Larga vida al mapa

La cartografía inteligente se ha convertido en una herramienta masiva; útil para el usuario, codiciada por los gigantes tecnológicos e indispensable en la estrategia Smart City

Manhattan en 1926, obra de Charle V. David Rumsey Historical Map CollectionFarrow.

La cartografía tampoco ha escapado al vértigo de la revolución digital. Dispositivos inteligentes, drones que obtienen imágenes para aplicaciones cartográficas, un uso generalizado del posicionamiento y la navegación, visualizadores temáticos… Pese a todo, la cartografía tradicional aún tiene sus amantes; verdaderos fans del mapa concebido como unidad irrepetible. Esa esencia está ausente en el mapa digital, desposeído de aquella aura artística que hace único al mapa impreso o -palabras mayores- al manuscrito, vigente hasta el SXVI.

Es en los Atlas, editados de forma masiva a partir del Renacimiento, donde encontramos el primer caso de expansión generalizada de los mapas, más allá de las manos de reyes, príncipes o aristócratas. Como explica Manuel Morato Moreno, profesor del departamento de Ingeniería Gráfica de la Universidad de Sevilla, ediciones más modestas eran consumidas por un público amplio “a precios populares”.  Morato opina que la cartografía analógica ha quedado prácticamente reducida a objeto de estudio o “para el disfrute de historiadores y coleccionistas”. Añade que en los últimos años se está utilizando la cartografía digital para comprobar la exactitud de la llamada cartografía histórica (ejemplos son el software MapAnalyst, o el español es el Comparador de mapas’ del IGN).

Mapa de París en 1863, de J. N. Henriot. (Imagen extraída del libro ‘Mapas: Explorando el mundo’, editado por Phaidon)

Luis Robles, experto en el estudio de mapas antiguos , confirma que estos originales son una ‘mina’ para los investigadores, ya que pueden dar pistas sobre la época o el lugar en que se dibujó o imprimió un mapa; “por su composición química, por marcas de agua o por esbozos que se esconden debajo del trabajo final”. Se trata de mapas que, una vez digitalizados, tienen valor más allá de la curiosidad erudita ya que es relativamente sencillo “copiar fragmentos, tomar medidas o aplicar herramientas de geolocalización”, añade Robles.

Para ratificar la vigencia de estos documentos, Robles recurre a una comparativa. “Para mí, un mapa en papel desplegado sobre una mesa ofrece una visión general de un territorio que facilita pensar de manera “estratégica”. Para saber cómo ir del punto A al punto B, probablemente los mapas digitales son imbatibles pero, por ejemplo, para elegir dónde vivir cuando te instalas en una nueva ciudad, un gran mapa en papel me resulta muy útil”, afirma el experto, que destaca el ‘fondo de armario’ de la Biblioteca Virtual de Andalucía o la web del Instituto Cartográfico de Cataluña “antes de que se fusionara con el Instituto Geológico de Cataluña y que la localización de mapas antiguos se volviera mucho más compleja”.

España en 1716 por Nicolas de Fer. (Imagen: David Rumsey Historical Map Collection)

GOOGLE Y APPLE, UN TRONO CON DISTINTA CORONA
Tras hacer carrera al servicio de intereses militares, pesqueros o agrícolas, los mapas digitales bajaron a la calle. Nokia, entonces visionaria, decidió incorporarlos a sus dispositivos móviles. El paso siguiente es una explosión a escala ‘civil’ que implica que hoy todos tengamos un mapa del mundo (y del barrio) en el bolsillo. Lo que empezó como una herramienta útil para no perdernos camino de una reunión ha acabado por influir decisivamente en nuestra vida personal y profesional.

Mientras estas utilidades ganaban en familiaridad, y con Nokia recuperándose aún de un histórico noqueo, las dos grandes compañías detrás de una segunda expansión –Google y Apple– se casaron para avanzar juntas hasta hace seis años, cuando tomaron posiciones separadas, convergentes en algunos puntos, pero con estrategias diferenciadas en la configuración de su propio mapa.

Con uno de sus focos apuntando al coche conectado-autónomo, Google Maps apuesta por la movilidad inteligente con socios como Waze para reforzar estos servicios. Como señalan a InnovaSpain fuentes de la compañía, el objetivo es brindar al usuario información en tiempo real “ya sea los minutos que tardará en llegar el próximo autobús, o cuanto tiempo le llevará ir caminando o en bici a casa”. Para alimentarse, Google Maps realiza 25 millones de actualizaciones cada día, que incluyen los últimos nombres de rutas, direcciones comerciales, horarios de transporte público o imágenes de Street View. “Los datos tienen un origen diverso: proveedores de terceros, fuentes públicas y la contribución de los propios usuarios”, añaden desde la compañía norteamericana.

