Isabel Trillas

Proteger los cultivos con productos biológicos respetuosos con el medio ambiente y reducir el uso de pesticidas químicos. Ése es el doble objetivo de Biocontrol Technologies, una empresa de biotecnología agraria que le ha valido a Isabel Trillas, su cofundadora, un puesto entre las finalistas al Premio europeo a las Mujeres Innovadoras. Una nominación que ve como el reconocimiento a un equipo porque, para ella, la innovación y el emprendimiento son ante todo una cuestión de trabajo en equipo.

Trillas cree que aún hay mucho que mejorar en España en el apoyo a la innovación, especialmente en el caso de la biotecnología agraria. Sin embargo, lo enfoca de forma positiva y considera que “a pesar de todo podemos estar bastante satisfechos de lo que tenemos”. A los problemas de financiación pública y privada, añade otro: la burocracia administrativa, que “no favorece en absoluto este tipo de desarrollos, todo es mucho más lento de lo que debería”. Asegura que el tiempo que conlleva llevar un producto fitosanitario al mercado “generalmente es superior a lo que los inversores están dispuestos a esperar”.

También apunta a un “sistema muy garantista pero ineficiente” en el que “no se cumplen los plazos, haciendo que muchas empresas se queden por el camino, incapaces de soportar los costes de todo el proceso y sus retrasos”. Al principio, asegura, es fácil obtener financiación “pero cuanto más próximo estás al mercado menos financiación consigues”. Es por eso que, si bien ya existe un ecosistema emprendedor importante, también defiende que “éste no encuentra los fondos para llevar a la realidad todas las ideas”.

– Siempre se habla del potencial investigador de España pero luego parece que los avances y las patentes se quedan en otros países…

Creo que el potencial existe y los investigadores no somos mejores ni peores que en los otros países (yo diría que somos muy creativos). Es, simplemente, que aquí tenemos menos medios seguramente. Desde las universidades probablemente no tenemos los incentivos adecuados y es muy cómodo limitarse a la investigación y a la publicación de artículos tipo peer review y también a vender o licenciar patentes.

El camino que nosotros hemos emprendido de desarrollar la patente tiene aspectos muy satisfactorios pero a la vez implica muchos más riesgos, mucho trabajo y mucho estrés. No obstante, considero que al final compensa ver en la calle tu producto y la satisfacción de los agricultores que lo usan pero no es un camino fácil, y en España seguramente es un camino más difícil. Sobre lo que indicas que los avances/patentes se van a otros países, estoy totalmente de acuerdo, es difícil conseguir financiación para consolidar la empresa y crecer, pero es muy fácil acabar vendiendo, generalmente malvendiendo, la innovación a empresas que lo pueden desarrollar fuera.

– ¿En el caso de las mujeres la cosa está más difícil?

Seguramente, el rol de líder está más en manos de hombres, en la Universidad esto es bastante variable pero cada vez está más equilibrado. En mi campo, el de la fitopatología, seguramente el número de investigadores/técnicos que conozco es muy parecido entre hombre y mujeres. Bajo mi punto de vista, lo que hace que seguramente las mujeres emprendan menos es que quizás nos cuesta más dar pasos adelante y liderar. Ser mujer en la actualidad aún es una desventaja pero esto debe de cambiar.

– ¿Y por qué? ¿Qué dificultades propias o añadidas os encontráis las mujeres a la hora de innovar y emprender?

Como apuntaba seguramente hay por un lado una menor seguridad, somos más tímidas en general y nos falta a veces ímpetu para expresar nuestras ideas y tirarnos a la piscina. Seguramente tampoco ayuda el hecho de que no haya muchos referentes femeninos en el campo de la empresa, es fácil pensar en cuatro o cinco grandes emprendedores conocidos pero si pensamos en mujeres cuesta más. Este de hecho es uno de los objetivos que persigue el Premio Europeo a la Mujer Innovadora, visualizar el talento femenino e impulsarlo.

– ¿Has notado algo de todo esto en tu caso?

El control biológico como herramienta alternativa al control químico de las enfermedades de los cultivos es un tema del que estoy muy convencida, por mis conocimientos científicos, conceptualmente creo en su eficacia y sus beneficios. No me planteé en su inicio (descubrimiento) hacer todo el desarrollo, pero al tener cada vez más información sobre la eficacia de nuestra materia activa/producto y conocer su amplio espectro de acción esto hizo que mi convencimiento de hacerlo llegar al agricultor si hiciese muy prioritario y me lancé a la piscina en un momento en el que todavía el control biológico no se veía como una alternativa segura de futuro. Busqué un buen equipo, el mejor equipo, complementario y nos pusimos a trabajar, hasta conseguir la autorización y así cada vez vamos ampliando nuestros objetivos. No me planteé mucho los problemas que me encontraría, sencillamente luché por lo que creía.

– Parece que vamos mejorando en este aspecto con los años, pero aún hay camino que recorrer…

Por supuesto que mejoramos, pero hay muchas cosas aún por hacer. Una cosa que yo destaco mucho y que se ve es que la mujeres siempre hablamos en plural, nosotras. Emprender o innovar no se hace en solitario, se ha de formar un equipo y recibir el apoyo de mucha gente. Este plural es, seguramente, menos frecuente en los hombres.

