 

La investigadora del Instituto de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ha sido elegida en el área de ciencias biológicas, en el campo de ecología evolutiva. Y todo gracias a “una investigación hecha en México, pagada por México, con estudiantes mexicanos”, subraya la científica especializada en evolución molecular y microbiana.

El reconocimiento es tanto por su labor científica, como social. La bióloga mexicana, que presume también de haber estudiado la licenciatura, la maestría y el doctorado en la UNAM, lleva 20 años luchando por proteger este oasis y parar la extracción de agua del humedal.

“Espero que este premio sirva para presionar a las autoridades competentes de cerrar unos canales que están secando (el humedal). El 90 % del agua de Cuatro Ciénegas sale del valle para regar alfalfa”, destaca.

La científica solicitó a la Comisión Nacional del Agua cerrar el canal de Saca Salada, que opera en la zona desde 1900. “No podemos permitir que el humedal más único del planeta, el que guardó la vida desde el principio, se muera por un kilo de alfalfa que vale dos pesos y gasta 10.000 litros de agua”, se lamenta.

Cuatro Ciénegas es un pequeño valle con “una montaña extraordinaria”, de nombre San marco y Pinos, que guardó en sus sedimentos la memoria viva del planeta junto con su agua, cuenta Souza. El sitio tiene una anormalidad magmática en sus profundidades que hace que brote un agua en las pozas a 32 ºC con “una diversidad microbiológica altísima”, prosigue. 

Esta montaña en medio del desierto es la fuente de todos las bacterias milenarias, las mismas que dominaron en el principio de la vida. Por ello, Cuatro Ciénegas es “el mejor modelo de tierra primitiva”.

Con más de 3.800 millones de años de antigüedad, estas bacterias han formado unas estructuras minerales llamadas estromatolitos, que se encuentran en pocos lugares del planeta.

Este sitio también sirve para estudiar lo que sucede en Marte ya que “tiene los mismos minerales” que el planeta rojo, así como metano y el azufre.

La montaña del lugar es “un cofre del tesoro” en el que se guardó el mar junto con sus bacterias y que las recicla. El mar, que antes era anaranjado porque no había oxígeno y era muy rico en azufre, se volvió azul gracias a las bacterias. “Las comunidades ancestrales que todavía viven en Cuatro Ciénegas son las que construyeron todos los ciclos bioquímicos que conocemos”, precisa.

Valeria Souza (en medio) con sus alumnas. Detrás de ellas, una poza con estromatolitos.

Innovar con bacterias

Este oasis llegó a ella gracias a la NASA y al ictiólogo Wendell Minckley. “Yo no sabía que existía y en 1999 nos llevaron a mí, a mi marido, y a nuestros hijos, a conocer. Me enamoré perdidamente de su misterio”, asegura. 

Pese a que la NASA pagó los tres primeros años de las investigaciones en la zona, la mayoría han sido financiadas por el Gobierno de México, a través de Conacyt, y por la UNAM. Durante seis años, la Fundación Carlos Slim también financió un estudio “para poder entender todo antes de que se muriera parte del ecosistema”, subraya Souza.

La científica y su equipo están ahora estudiando un lugar más protegido, aquel que estudiaron durante 18 años “ya se murió”. Las bacterias sobrevivieron pero no las tortugas endémicas, ni los peces.

La bióloga ha destacado el trabajo de los jóvenes del bachillerato técnico agropecuario del lugar, CBTa 22, donde lleva 15 años trabajando, ya que “están innovando no solo con biotecnología que puede ayudar a la agricultura, sino también con modelos de producción sustentables”. En concreto están probando diferentes forrajes para las vacas hechos con nopal, una cactácea que casi no necesita agua.

En su laboratorio de biología molecular están también explorando otras posibilidades, desde probióticos para plantas, hasta antibióticos nuevos. Incluso un estudiante de doctorado encontró allí bacterias que pueden eliminar células cancerosas. “Los recursos genéticos del lugar van a ser vitales para la agricultura y para la medicina”, dice con orgullo Souza.

La científica mexicana advierte sobre la urgencia de cambiar el modelo de producción agrícola actual. “La agricultura del desierto tiene que transformarse. Si logramos salvar a Cuatro Ciénegas haciendo una mejor agricultura y un modelo de desarrollo sustentable entonces podemos enseñarle a dos terceras partes de México cómo sobrevivir al cambio climático, pero también a una tercera parte del globo terráqueo que está en zonas áridas”, concluye.

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