Google Maps nació en 2005, siete años antes de que Apple, donde los dispositivos físicos son la joya de la corona, lanzara su propia aplicación. Un periodo de ventaja competitiva recopilando información (han generado sus propios metadatos) que la mayoría de expertos considera un abismo difícil de salvar para los de Cupertino. Apple también tiene que recuperar terreno perdido en otras informaciones útiles para el usuario como restaurantes, bares y tiendas, sobre las que Google procesa 80.000 millones de datos a lo que suma una técnica de computer vision capaz de asignar la toponimia de manera automática. La clave en el nuevo paradigma tecnológico es por tanto la correcta e inteligente interpretación de la información. Big Data-Machine Learning-IA… Juntos o en solitario, el tejido será bueno si los datos son de calidad y están bien empleados.

MADRID Y BARCELONA, FÁBRICAS DE DATOS
Días antes de ocupar su nuevo cargo como Director General de Telecomunicaciones y Tecnologías de la Información dentro del nuevo Gobierno, Roberto Sánchez (entonces Director General de Innovación y Promoción de la Ciudad de Madrid) explica que, más que un mapa digital, Madrid dispone de una plataforma (Madrid Inteligente, o MINT) con una base de datos útil para todos los servicios municipales que incluye un sistema de información geográfica “muy potente; válido para construir aplicaciones”. Esta plataforma sirve también para incorporar los servicios externalizados, “que son la mayoría desde la anterior etapa de gobierno”, a fin de que “todo esté bien referenciado, como corresponde a una gran ciudad”.

Donde Sánchez admite que el Consistorio está haciendo progresos es en la configuración de un mapa visible, interactivo y de uso general para la ciudadanía. “Con un nuevo grupo de trabajo, estamos construyendo el embrión de lo que será la Oficina del Dato. Ya contamos con la vía para comunicarnos y proporcionar datos a la ciudad a través del Portal de Datos Abiertos, donde añadimos progresivamente nuevos conjuntos de datos que cualquiera puede capturar”.

Parte del debate en el que está inmerso el Ayuntamiento de la capital pasa por entender mejor las ventajas del Big Data. “Por el momento, cada área de gobierno está exponiendo sus necesidades particulares a este respecto”, concluye Sánchez, que reconoce que uno de los grandes retos que tienen por delante es la definitiva transformación digital del propio Ayuntamiento “para ir más allá del trámite electrónico”.

Que hay vida más allá de la M-30 lo muestran estos mapas inteligentes del Ayuntamiento de Madrid y Esri.

Aunque la nueva movilidad como bandera en la lucha contra la polución es la columna vertebral de la estrategia Smart City en la ciudad gobernada por Manuela Carmena, el mapa inteligente mostraba de forma más reciente su valor como herramienta de innovación social. Un acuerdo con la compañía Esri ha permitido lanzar nuevos mapas interactivos digitales para compartir con los ciudadanos la información sobre “Madrid Recupera. La Estrategia de Regeneración Urbana”. Se trata de un plan integral para remodelar a medio y largo plazo los distritos más allá de la almendra central ‘rodeada’ por la M-30.

“El 90% de los datos que como ciudad generamos hoy día, no existían hace tres años”. Lorenzo di Pietro, Barcelona Activa

En el caso de Barcelona la apuesta por estas tecnologías es total. Metrópoli puntera en materia de gestión de datos, ahora quiere ir más allá en el plano cualitativo y cuantitativo. Aunque ya en 2011 puso en marcha el portal Open Data BCN, el Ayuntamiento quiere impulsar esta plataforma para aprovechar mejor los recursos públicos que ofrece.

En este último mandato, el Consistorio barcelonés ha multiplicado esfuerzos para revisar de arriba abajo su política tecnológica. El plan ‘Barcelona Ciudad Digital 2017- 2020: Transición hacia la Soberanía Tecnológica’ es un plan estratégico que da una gran importancia a la ética digital y por ende al uso de los datos en el entorno municipal y ciudadano. En este contexto, hace unos meses el Ayuntamiento publicó la medida de Gobierno ‘Gestión ética y responsable de datos: Barcelona Data Commons’ en la que además de potenciar la mencionada plataforma de open data e impulsar la creación de una nueva web de datos municipales, sacará a escena la figura del Delegado/a de Protección de Datos (DPO), al servicio de la ciudanía y de acuerdo al reciente reglamento europeo.

Como explica Lorenzo di Pietro, director ejecutivo de Emprendimiento, Empresa e Innovación de Barcelona Activa, e implicado con la política pública y con la prosperidad de PYMES, comercio tradicional o startups, la ciudad Condal se ha convertido en un espacio de producción masiva de datos en tiempo real, una tendencia que ganará posiciones con el 5G y el Internet de las Cosas. “El 90% de los datos que como ciudad generamos hoy día, no existían hace tres años”.