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– En este sentido, y como profesora de la Universidad de Barcelona, ¿cómo valora el informe ‘Científicas en cifras’ que ha presentado recientemente el Gobierno? En él se dice que el porcentaje de investigadoras se mantiene en el 39%, igual que hace casi una década, que el número de catedráticas sólo llega al 21% y que sólo tres universidades públicas españolas tienen al frente a una mujer como rectora.

Es un problema que solo es atribuible a una construcción social y a lo que se dice el “techo de vidrio”. Si miramos el número de personas universitarias, las mujeres ya son mayoría, y con notas de media más altas. Si miramos el número de doctoras la cifra también van creciendo pero cuando llegamos a la universidad vemos como la tendencia cambia. Hay muchas políticas que se deben hacer en la sociedad, para revertir esta situación.

– Yendo más a tu carrera profesional, parece que siempre ha estado enfocada hacia la innovación, más concretamente hacia la biología vegetal y la agrobiotecnología. ¿Pasa indefectiblemente por ahí la innovación en el sector agroalimentario?

La agricultura del siglo XXI ha de ser claramente diferente de la que ha sido el siglo pasado. En nuestro caso hay casi un paralelismo entre nuestro desarrollo y las políticas de Europa, es importante destacar que bajo la Directiva 91/414 la Comisión Europea revisa todas las materias activas fitosanitarios autorizados. Este programa afecta a unas 1.000 materias activas y a unos cientos de miles de productos basados en ellas. Cuando termina esta revisión ha prohibido el 74%, el Reglamento 1107/2009 sustituye la anterior Directiva. Ahora con la Directiva 2009/128/EC se promueve entre los productores el control integrado de plagas y enfermedades, el control biológico es una de las principales herramientas de control.

El crecimiento de la población mundial hace necesario que la producción de alimentos crezca, pero esto no puede comportar el deterioro de las tierras fértiles o la pérdida de biodiversidad, ni tampoco puede afectar la salud. En este sentido la revolución agrícola pasa por un uso más sostenible de los productos fitosanitarios, reducción progresiva de los más perjudiciales para ser substituidos por productos como el que hemos desarrollado, el T34 Biocontrol®. Igualmente, también se ha de apostar por el uso de variedades más resistentes, por hacer un seguimiento de las previsiones climáticas y ver cuándo es el mejor momento de aplicar los productos,… La tendencia mundial en la restricción en el uso de pesticidas de origen químico que ha llevado Europa, es parecida en EEUU, Canadá y por parte de productores de terceros países que exportan bien a Europa o Norte Ámerica.

– Pero introducir el factor biotecnológico en la alimentación aún despierta ciertos recelos por el asunto de los transgénicos… ¿Cómo se puede vencer ese prejuicio y qué avances podría conllevar?

Biotecnología también implica la utilización de microorganismos. El producto que hemos desarrollado no es transgénico, es un microorganismo aislado de la naturaleza, concretamente se aisló de un compost de la recogida selectivas de basuras del Área Metropolitana de Barcelona. Este compost presentaba una gran capacidad supresora frente a una enfermedad importante que afecta a muchos cultivos de interés económico (Fusarium oxysporum) y en analizar que microorganismos estaban implicados encontramos la cepa de Trichoderma spp. (T34) que era mejor en reducir la enfermedad que el propio compost supresor del que se había aislado. Esta cepa también mejora la absorción de elementos del suelo por parte de la planta favoreciendo su crecimiento y desarrollo y además activa los mecanismos de defensa de las plantas, con lo que sería parecido a ejercer un “efecto vacuna”. Otras ventajas del producto es que no genera resistencias a los patógenos, muchos productos químicos por ejemplo pierden efectividad a medida que los patógenos se adaptan a ellos y además nuestro producto tampoco produce residuos en los cultivos.

– En esa línea, es en la que trabaja tu empresa Biocontrol Technologies, que busca reducir el uso de pesticidas en los cultivos… ¿Cómo lo hacéis, qué productos comercializáis o qué aplicaciones prácticas tiene?

De momento tenemos un producto en el mercado, el T34 Biocontrol®, se trata de un polvo mojable basado en el hongo beneficioso Trichoderma asperellum cepa T34. En España se comercializa para el tratamiento de dos enfermedades de los cultivos, en solanáceas (tomate, pimiento, berenjena,…), en cucurbitáceas (melón, sandía, pepino, calabaza,…) y en plantas ornamentales (clavel). En otros países como Egipto se usa en uva de mesa contra la enfermedad producida por Botrytis cinerea, en patata contra Rhizoctonia solani o en judías verdes frente a diferentes enfermedades del suelo y en Reino Unido también disponemos la autorización para fresa o lechuga, en Estados Unidos contra cuatro patógenos importantes. Estamos además llevando a cabo otros desarrollos sobre el mismo producto y algunas cepas que están en el congelador (no metafóricamente hablando), sino físicamente esperando levantar más financiación que nos permita crecer.

Nuestra experiencia en el Reino Unido, Egipto y EEUU es que los agricultores quedan muy contentos con el uso del producto, es eficaz, respetuoso con el medio ambiente y ayuda a maximizar la producción.

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