María José Monferrer, vicepresidenta de la Asociación Española de Ejecutivas y Consejeras (Eje&Con), lo tiene claro, “si forzáramos a una carga igualitaria para hombres y mujeres en las empresas, no habría discriminación”. Se refiere, cómo no, a la conciliación entre vida laboral y familiar. Ahí, las mujeres estamos en clara desventaja, en un mundo laboral diseñado mayoritariamente por hombres, más libres de cargas familiares que las mujeres, que no acaban de ver la dificultad de la otra mitad del talento.

Por eso Monferrer cree que habría que recurrir a medidas impuestas: “Debería haber bajas paternales obligatorias para los hombres e igual de largas que las de maternidad. Y lo mismo con las ausencias en el trabajo cuando hay que llevar a los niños al médico, que ahora son todas para nosotras”.

Y resalta otro detalle que no hay que olvidar: en la baja por maternidad se enmascaran situaciones de baja médica cuando hay una cesárea. Y deberían diferenciarse, apunta. Una práctica clínica, la de las cesáreas, por cierto, que en España está diez puntos por encima de lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud. Hay que recordar que, aunque sea “cómodo” a efectos laborales que los niños no nazcan en festivos ni puentes, la cesárea no deja de ser una cirugía mayor.

Ingeniera de telecomunicaciones de formación, la vicepresidenta de Eje&Con habla de todo esto con conocimiento de causa. Educar a sus dos hijos y hacerlo compatible con una jornada interminable de trabajo no es fácil. Otra cuestión genera culpa en muchas mujeres, que no se puede atender a todo. María José Monferrer lo expresa muy gráficamente: “Llevaba a mis hijos al colegio, pero no podía recogerlos. Soy del club de las malas madres”, dice. Un remordimiento que muchas mujeres llevan en su mochila.

Pero es realista y destaca que “la economía y la situación laboral no acompañan en este objetivo de lograr la igualdad”, que es también uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Precisamente estos días los medios de comunicación destacan que España retrocede en Igualdad. Podría ser un traspié, pero si consultamos esa gran biblioteca de Internet, vemos que el titular se ha ido repitiendo en años anteriores.

Nos podemos remontar al año 2008, en el que España había retrocedido siete puestos en su voluntad de igualar las condiciones laborales de hombres y mujeres. Y es que, pese al ímprobo esfuerzo, nada reconocido, que realizan las mujeres para desarrollar su “doble jornada laboral” en casa y en la empresa, la brecha salarial entre hombres y mujeres sigue creciendo. Ellos ganan más por el mismo trabajo, o, para ser realistas, por la mitad de trabajo, porque pocos comparten al 100% el doméstico. Y eso pesa mucho a la hora de sacar buena nota como país en Igualdad.

Este no es un mal endémico. Es transcultural. También estos días se ha hecho viral una foto de la campaña del metro de Nueva York para denunciar la desigualdad entre hombres y mujeres en el trabajo. Una escalera mecánica exclusiva para hombres, y otra tradicional por la que deben subir a pie las mujeres es una forma muy gráfica de representarlo. Y ha calado.

Maria José Monferrer compagina su trabajo en BT (una compañía que proporciona servicios de comunicaciones y tecnologías de la información a empresas y organismos públicos) con la vicepresidencia de Ejecutivas y Consejeras (Eje&Con), que promociona y apoyamos la presencia de las mujeres en los puestos de Alta Dirección y Consejos de Administración. “Apostamos por  el #talentoSINgenero”. Es promotora del Talento STEM, la Tecnología y la Innovación y Directora y Mentora del I Programa de Mentoring para Ingenieras con la Real Academia de Ingeniería y Red de Mentoring España dentro del Macroproyecto #Mujereingenieria.

Y busca también el talento stem desde la infancia. Y cuenta que el curso pasado, de enero a abril, con su hija de 10 años y otras amigas, diseñaron una app para detectar el acoso escolar. Era un concurso internacional. La final regional tuvo lugar en la Universidad europea. “Y llegamos. Las niñas no se lo creían. Defendieron el proyecto en la Universidad, mejor que los adultos. Ahora en su colegio han potenciado la sensibilización al acoso y han explicado también allí el proyecto. El curso próximo volveremos a presentarnos”.

Será algo relacionado con robótica, para que las niñas vean que también pueden con eso. “tendremos que mejorar en algunas cosas, como los vídeos. Los que presentaron los equipos de niñas americanas eran auténticos cortos de cuatro minutos, contando su proyecto”, explica entusiasmada.

Un buen entrenamiento para mejorar la autoestima de las niñas, que tienden a creerse menos capaces que los chicos en las carreras de ciencia y tecnología. “Nosotras que somos tan perfeccionistas, siempre pensamos que se puede hacer mejor. Es importante creer que lo que has hecho es lo mejor”.

“Luchar contra las circunstancias es imposible. Es mejor navegar y adaptarse”, asegura. Siguiendo esa idea, desde la asociación van navegando, abriendo camino, moviéndose para hacer visibles a las mujeres. “Hay que fomentar estas actitudes, querer estar y ser visibles”

Las niñas estudian letras, aun siendo brillantes en matemáticas y ciencias. Y la mayoría de las pocas jóvenes que eligen las ciencias, acaban en medicina. Está bien que la sanidad esté en manos de las mujeres, pero es importante que las mujeres estén también en las carreras técnicas”. Y añade que estamos en un boom tecnológico, en un cambio de paradigma. Y muchas chicas podrían estar ahí. Sin embargo, descienden las vocaciones en las carreras técnicas, en ambos sexos, y en especial entre las mujeres”.

“Este es el siglo de las mujeres, por sus reivindicacionese, y también de la tecnología, por separado, per acabaran confluyendo ambas cosas. Porque la tecnología facilita el mundo laboral a las mujeres en todos los países”.

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