Dudó entre estudiar medicina o biotecnología, y aunque se decantó por la primera, lo hizo desde una óptica analítica, basándose en “unos razonamientos más bien de ingeniero” que le han acompañado siempre y de los que ‘culpa’ a los años que pasó en las aulas del Liceo Francés. Con estos mimbres no es casual que Manuel Marina optara por la cardiología. “El corazón se compone de mecanismos y circuitos eléctricos, todo se explica con fisiología. Es una parte especial del cuerpo humano”. 

El Hospital General de Ciudad Real fue testigo de sus primeros pasos como investigador. “Llevé a cabo algunos estudios con pacientes, y mi jefe me dejó hacer, lo que ya es mucho”. Pero pronto quiso más. Una beca InvesMIR le lleva al CNIC (Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares Carlos III), donde conoce al doctor David Filgueiras, experto en arritmias, con el que sigue trabajando a día de hoy tras obtener una plaza como científico investigador del centro.

Otra protagonista para entender IDOVEN es la doctora Araceli Boraita, que desde 1988 es la jefa del Departamento de Cardiología en el Centro de Medicina del Deporte, Agencia Española de Protección de la Salud en el Deporte (AEPSAD). Tras hacer varios estudios con ella a deportistas de élite y hacerse con una beca en el Consejo Superior de Deportes, Marina logra una plaza como funcionario –hoy en régimen de excedencia-  en el organismo público.

“Descubrí que me apasionaba la cardiología deportiva. Con Boraita y Manuel Rabadán amplié conocimientos en el campo de la medicina de precisión, que es la que manejamos con estos deportistas. Disponíamos de más tiempo, recursos y nivel de detalle que en cualquier hospital”, recuerda el cardiólogo. 

Así, mientras abría su mente a nuevas líneas de investigación y “aprendía a mirar con lupa”, conoció a su socio, José María Lillo Castellano, ingeniero de telecomunicaciones, que había acudido al CNIC en busca de un poco de luz para su tesis doctoral, en la que analizaba la aplicación del machine learning a la cardiología.

José María Lillo, cofundador y CTO de IDOVEN.

En el coctel que mezcla ciencia y tecnología, diseñado en las horas que pasaron aprendiendo el uno del otro está el verdadero origen de IDOVEN, hace más de cuatro años. “Trabajábamos en la tesis de José María cuando nace la idea base de la empresa: aplicar inteligencia artificial al electrocardiograma de superficie, es decir, analizar la electricidad del corazón durante mucho tiempo, recabar la mayor cantidad posible de latidos en las variadas situaciones que cada uno de nosotros vivimos en nuestro día a día: haciendo deporte o trabajando, pero también durmiendo, en el supermercado o paseando con nuestros hijos”.

El equipo de IDOVEN –compuesto por cardiólogos, ingenieros y enfermeras- obtiene así patrones de comportamiento de la electrónica de cada corazón que analizan. Información exhaustiva y detallada que les permite detectar patologías y adelantarse a un problema gracias a un nivel de conocimiento hasta ahora inédito para el común de los mortales, imposible de lograr en una prueba de esfuerzo al uso.

Equipo de enfermeras de IDOVEN, especialista en medicina deportiva. De izquierda a derecha, Silvia Cáceres, Noelia González y Rebeca García. (No aparece en la imagen Atenea Rodríguez, también parte del equipo).

“Gracias a los algoritmos que hemos diseñado, sabemos cómo actúa el corazón en su cotidianeidad, pero también cómo se recupera de los esfuerzos. Es como si pudiéramos observar durante mucho tiempo todas las lámparas de nuestra casa. Es probable que la que empieza a parpadear se vaya a fundir pronto. Si miras un corazón en el largo plazo, como es nuestro caso, puedes saber qué zona está cerca de provocar un problema”, explica Manuel Marina, que reconoce que detrás de su sofisticada tecnología hay “muchas horas de investigación científica y mucho software”, porque el problema es que estos fallos no provocan síntomas previos. “El primer aviso suele ser un infarto o una parada cardiaca”.

IDOVEN echó a andar “como I+D puro, sin financiación adicional”, pero el cardiólogo y el ingeniero -autores de más de 18 artículos científicos en revistas internacionales y más de 100 comunicaciones a congresos- se dan cuenta de que lo que tienen entre manos tiene madera suficiente como para tomar forma de empresa, y que necesitan a alguien que les ponga en la senda correcta para que su propuesta no muera en el laboratorio. Ahí entra en juego Íñigo Juantegui, co-fundador de La Nevera Roja, actual CEO de OnTruck. “Él sabe cómo escalar una empresa, y queríamos que nuestra idea llegara a la gente, que no se quedara en una publicación o en nuestros currículums”. Para reforzar el apartado técnico incorporaron a Carlos Lizcano, ingeniero Data Scientist de Inteligencia Artificial.

Íñigo Juantegui, cofundador de IDOVEN.

El modelo de negocio de la compañía tiene una doble vertiente. Parte de sus clientes son hospitales de España, Alemania, Reino Unido o Bélgica , "todos ellos punteros”, que les envían información de pacientes para ser analizada. En esta vía B2B también dan servicio a empresas de monitorización como Nuubo -fabricantes de dispositivos que graban corazones- que les hacen llegar registros en bruto para que IDOVEN haga el ‘diagnóstico’. Clubes de fútbol y atletismo, deportistas de triatlón o boxeadores también demandan su tecnología. “Valoran que a todos ellos les grabamos ejerciendo su actividad, no en una cinta durante un breve periodo”.

La pata B2C también les está reportando muchas alegrías. “Cualquier interesado en conocer cómo está su corazón puede hacerse con uno de nuestros kits a través de la web de IDOVEN en menos de dos minutos y beneficiarse de una prueba diagnóstica de alta precisión”, apunta Marina. El cliente recibe una camiseta-holter que medirá su corazón durante un tiempo más o menos prolongado en función de la opción elegida. Transcurrido ese período, IDOVEN elabora una análisis que remite al paciente.

Un corredor con una camiseta holter deportivo de Nuubo.

Este segundo grupo lo componen, fundamentalmente, deportistas amateurs. “Corredores o ciclistas que no se someten a los controles de los deportistas federados pero cuyos entrenamientos sí son semi-profesionales”. Y es que Marina opina que, a nivel salud, el deporte popular no va a la par que el rigor en la preparación que estos deportistas a pie de calle se autoimponen. “En los últimos 15 años, España ha potenciado bien la promoción de la práctica deportiva, no solo con mensajes positivos, también con inversión en instalaciones, pero se ha dejado en el tintero concienciar acerca de la importancia de vigilar la salud, de conocer, por ejemplo, si nuestro corazón está preparado para determinados esfuerzos”.

El sistema de IDOVEN, basado en deep learning supervisado, aprende con cada nuevo análisis que elabora. Si al principio tardaban ocho horas por paciente, “algo que no es escalable”, hoy han reducido el tiempo hasta la hora y media, “y en la siguiente versión lo acortaremos aún más”. En este sentido, Marina lanza una llamada para que todos aquellos que solicitan sus servicios “donen el análisis de sus latidos y, quizá, sin darse cuenta, puedan salvar vidas en un futuro gracias a la información que nos aportan. Los necesitamos para mejorar los algoritmos y perfeccionar aún más nuestra innovación”.

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