Se reducen los gastos de producción de microalgas a través de residuos agroindustriales.

Los desechos agroindustriales procedentes del vino, la algarroba y el biodiésel tienen un nuevo uso. Gracias a la labor investigadora realizada desde las universidades de Huelva y del Algarve (Portugal), estos residuos pueden ser reutilizados para duplicar el  crecimiento de microalgas. El fin último es lograr una producción de biocombustibles más barata y mejorar la economía general del proceso al promover la economía circular.

Los expertos han incrementado la velocidad de crecimiento de los microorganismos aprovechando la diversidad de su alimentación, ya que las microalgas son capaces de nutrirse de manera autótrofa, usando dióxido de carbono y luz solar como las plantas, o de manera heterotrófica, a partir de fuentes de carbono orgánico.

Con la combinación de ambas, logran eliminar el problema de la falta de alimento en las zonas de sombra de los tanques donde se crían. Al mismo tiempo, por medio de un sistema de alimentación, llamado por lotes, logran cosechar mayor cantidad de la biomasa que producen de una manera más efectiva y rápida. Consiste en la aportación puntual de la fuente de carbono, en los tanques y cuando se observa que el crecimiento de la microalga se detiene, se cosecha la biomasa creada.

De esta forma, los investigadores exponen, en el artículo ‘Using agro-industrial wastes for mixotrophic growth and lipids production by the green microalga Chlorella sorokiniana’ publicado en la revista New Biotechnology, un nuevo sistema que reduce los gastos asociados a la producción de microalgas al incluir fuentes de carbono procedentes de residuos agroindustriales.

Se han utilizado con éxito diferentes desechos de la industria como fuente de carbono, incluido el extracto de vaina de algarroba, glicerol procedente de biodiésel y las lías de residuos de vino oxidado.  “Este material procede de la parte sólida que queda en el depósito o la barrica después de la fermentación”, afirma a la Fundación Descubre la investigadora de la Universidad de Huelva Rosa León Bañares, autora del artículo. “Los resultados de nuestra investigación demuestran que, una vez oxidado, es el alimento ideal para que la microalga Chlorella sorokiniana crezca más y produzca más biomasa”.

El alimento del futuro… y del presente

Este avance no solo se puede aplicar en el campo de los combustibles. Como explica León Bañares, aunque en un primer momento se han centrado en “ver la influencia en lípido neutros, que pueden servir como sustrato para la obtención de biodiesel”, otras investigaciones que también llevan a cabo “van dirigidas a la búsqueda de lípidos polisaturados, que son muy demandados en alimentación, tanto para animales como para personas”.

El equipo de investigación ‘Biotecnología de Algas’, responsable del estudio.

La profesora del Departamento de Química de la Universidad de Huelva cree que el futuro de las microalgas está en la alimentación y en productos de alto valor añadido (como, por ejemplo, los fármacos). Respecto al primer apartado, lo define como “el alimento del futuro… y casi del presente. “En la cultural oriental se ha usado siempre. Y parece que poco a poco en occidente nos vamos dando cuenta de su importancia”, añade.

Y si hablamos de alimentación animal, la necesidad de impulsar el uso de las algas es “imperiosa” por “la falta de sostenibilidad que hay, por ejemplo, en la alimentación del pescado”. Se refiere a que se obtienen harinas y aceites de pescado que se utilizan para alimentar a otros pescados. Por ello siguen desde la Universidad de Huelva seguirán trabajando en abaratar la producción de este tipo de microorganismos.

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