Elena Guillén Profactor investigadora

Tras estudiar Ciencias Ambientales en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, y mientras hacía prácticas en Iberdrola y en una Oficina Técnica de Medio Ambiente, Elena Guillén empezó a colaborar con el departamento de Sistemas Físicos, Químicos y Naturales de la universidad andaluza. “Fue entonces cuando tuve claro que quería dedicarme a la investigación. Podía enfrentarme a un reto cada día, incentivaba mi capacidad innovadora y el desarrollo de ideas propias”, explica Guillén, que admite que lo que sí ha tenido desde su época en el instituto ha sido “una profunda conciencia ambiental”.

Al concluir el doctorado - acerca de celdas fotovoltaicas de nueva generación, nuevos materiales y procesos- y después de algún tiempo como postdoc, mantiene esa inquietud por estar cerca del lab, pero en el ámbito privado. Primero en Sevilla, como parte del equipo de investigadores de Abengoa, y desde 2017 en Austria, en Profactor, empresa 100 % dedicada a la investigación aplicada dedicada a desarrollar procesos basados en fabricación aditiva para diferentes aplicaciones.

Elena Guillén confirma que, “al menos por el momento”, Profactor no ha recibido ninguna indicación para sumar sus conocimientos de impresión 3D a la lucha contra el COVID-19. En España, donde la situación es notablemente más grave que en Austria, las iniciativas en este sentido se han multiplicado, coordinadas por varios grupos de makers.

Órganos en un chip

La investigadora sevillana coordina dos proyectos en Profactor, ambos dentro del campo de las ciencias biomédicas y como parte de ‘Fabricación del Futuro’, un programa del gobierno austriaco. En uno de ellos, denominado NEAT, Elena Guillén y su equipo desarrollan un proceso para la fabricación de chips con nuevas funcionalidades que se usarán para probar medicamentos contra la arritmia cardiaca. Por otro lado, en INKplant el objetivo es conseguir implantes biodegradables y personalizados mediante el empleo de impresión 3D.

“Queremos avanzar en el desarrollo de dispositivos conocidos como ‘órganos en un chip’, que reproduzcan, en la medida de lo posible, los tejidos humanos”, explica Guillén. La investigadora añade que esta tecnología permitiría mejorar los tratamientos a través de una respuesta personalizada, ajustada a las necesidades de cada paciente. “Otro aspecto positivo es que reduciría la experimentación con animales”.

Guillén recuerda que sus investigaciones se alinean con una realidad europea: en 2050 más del 36 % de la población del continente habrá cumplido los 65 años. “Mejorar la calidad de vida de las personas mayores es un reto al que nos enfrentamos la sociedad en su conjunto. Son ellos mayoritariamente los que necesitarán este tipo de implantes”.

Moda, Ciencia y Sostenibilidad

Experta en hibridar ciencia y tecnología, Elena Guillén es también parte del proyecto Re-FREAM del IED de Madrid. En su caso, la investigadora participa en la iniciativa que reúne a artistas y científicos a través del Hub Valencia, dedicado a economía circular y acabados sostenibles. Enmarcado en el programa Horizon 2020, Re-FREAM ha premiado a 10 ideas con 55.000 euros.  

“Trabajo como mentora científica de una de las artistas de la iniciativa, Elizabeth Jayot, junto a la empresa Care Applications, de Alcoi. Es muy enriquecedor ser parte de su proceso creativo en un campo, el del diseño, nuevo para mí. A su vez, es toda una experiencia trabajar juntas en el laboratorio para materializar ideas que surgen durante el proceso creativo”, apunta Elena Guillén.

Elena Guillén y la artista Elizabeth Jayot en varios momentos de su proyectoconjunto.

Un paso más allá, Guillén defiende la necesidad de una industria textil más sostenible. “La mayoría de la gente no es consciente de los problemas ambientales y sociales que esconde la compra compulsiva de ropa low-cost. Si no, nos lo pensaríamos mejor antes de comprar esas camisetas de menos de 5 euros que acaban en el contenedor después de ponérnoslas un par de veces, bien porque pasan de moda o porque su calidad no da para más”.

En este sentido, la investigadora alaba iniciativas como las promovidas por Fundación Knowcosters. “Proponen que, además de la información habitual, los productos indiquen en la etiqueta los costes indirectos en los que incurren. Un consumidor bien informado, capacitado para elegir libremente, es la clave para cambiar el actual modelo de consumo de ropa”.  

Austria, España y pactos público-privados

Elena Guillén confirma una sospecha. “En Austria se apuesta mucho por la investigación. Hay una buena financiación pública, sobre todo destinada a pequeñas y medianas empresas”. Una estrategia que, en su opinión, impulsa la competitividad del país. “Compañías muy pequeñas pueden acceder a tecnología punta y participar en proyectos innovación. Muchas veces lo hacen en colaboración con Centros de Investigación y universidades para dotar de valor añadido a sus productos”.

Por contra, Guillén percibe que en España la idea generalizada es que el objetivo de hacer un doctorado pasa por acabar trabajando en la universidad o en un centro de investigación público como el CSIC. “En Austria es completamente distinto. Las empresas valoran mucho que hayas pasado 3 o 4 años investigando para obtener un doctorado, incluso cuando no se trata de cubrir un puesto de investigador en la empresa”. Otra diferencia a la que alude la ambientóloga es que “las empresas, al margen de su tamaño, tienen muy claro que solo pueden ser competitivas si apuestan por la innovación”.

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