El doctor Josep Dalmau, del Hospital Clínic (Universidad de Barcelona)

La labor profesional que ha desarrollado Josep Dalmau en el mundo de la medicina ha cambiado la forma de entender muchas enfermedades neurológicas y psiquiátricas. El director de la Fundación Lilly, José Antonio Sacristán, entidad que le acaba de concederle su Premio Investigación Biomédica en la categoría Clínica, asegura que el galardonado ha “modificado la visión tradicional del cerebro como un órgano inmunoprivilegiado”.

Su especialidad inicial fue la neurooncología, dentro de la cual hay una parte relacionada con problemas autoinmunes iniciados por la presencia de un cáncer. Esto marcará toda su carrera investigadora. “Fueron las observaciones de estos pacientes y los hallazgos que tuvimos hace muchos años en Nueva York lo que nos llevó a una serie de estudios que, con el paso de los años, han llevado a otros estudios, siempre viendo los mismos tipos de enfermedades neurológicas en pacientes con o sin cáncer”, afirma el profesor ICREA, director del Programa de Neuroinmunología Clínica y Experimental del IDIBAPS-Hospital Clínic (Universidad de Barcelona) y profesor de Neurología de la Universidad de Pensilvania (Estados Unidos). “En cierta manera los hallazgos nos han llevado”, añade riendo.

Enfermedades descritas

Él distingue dos etapas en su trayectoria investigadora. En la primera, desde que llegó a Estados Unidos, a finales de los ochenta, hasta los primeros años del siglo XXI, básicamente se dedicó, como clínico, a complicaciones neurológicas del cáncer. “A partir del año 2003 empezamos a identificar grupos de pacientes que tenían cuadros parecidos pero que no tenían cáncer”, afirma para explicar la segunda fase en su carrera.

En este último periodo fue cuando él y su equipo lograron describir más de una decena de enfermedades neurológicas. “No estaban descritas, no se conocían; estaban perdidas entre especialidades o atribuidas a otras causas, pero eran lo que se llaman encefalitis de causa incierta o de etiología desconocida –recuerda en declaraciones a Innovaspain–. Algunas se atribuían a procesos víricos y cada una de ellas tiene su historia, pero no se habían identificado como entidades clínicas”.

Este descubrimiento ha impactado fuertemente dentro de varias especialidades médicas, como neurología, psiquiatría, cuidados intensivos o pediatría –muchos paciente están en la edad infantil–, por poner solo algunos ejemplos.

“De casi un 50 por ciento de las encefalitis no se conocía la causa –explica Josep Dalmau–. En los últimos años esto ha cambiado mucho porque se han podido identificar los síndromes que se asocian a estas inflamaciones del cerebro y, al mismo tiempo, se le ha podido poner nombre y apellidos. Esto ha facilitado mucho el reconocimiento de las enfermedades desde le punto de vista clínico y también ha conllevado a desarrollar pruebas diagnósticas”.

Así se han conseguido tratamientos que dan muy buenos resultados. “Son enfermedades muy graves pero tratables y en el 80 u 85 por ciento de pacientes tienen muy buenas recuperaciones clínicas”, afirma el premiado por Fundación Lilly.

Recortes o limitaciones

Durante muchos años su actividad principal era clínica, en torno al 70 por ciento, dejando el 30 por ciento restante para la labor investigadora. Hace diez años consiguió voltear esta situación y ahora se pasa la mayor parte del tiempo en el laboratorio, aunque continúa estando en contacto con los pacientes y sus problemas.

“Una de las cosas que más me gustan es la ayuda inmediata y bastante rápida que en este tipo de investigación que hacemos proporciona a los pacientes y a los médicos –continúa–. Es un tipo de investigación con unos efectos bastante rápidos e inmediatos; a veces en cuestión de pocos meses ya vemos los resultados”.

Actualmente desarrolla su labor profesional principalmente en el Hospital Clínic de la Universidad de Barcelona, pero continúa muy ligado a Estados Unidos. En 1988 se fue a Nueva York con la idea de pasar un año en periodo de formación en neurooncología, pero esa estancia se alargó durante dos décadas y media.

“Para casi todo el mundo que se dedica a la investigación de cualquier tipo es bueno viajar, ver otros sitios y hacer estancias en otros centros –dice Dalmau–. Si esto es por elección, muy bien. Pero cuando te ves forzado por las limitaciones del país es otra historia. Es una lástima que la gente se vea forzada a salir del país por recortes o limitaciones de lo que se invierte en investigación”. 

Respecto al premio que acaba de recibir por parte de la Fundación Lilly, considera que “es un honor que estos estudios tengan el reconocimiento de una entidad tan respetada”. “Detrás de mí hay un grupo excelente de compañeros que han hecho el trabajo y que todos lo merecen –concluye–. Pienso que también es importante, con las limitaciones que hay, que la gente sepa que hay fundaciones interesadas en la investigación y que hacen lo que pueden para impulsarla”.

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