Cancer

Las asociaciones tienen que ser innovadoras si no quieren desaparecer

Por Juan Pedro Benítez, responsable de Innovación Digital en la Asociación Española Contra el Cáncer

Hoy más que nunca es cierto aquello de que las organizaciones que no apuesten por la innovación acabarán siendo irrelevantes, desaparecerán o directamente no tendrán peso específico en la sociedad. La Asociación Española Contra el Cáncer no es una excepción y no deja de innovar.

De hecho, llevamos casi setenta años innovando, siendo pioneros en muchas iniciativas de esta batalla contra una de las enfermedades más terribles. Unas iniciativas que hoy están más que consolidadas y vemos como imprescindibles, como lo son, por ejemplo, los programas de detección precoz del cáncer de mama, los cuidados paliativos, la atención psicosocial a pacientes y familiares o el impulso a la investigación en cáncer.

Nuestra nueva marca representa mucho mejor este espíritu, el carácter transformador de nuestra misión actual y la cercanía con la que trabajamos en la lucha contra el cáncer. Refleja bien esta predisposición de adaptación al cambio y de búsqueda permanente de soluciones que han sido siempre una de nuestras señas de identidad. Es más, los cambios no solo afectan a una Asociación como la nuestra, sino que las empresas, por ejemplo, también tienen que cambiar y reforzar su compromiso social, sean del sector que sean.

Existen muchos otros profesionales como yo, cada vez más, que se sienten llamados a generar mucho mayor impacto social en el desarrollo de sus trabajos. El peso de la nómina y el glamour de trabajar para grandes empresas están perdiendo peso muy claramente, especialmente en los más jóvenes. El uso de nuevas tecnologías, la innovación y el emprendimiento para generar impacto social a escala son tendencia clara. Es más, me atrevo a aventurar que en un futuro próximo las empresas que no tengan propósitos sociales fuertes tenderán a desaparecer.

Aunque he desarrollado proyectos tecnológicos en multinacionales y startups durante unos veinticinco años, unos cuantos de ellos en el sector salud, la dimensión social de esas organizaciones nunca ha estado tan presente en mi trabajo como lo está ahora en la Asociación. La vocación de servicio de todos nuestros profesionales y voluntarios es enorme. Para mí, éste está siendo un cambio importante y muy satisfactorio respecto de etapas anteriores.

Existen muchísimas soluciones y tecnologías con enorme potencial de generar alto impacto en el sector salud. Lo que ocurre en este sector es que el factor limitante no suele ser la disponibilidad de tecnologías adecuadas, sino la capacidad de adopción de las mismas. En este sentido, es un sector bastante conservador, que sopesa mucho el potencial riesgo que pueda resultar de cualquier innovación o de la introducción de una solución tecnológica, por mucho que sus beneficios sean evidentes. Digamos que hace bueno aquello de que ‘con la salud no se juega’.

En todo caso, es una simple cuestión de tiempo que esas soluciones tecnológicas que en algunos otros sectores ya están bien rodadas acaben encontrando su espacio y se adopten ampliamente.

Por mencionar algunas, yo diría que se adoptarán muchas soluciones basadas en la inteligencia artificial para la ayuda al diagnóstico y la personalización de tratamientos, los asistentes virtuales de voz para una interlocución más natural con el mundo digital, el internet de las cosas para la monitorización remota de pacientes, y soluciones digitales en general que favorezcan el empoderamiento del paciente y la adopción de hábitos saludables por la población sana.

Nuestro nuevo paradigma de innovación tecnológica se sustenta en una actitud muy abierta y colaborativa, hacia fuera y hacia dentro también, rompiendo silos e invitando a todos a participar. Todo ello lo estamos materializando en el Hub de innovación que estamos desarrollando. Hemos creado ya una nueva metodología para el ciclo de desarrollo de nuevos productos y un radar permanente de soluciones y tendencias. También estamos dando los primeros pasos en el desarrollo de un ecosistema de colaboradores externos y voluntarios para fomentar la diversidad y crecer a escala.

Por poner algunos ejemplos, en los últimos meses hemos estado desarrollando con nuestros partners varias soluciones basadas en nuevas tecnologías. Estamos muy contentos con los resultados y espero que pronto empiecen a generar un impacto positivo significativo. Hemos validado, por ejemplo, unas gafas de realidad virtual con contenidos de carácter terapéutico y distractor para ayudar a los enfermos de cáncer; un asistente virtual de voz (callbot) para ayudar a dejar de fumar a los participantes de nuestro programa de deshabituación tabáquica; o un asistente virtual de texto (chatbot) para que los visitantes a nuestra web encuentren más fácilmente la ayuda que necesitan.

Todo ello lo hacemos conforme a nuestro plan estratégico, que marca como objetivo principal el multiplicar nuestro impacto llegando a más personas afectadas y acompañándolas mejor a lo largo de la enfermedad. Tiene también un foco muy especial en perseguir la equidad porque, como venimos denunciando insistentemente, ‘el cáncer es igual para todos, pero no todos somos iguales frente al cáncer’. De ahí que este año continuaremos desde nuestro equipo con la búsqueda de soluciones tecnológicas que mejoren la vida de nuestros beneficiarios y tengan el mayor alcance posible.

En esta línea estamos iniciando en estos momentos un nuevo ciclo de nuestra metodología de innovación digital. La primera fase, centrada en la detección y priorización de necesidades, finalizará con la identificación de aquellas áreas de oportunidad en las que centraremos nuestros esfuerzos en las siguientes fases de diseño y validación de las soluciones tecnológicas que acabemos incorporando de terceros, con lo que la innovación volverá a jugar un papel clave en nuestra acción.

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