Maria Garcia Puyol

Creció entre conversaciones de ciencia con su madre y la afición por la tecnología, las matemáticas o la física. Ingeniera de Telecomunicaciones por la Universidad de Málaga, su ciudad, el programa Erasmus y el Politecnico di Milano la tentaron en cuarto curso. Era el paso previo a otro salto de más envergadura: se hizo con el premio al mejor Proyecto Fin de Carrera (y al expediente académico más brillante) en 2011 por el trabajo (desarrollado en el Centro Aeroespacial Alemán – DLR, ubicado a las afueras de Münich) basado en el posicionamiento de peatones en interiores (para ubicar a personas dentro de edificios), objeto también de su doctorado, que llevó a cabo en el propio DLR.

Sidney, 2012. Mientras trabaja en su tesis (calificada como summa cum laude tras su presentación en enero de 2017), María García Puyol expuso uno de sus artículos en un congreso sobre posicionamiento de interiores que se celebraba en la ciudad australiana. Es entonces cuando conoce a su futuro jefe en Google, donde empieza a trabajar como ingeniera en 2014. Como apuntaba la inercia de su actividad previa, hoy forma parte del equipo de geolocalización de Android en Mountain View, sede central de la compañía.

“Mejoro los sistemas de posicionamiento en interiores, es decir, trabajo en estimar correctamente la ubicación de un usuario cuando utiliza las funciones de geolocalización con un teléfono Android. El ejemplo más claro es el “punto azul” de los mapas de Google que indica dónde te encuentras”, explica García Puyol, sobre una contribución que favorece que encontramos el restaurante más cercano, podamos pedir un Uber en la vorágine de una terminal de aeropuerto o navegar dentro de edificios.

Mayo de 2014. Una compañera, Product Manager de Google, le comenta un boceto de idea para mejorar los servicios de localización durante emergencias –“parecía ilógico que Uber llegara a la gente antes que una ambulancia”- para lo que necesitaba un programador. “En primer lugar había que implementar cómo detectar llamadas salientes, activar los servicios de localización del móvil y mandar las coordenadas a los servicios de emergencias”.

Así empezó ELS, al principio como uno de los famosos proyectos de 20% de Google en los que los empleados pueden invertir esa quinta parte de su tiempo de trabajo hasta que, unos meses después, fue aprobado como proyecto oficial de Android y comenzaron a colaborar con diferentes países. ELS le ha valido a García Puyol para ser elegida entre los jóvenes europeos Under35 más prometedores del año según la publicación MIT Technology Review.

Proyecto ELS
Proyecto ELS.

“Lo más complicado fue implementar el sistema completo empezando desde cero, sobre todo porque hasta ese momento nunca había programado para Android”, señala la ingeniera, que destaca lo gratificante que resultó comenzar a recibir el feedback del funcionamiento de la idea de manera tangible –primero se pone en marcha en Reino Unido, y después en Estonia y Lituania– ya que estaba ayudando a encontrar a personas en situaciones críticas, “muchas de vida o muerte”.

A medio plazo pretenden lanzarlo en más países y seguir mejorando la precisión de la ubicación que remiten a los servicios de emergencia. “En concreto queremos saber en qué planta del edificio se encuentra la persona que contacta con ellos usando los sensores del teléfono, lo que ayudará a policía, bomberos o paramédicos a encontrarla antes”, detalla García Puyol, que remarca que ELS preserva en todo momento la privacidad del usuario. “La ubicación del usuario que llama a emergencias se envía directamente a los partners de cada país, sin pasar por los servidores de Google”.

Aunque ahora se encuentra de baja por maternidad junto a su marido “y pasamos la mayor parte del tiempo jugando con nuestra hija de 3 meses”, la vida cotidiana fuera de la empresa trascurre entre paseos por Palo Alto y Mountain View, hacer deporte, ir al cine, tocar el piano o ver series en Netflix. “Los fines de semana aprovechamos los Parques Naturales de la zona para hacer senderismo, organizar barbacoas en la piscina con vecinos o pasar el día en ciudades cercanas como San Francisco, Santa Cruz o Monterey”.

 Por si esto fuera poco, en un futuro no muy lejano quiere dar forma a una idea propia relacionada con la educación y las nuevas tecnologías. “El objetivo es que las niñas se interesen desde pequeñas por programar y aprender idiomas”. Un déficit, el de las vocaciones STEAM entre las chicas, sobre el que así pretende actuar por la vía directa. “Es importante que, desde pequeñas, tengan más ejemplos de mujeres trabajando en ciencia y tecnología para sentir el impulso de formar parte de esta revolución tecnológica”. En su caso, cita de nuevo el papel decisivo que jugó su madre, profesora de física y química, tanto en su futuro como en el de su hermana melliza Ana, arquitecta y experta en realidad virtual y realidad aumentada en Nueva York.

En esta línea, Google cuenta con programas como woman@google, que tiene el objetivo de motivar a las mujeres dentro de la empresa e impulsar su carrera tecnológica al tiempo que muestran a otras mujeres que es posible. A nivel externo han desarrollado el programa de Google’s Women Techmakers que proporciona visibilidad y una comunidad para mujeres en tecnología con el objetivo de cerrar la brecha de género. “Mi contribución es dar charlas siempre que puedo sobre ELS o localización para que otras chicas se vean motivadas a formar parte del cambio”, concluye.

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