Guillermo López Lluch. “A finales de este año, el COVID-19 no pasará de un fuerte catarro para la inmensa mayoría de la población”

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Guillermo López Lluch razona por qué ha pasado de cierto pesimismo a vislumbrar el final de la pandemia. El catedrático del área de Biología Celular de la Universidad Pablo de Olavide explica a Innovaspain que la clave está en el más que aceptable ritmo de vacunación alcanzado por España.  “Las dosis llegaron según lo previsto, algo inesperado, y el porcentaje de personas vacunadas ha crecido de tal forma que, a día de hoy, la situación es bastante halagüeña”, detalla el también investigador asociado del Centro Andaluz de Biología del Desarrollo.

“Creo que, de cara a finales de este año, salvo algunas excepciones, el COVID-19 será para la mayoría de nosotros un catarro de escasa gravedad”. El investigador añade que siempre encontraremos personas con sistemas inmunitarios deficientes, por edad avanzada, mutaciones del propio sistema o debido a los efectos de tratamientos contra enfermedades como el cáncer. “Es en ellos donde habrá que poner el foco ya que, en caso de infectarse, su estado genera un efecto de bola de nieve difícil de frenar”.

Más dosis para los países que lo necesitan

Guillermo López Lluch considera que en este momento no hay razones para recomendar la inoculación de una tercera dosis de la vacuna. “Estas dosis de refuerzo se plantearon por el temor a vivir una ola similar a la del Reino Unido, cuyos efectos están remitiendo. Es importante señalar que esta ola ha sido de contagios, pero no ha ejercido presión en los hospitales ni un incremento de fallecidos. Queda demostrada la efectividad de las vacunas ante la versión más grave de la enfermedad, pero no contra el contagio”.

En este escenario, el catedrático defiende que lo más conveniente es derivar más dosis a países que apenas han alcanzado un porcentaje “digno” de vacunados. “Esa debe ser la estrategia mientras no veamos que los síntomas se agravan entre las personas vacunadas o con inmunidad natural, algo poco probable en base a la capacidad evolutiva del virus, que prefiere adaptarse al huésped sin dañarle de forma drástica y así poder proliferar”. El experto apuesta por no malgastar dosis ya que el objetivo pasa por alcanzar un 80 % de vacunados a escala global. “Solo en personas con sistemas inmunitarios muy debilitados podemos plantearnos esta posibilidad”.

En esta línea, algunos estudios recientes llevados a cabo en residencias de ancianos, señalan que las personas mayores vacunadas que no han pasado la enfermedad, tienen a día de hoy una escasa defensa contra el virus y, por tanto, deberían recibir lo antes posible una tercera dosis. Guillermo López Lluch opina que ese no es necesariamente el mejor camino. “Estos estudios obvian factores importantes, tales como la memoria inmunológica y la inmunidad celular, dependiente de los linfocitos T. En personas vacunadas, o inmunizadas de forma natural, la memoria inmunológica es muy fuerte, aunque el nivel de anticuerpos, como es lógico, se reduzca progresivamente. Los niveles de anticuerpos no son una señal clara de nuestra capacidad de respuesta. Precisamos ofrecer una visión global del sistema inmunológico”.

Buenas noticias también entre la población mayor

Si la pandemia en su acepción más dramática está cerca del final, ¿tiene sentido pensar en una nueva generación de vacunas que evite la infección? “Llegan algo tarde”, apunta López Lluch. “Una de las grandes sorpresas para la comunidad científica ha sido la altísima efectividad de las vacunas de RNA en las personas mayores. Estábamos acostumbrados a porcentajes muy inferiores por ejemplo con la gripe. Con estas vacunas del SARS-COV-2, el sistema inmunológico se activa de manera notable al responder a una infección vírica sin tener que lidiar contra el virus. Son vacunas con un futuro muy prometedor en otras enfermedades y también en el ámbito veterinario”.  

Investigador en metabolismo, envejecimiento y sistemas inmunológicos y antioxidantes, Guillermo López Lluch ha aportado conocimiento previo a la lucha contra el COVID-19. “Sabemos que las mitocondrias que no están sanas pueden generar disfunciones. Una de ellas es reducir, limitar o alterar las capacidades del sistema inmunitario para responder a una infección. En personas con mitocondrias dañadas e infección por coronavirus grave, la respuesta inmunitaria inflamatoria es potenciada”.

De vuelta al optimismo, el investigador celebra que cada vez sean más las franjas de edad vacunadas, con muchas regiones inyectando ya a los chicos y chicas a partir de los 12 años. “Cuanta más población esté vacunada, menos oportunidades tendrá el virus de cambiar. No va a evolucionar eternamente. Es como la llave y la cerradura; puedes pulir la llave para que siga funcionando, pero no le puedes quitar un diente o agregarle uno más grande. Eso mismo ocurrirá con el virus: las mutaciones no irán más lejos en algún momento. Todo se estabilizará y el virus se convertirá en endémico, en el quinto integrante de la familia de coronavirus humanos”.

Mayor compromiso de la empresa privada con la ciencia

“Cuando de muy niño veía un juguete de dos colores, intentaba separarlo para ver cómo funcionaba. Al menos eso me contaba mi madre”, comenta Guillermo López Lluch sobre el origen de una vocación que, “a excepción de la influencia de algunos profesores”, considera innata. “Siembre he sentido curiosidad por saber el porqué de las cosas. Y en eso sigo, tratando de responder a muchas preguntas”. Después de doctorarse en Biología por la Universidad de Córdoba en 1997, el investigador llevó a cabo una estancia posdoctoral en el University College de Londres; Rayne Institute, Department of Molecular Medicine gracias a una Beca Marie Curie de la Comisión Europea.

La ciencia ha vivido un ‘boom’ mediático en el último año y medio. ¿Quedará un sedimento suficiente como para despertar más y mejores apoyos? “Lo dudo mucho”, responde López Lluch. “Por desgracia, la ciencia no se considera en España una ocupación importante. Hay que cambiar la mentalidad del país y sobre todo del ámbito privado. Las empresas, salvo unas pocas, no tienen una unidad de I+D que piense más allá del control de calidad. Deben tratar de mejorar lo que hacen porque una buena cosecha requiere invertir en la siembra. Sin la inyección privada, dependemos de lo público. Los gobiernos suben o bajan los escasos presupuestos dedicados a la ciencia dentro de una horquilla que no varía mucho”, concluye.

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