Lorenzo di Pietro

Aunque Barcelona se ha posicionado como la primera ciudad española que pone en marcha una Oficina Municipal de Datos, Di Pietro llama a mantener la cabeza fría a la hora de implementar estas estrategias cuyos efectos “pueden ser positivos y negativos” ya que “pueden generarse nuevos monopolios que acentúen las desigualdades y que hagan surgir dilemas éticos y políticos con relación a su control. Sin embargo, también pueden contribuir a generar riqueza bien distribuida y nos pueden ayudar a entender mejor las necesidades de la ciudadanía y a diseñar respuestas a medida”. Para el responsable público, “el reto es entender el valor de los datos como bien común y devolver el control a los ciudadanos”. En esta línea han impulsado proyectos como DECODE, cuyo objetivo es gestionar la identidad digital de los habitantes de la ciudad “y así impulsar su soberanía digital”.

PROVEEDORES
Este prisma al que no dejan de incorporarse nuevas aristas lo estructuran ciudadanos, administración, gigantes tecnológicos o servicios públicos y privados. Para que la anhelada interactividad en la configuración de la Smart City y por tanto de los mapas digitales sea real, los proveedores han de aportar –otra vez- datos bien pulidos. Para no pillarse los dedos, y aunque los usuarios con sus gestos de cada día son una fuente informativa inagotable, Google y Apple confían en algunas empresas que les proveen de datos estructurados de distintas categorías, en las listas de proveedores encontramos empresas como Michelin, Booking o el gigante americano de los datos Axciom.

Mapa de 2014 que refleja la propagación del ébola en África Occidental. (Imagen: Fundación Digital Flowminder)

También empresas españolas como DataCentric, cuyo CEO, Antonio Romero de la Llana, alega que por aspectos de confidencialidad no puede proporcionar información sobre el servicio prestado. Un repaso a su sitio web lleva a deducir que es probable que faciliten Business Listings (listados de empresas locales geologalizados) o Map Data (elementos cartográficos como callejeros postales).

Otro proveedor de primer nivel por la capilaridad y las interacciones de sus ‘unidades’ es la Empresa Municipal de Transportes de Madrid (EMT). Como explica su Director de Tecnología, Enrique Diego, la plataforma de datos abiertos (a la que antes de final de año quieren dotar de muchas más herramientas) de la EMT , puesta en marcha hace años, recibe más de 15 consultas cada segundo “, desde sistemas de terceros, apps o bases de datos a nivel internacional, como pueden ser los mapas de Apple o los de Google (a través de Google Transit)”.

Adicionalmente, Enrique Diego apunta que ya disponen de una versión beta del mapa MyNavega, que es un generador de mapas a medida y en abierto que incluye también todos los servicios de EMT de manera georreferenciada. “En definitiva, queremos contribuir a que la información de nuestros servicios esté en los mapas, aplicaciones y sistemas de cualquier proveedor de información”. El responsable añade que también están trabajando en el desarrollo de la app ‘MaaS’ (Mobility as a Service) Madrid en la que se integrarán información de servicio EMT, otros servicios de transporte público y servicio de movilidad compartida.

MyNavega ofrece información de la EMT en tiempo real.

Sin salir del ámbito del transporte público, a nivel autonómico, el Consorcio Regional de Transportes de Madrid (CRTM) también fijó una estrategia similar con la Plataforma de Datos Abiertos del CRTM en una alianza con Apple, Google y Microsoft calificada como pionera por Alicia Hernández, técnico del Área de Sistemas de CRTM. “Logramos incluir la información de transporte no sólo en sus mapas, sino directamente en todos los APIs, apps y herramientas desarrollados sobre sus sistemas. No olvidemos que estas empresas disponen de los tres sistemas operativos más utilizados en el mundo, y que en todos ellos estamos presentes”, añade Hernández.

Para lograrlo, el CRTM ha conseguido la integración y homogeneización de la información de todos los modos de transporte público que operan en la Comunidad de Madrid (30 operadores de transporte público por carretera, seis operadores de transporte público por ferrocarril y 360 áreas intermodales y puntos de intercambio, incluidos los cinco grandes intercambiadores). Los propios usuarios, con las rutinas en el empleo de su tarjeta de transporte público, ofrecen datos muy valiosos al Consorcio.

Hoy, estos datos generados por el CRTM están siendo utilizados como materia prima para ofrecer servicios de valor añadido y productos innovadores a los ciudadanos por multinacionales, PYMES y startups (Moovit, Google, Here, Apple, Microsoft, Citymapper, Tom Tom, etc), universidades (UPM, UAM), otras administraciones (central, provincial y local) así como en colaboraciones en otros proyectos europeos. “Nos queda mucho camino por recorrer. Necesitamos recursos y tiempo, lo que no faltan son las ganas de llegar a ello ni las ideas”, concluye Alicia Hernández.

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