Estos días todos los medios de comunicación se han hecho eco un trabajo llevado a cabo en el Instituto de Neurociencias de Alicante que ha publicado la prestigiosa revista Nature y que da respuesta a un interrogante que puede parecer baladí, pero no lo es en absoluto: ¿Por qué tenemos el corazón a la izquierda?

El trabajo lo ha liderado Ángela Nieto, una de las pocas investigadoras españolas que ha logrado acceder a ese exiguo 10% de premios de investigación que se otorgan a mujeres. Está considerada como una de las científicas más destacadas en el ámbito de la biomedicina, gracias a sus estudios relacionados con el desarrollo embrionario y el efecto que tiene la reactivación de los programas embrionarios en las patologías del adulto.

Autora de más de 120 artículos en revistas científicas, ha recibido importantes galardones por sus investigaciones, como el Premio Rey Jaime I en Investigación Básica, en 2009, que ya entonces reconoció su trayectoria científica. En la actualidad trabaja en el Instituto de Neurociencias en Alicante, un centro mixto del CSIC y la Universidad Miguel Hernández.

En esta ocasión, junto con investigadores de la Universidad de Málaga, el Instituto de Biología Molecular de Barcelona y la Universidad de Dresden (Alemania) han hecho otra importante aportación: averiguar por qué el corazón se sitúa a la izquierda.

Para empezar, es fundamental que el corazón se sitúe correctamente en el lugar que le corresponde para conectar con la arterias y venas de forma adecuada y poder llevar a cabo su importante función de bombeo de sangre a todo el organismo, explica Ángela Nieto.

-¿Cómo se coloca el corazón en su sitio?

Todos los órganos aparecen al principio en la línea media del embrión y después se desplazan hasta su posición definitiva. Hasta ahora se pensaba que había señales en el lado izquierdo que se reprimían en el derecho. Pero con este trabajo hemos descubierto que, además [de los procesos de inhibición de genes en el lado derecho], hay genes que se expresan más en el lado derecho, y estos genes provocan movimientos celulares más prominentes de derecha a izquierda. Hay células que llegan desde los dos lados del embrión. Pero llegan muchas más desde el lado derecho que del izquierdo, y empujan desplazando el corazón hacia la izquierda.

Según su trabajo, estos mismos genes que colocan el corazón pueden causar problemas en la vida adulta…

Estos genes son los encargados de dar movilidad a las células, algo fundamental para el desarrollo del embrión, porque en las primeras etapas del desarrollo embrionario hay muchas células que nacen muy lejos de su posición final y tienen que recorrer distancias grandes hasta alcanzar su destino. Los mismos genes que están activos durante el desarrollo embrionario y colocan al corazón en su posición adecuada, cuando se activan durante la vida adulta causan problemas. Hay células tumorales que recuperan la capacidad de moverse, como en las etapas embrionarias. Por eso pueden desprenderse del tumor primario y producir metástasis en órganos distantes. Estos tumores secundarios son la causa de más del 90% de las muertes por cáncer. La reactivación de estos genes produce degeneración, porque aun en ausencia de células tumorales, los órganos como el riñón recuperan características embrionarias y dejan de cumplir su función.

¿Qué importancia clínica tiene este hallazgo?

El 50% de las alteraciones de los bebés en el momento del nacimiento son malformaciones cardíacas y muchas de ellas tienen que ver con el posicionamiento del corazón.

¿Cuál es el siguiente paso de la investigación que acaban de publicar, si puede contarse?

Seguimos trabajando en el impacto de los movimientos celulares en el desarrollo embrionario y en la enfermedad. Con respecto a este último trabajo, estamos ahora estudiando los mecanismos que posicionan otros órganos. Y en el cáncer estudiamos cómo evitar que las células cancerosas se diseminen, y sobre todo cómo evitar que aniden en otros órganos [causando metástasis]

-Menos de un 10% de los premios en investigación se otorgan a mujeres y trabajos como este que acaba de publicar hace que usted esté en ese reducido grupo. ¿Por qué cree que hay esa diferencia de número respecto a los hombres premiados? ¿Debería haber más mujeres en los jurados de los premios para equiparar las cifras?

¿Menos de un 10%? Qué barbaridad… Bueno, es cierto que viendo listados y haciendo memoria está claro que hay pocas mujeres. La diferencia se debe a muchas razones. Hay razones históricas, pero hay problemas aún muy patentes de dificultades de conciliación que hacen que muchas mujeres tiren la tolla sin llegar a puestos importantes. Sin duda también hay un alto grado de sesgo inconsciente, que favorece a los hombres.

-Igual ocurre con los puestos de dirección, a los que llegan pocas mujeres, aunque están más o menos a la par con los hombres en los laboratorios. ¿Cree que habría que hacer algo para fomentar la presencia de mujeres? ¿Está a favor de las cuotas?

