Elena Garcés

En un tiempo en el que la proliferación de dispositivos, las nuevas armas publicitarias, las exigencias del cine, la consolidación de las redes sociales o las nuevas aplicaciones en campos como la ciencia han fomentado la buena salud de la imagen, pocas veces nos preguntamos por las herramientas que permiten que la calidad de lo visual no haga más que perfeccionarse y mejorar. El trabajo investigador de Elena Garcés –actualmente en una estancia post-doctoral en Technicolor tras pasar por Adobe– se enmarca en la intención de ir un poco más lejos.

“Sabemos cómo interactúan la luz y los materiales gracias a ecuaciones físicas. El problema es que cuando capturamos una foto esa información no existe. A muy alto nivel, lo que hacemos en esta descomposición es tratar de averiguar qué ecuaciones físicas pueden representar lo que estamos viendo en una foto”, explica Garcés sobre su actividad en llevar a otro nivel la postproducción y edición de la imagen. La investigadora obtuvo en 2017 uno de los Premios de Investigación de la Sociedad Científica Informática de España-Fundación BBVA.

Su buena mano con las matemáticas y una visión práctica llevaron a Garcés (Zaragoza, 1987) a estudiar ingeniería informática, “al igual que ahora, la carrera que tenía más salidas profesionales”, explica. Esta opción implicaba posicionarse en la rampa de lanzamiento de un amplio abanico de especialidades, “desde la informática más ‘filosófica’ como los sistemas cognitivos o la lógica hasta temas más técnicos”, añade Garcés.

Admite que antes de empezar la carrera ya sabía que acabaría dedicándose a algo relacionado con la imagen. Aficionada a la fotografía, fan de “El Señor de los Anillos”, “alucinó” con el diseño del personaje de Gollum. La duda de poner el foco en los computer graphics o en computer visión se disipó cuando encaró su tesis y se decantó por mezclar ambas disciplinas.

Elena Garcés durante su intervención en los Premios de Investigación de la Sociedad Científica Informática de España-Fundación BBVA

Tras acabar sus estudios en la Universidad de Zaragoza, decidió quedarse en el grupo donde realizó el proyecto de fin de carrera (Graphics and Imaging Lab) con una beca del Gobierno de Aragón. La creatividad y la dinámica que movían al grupo, y la capacidad de convicción de su director de proyecto la llevaron rechazar un trabajo en Suecia, aunque en ese período tuvo la oportunidad de hacer dos estancias en Estados Unidos. “Ahí te das cuenta de lo importante que es trabajar con y entre los mejores de tu campo”, dice Garcés, quien también constató que no tenemos tanto que envidiar a los grandes laboratorios del MIT o de la Stanford University en “motivación y trabajo duro”. “Lo que nos falta son recursos y, sobre todo, estabilidad para poder llevar a cabo investigaciones a largo plazo”.

Aunque una imagen vale más que mil palabras, Garcés reconoce que existe un desconocimiento generalizado que va desde qué ha hecho falta para que cada año se mejoren los efectos especiales en las pelis de superhéroes a por qué nos maravillamos con la belleza realista de la animación made in Pixar. “Todo el mundo sabe que, para lograr un nuevo medicamento, un montón de científicos con bata blanca llevan a cabo experimentos con ratas en laboratorios, pero pocos son conscientes de que alcanzar la calidad visual del cine o los videojuegos requiere de mucha gente investigando sobre el tema. Y no solo en cine, por supuesto, también en procesamiento de imagen médica. En España, la mayoría de la gente ni siquiera sabe lo que hacemos… ¡Es realmente triste! “

Sobre la mencionada aplicación de esa especie de Photoshop “más listo” en el campo de la Salud, Elena Garcés explica cómo, por ejemplo, ha conseguido mejorar el diagnóstico del  melanoma. “Siempre que trabajas con imágenes estás perdiendo información al plasmar las 3 dimensiones del mundo en una representación 2D. En mi caso, apliqué muchas cosas de las aprendidas durante la tesis para realizar post-procesos en imágenes de pecas o machas de la piel tomadas con un dermatoscopio”.

En principio, sus planes pasan por volver a España. “Tengo varias ofertas que me motivan mucho y que me van a permitir seguir desarrollando mi carrera investigadora con un salario competitivo”. Garcés, que espera que haya llegado “la hora de las mujeres informáticas”, es consciente de que la suya es una situación excepcional. “He tenido suerte; muchos de mis compañeros no han tenido más remedio que irse fuera ya que, o las universidades no ofertan plazas fijas o no hay empresas interesadas”. Por último, lanza un consejo a las jóvenes con dudas sobre si decantarse o no por una formación STEAM. “Que no se lo piensen. La ingeniería les puede abrir muchas puertas, incluso si luego deciden dedicarse a temas de gestión”.

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