“Este proyecto nació de una necesidad muy personal, la de regresar a mis raíces, al País Vasco, el lugar donde crecí”, comienza explicando María Clè Leal. Durante su búsqueda, descubrió que cada año se desperdiciaban unas 700 toneladas de lana latxa en la región. “Es una fibra natural, con muchísimo valor, pero sin apenas iniciativas que le dieran una segunda vida”.
Así nació la idea de desarrollar un tejido inédito industrial a partir de esta lana, con la intención inicial de crear prendas de abrigo. Con el tiempo, entendió que esa fibra podía llevarla más lejos y empezó a explorar otros caminos como el diseño de interiores y la creación de piezas textiles para el hogar. “Ha sido un recorrido inesperado y muy enriquecedor”.
“El compromiso está en crear piezas con un enfoque claro de ecodiseño”
El proyecto recupera muchos valores que para esta emprendedora son esenciales. Por un lado, el aprovechamiento de una fibra natural que, de forma intrínseca, reúne infinidad de propiedades. “Es una lana que está profundamente ligada a la tradición, la identidad y la cultura vasca. Su silueta es un símbolo de nuestro paisaje”.
Las producciones se llevan a cabo entre el País Vasco y Cataluña, y cada paso se cuida con especial atención y respeto. En cuanto al diseño, el compromiso está en crear piezas con un enfoque claro de ecodiseño. Tal como explica María Clè Leal, esto implica no generar desperdicios de material y apostar por diseños atemporales, versátiles y de calidad.
Latxa Basque Wool Fabrics no solo innova en el diseño textil, también impulsa empleo local, colabora con talleres que integran a personas en riesgo de exclusión y fomenta un modelo de economía circular que conecta tradición y modernidad. “Es un proyecto que apuesta por lo rural, por el bienestar animal y por construir una red de empleo local con un fuerte enfoque no solo medioambiental, también social”..
Premio Nacional de Ecodiseño 2024, un reconocimiento a la innovación y al compromiso con la sostenibilidad
En 2024, el proyecto fue reconocido con el Premio Nacional de Ecodiseño, un impulso que dio visibilidad y credibilidad a la iniciativa. “Mi propuesta era la más pequeña, con menos recursos, pero ver que la esencia y los valores que defiendo estaban tan claros y eran tan bien recibidos me dio mucha fuerza”, asegura. A lo largo del camino también ha recibido reconocimientos como el Mercedes-Benz Fashion Talent Award, El Laboratorio by Ecoembes, o haber sido finalista en Who’s On Next de Vogue, entre otros. Tal como cuenta, siempre manteniéndose fiel a sus necesidades como diseñadora, investigando materiales, siluetas y acabados.
Uno de los capítulos más interesantes de la evolución del proyecto es la colaboración con el Basque BioDesign Center, donde se exploraron nuevas aplicaciones de la lana latxa a través del fieltro desde un enfoque experimental. “Me invitaron a dar una masterclass y me encantó ver cómo, a partir de un mismo material, mentes tan distintas crearon piezas tan diferentes. Entender la lana como un lienzo en blanco fue una experiencia genial”.
Esta alianza demuestra el potencial de la fibra no solo en el sector textil, sino también en ámbitos creativos, académicos y de investigación aplicada. “Paralelamente, ellos también están explorando otros caminos para la lana latxa, y tanto sus propuestas como las mías encajan de forma muy natural. Así que seguiremos caminando de la mano para darle nuevas alternativas a esta fibra”.
Sobre el futuro del proyecto, la emprendedora indica que, como cualquier propuesta que busca abrirse camino, necesita tiempo, inversión económica, visibilidad, clientes, un equipo... Y mucha paciencia. “Soy muy consciente de las dificultades, por eso intento ser práctica y pragmática, pero también me permito soñar. Porque si no, habría días en los que dan ganas de tirar la toalla”. Aun así, cree profundamente en lo que hace y también en las oportunidades del proyecto. “Seguiré marcando el camino, paso a paso, dejando que también me sorprenda”.