Las razones son las mismas de la respuesta anterior. Con respecto a las cuotas, no estoy tan a favor. Prefiero trabajar duro contra los sesgos, favorecer la presencia de mujeres en comités de selección y sobre todo tratar de atajar los sesgos inconscientes a los que me refería. A la hora de pensar en nombres para algo importante, hay que acordarse de pensar en nombres de mujer. Parece una tontería, pero no lo es. La fuerza de la costumbre nos hace pensar en hombres, ¿incluso a las mujeres! Por otra parte, no podemos cejar en el objetivo de conseguir que la conciliación familiar sea real. Esto depende de cómo debemos cambiar la sociedad, pero sobre todo depende del entorno familiar y mucho de la pareja.

-¿Qué importancia le da a la divulgación científica a la hora de dar a conocer trabajos como este que acaban de publicar en la revista Nature?

Muchísima. Es fundamental, pero aún es una asignatura pendiente en muchos ámbitos. No sólo los científicos no estamos tan acostumbrados a divulgar sino que a los profesionales de la información les falta formación científica básica. Los hay muy buenos, pero son tan pocos…

-¿Qué opina de la situación de la ciencia en España actualmente? ¿Y que sería necesario cambiar?

Lo primero que en España se hace ciencia de mucha calidad, pero que esto implica un esfuerzo mayor para los investigadores que  en otros países de nuestro entorno. Hemos sufrido unos recortes de presupuesto muy severos desde 2010 y una falta de puestos de trabajo que ha incidido dramáticamente en una generación entera de científicos muy bien formados. Lamentablemente, muchos se han tenido que marchar. Trabajar en  otros países es muy bueno, y necesario para ver otro sistema de trabajo y adquirir más contactos; el drama viene cuando no se puede regresar. Necesitamos un cambio de política científica que proporcione no sólo más financiación, sino también estabilidad presupuestaria. Además, necesitamos más flexibilidad en la gestión para poder atraer talento, en lugar de exportarlo. Si no se toman medidas urgentes corremos el riesgo no sólo de perder esa generación de científicos, que ya es muy grave, sino de que sea irreversible.

¿Cree necesaria una buena ley de mecenazgo para complementar la financiación de la ciencia?

Sin ninguna duda. La parte de mecenazgo en la financiación es mínima, y una buena ley sería un primer paso. Sin embargo, no podemos olvidar que en nuestra sociedad no tenemos tradición de mecenazgo arraigada como la tienen los anglosajones. Devolverle a la sociedad lo que la sociedad nos ha dado debería ser obligatorio, mejor dicho, deberíamos sentirlo como una obligación.

-El Instituto de Neurociencias, en el que trabaja, es un centro de excelencia Severo Ochoa, ¿que le diferencia de otros centros y cuál es la clave de su éxito?

Son varios factores los que hacen del instituto un lugar especial. No sé muy bien lo que le diferencia de otros centros. Pero sí de lo que somos: un proyecto ilusionante liderado por personas muy entusiastas, inteligentes e incansables desde el inicio, una oportunidad histórica en los años de mejor salud de la financiación de la investigación, una política de  reclutamiento de  científicos jóvenes prometedores, un esfuerzo constante por seguir adelante en la adversidad y la ilusión de hacer las cosas bien. Así hemos superado la crisis sin notarla demasiado, y todo esto a pesar de los grandes recortes en los fondos nacionales y de muchas dificultades administrativas que constriñen las posibilidades de muchos centros públicos y nos hacen menos competitivos que otras intuiciones similares en el extranjero o incluso dentro de España.

¿Por qué se dedicó a la ciencia?

Desde muy pequeña recuerdo querer ser científica. Es fascinante descubrir cosas nuevas y para los que estudiamos problemas de Biología y Biomedicina, hay un valor añadido, pues trabajamos pensando en poder aportar nuestro granito de arena en entender mejor las enfermedades y cómo atajarlas.

¿Estar en primera línea de investigación exige muchas horas de trabajo?

Podría decirte que no, pero no sería cierto. Requiere esfuerzo, tiempo y también resiliencia. Hay que considerar el fracaso como algo natural, ser constante y sobre todo, disfrutarlo. Sin una cierta dosis de pasión, se haría cuesta arriba en muchas ocasiones.

Acaba de ser elegida nueva presidenta de la Sociedad Internacional de Biología del Desarrollo, ¿cuáles son sus objetivos durante su presidencia?

Incorporar más países a la Sociedad y aumentar la visibilidad de la Biología del Desarrollo. Hay que incidir en la importancia de esta disciplina para la comprensión de algunas patologías del adulto y resaltar la repercusión que tiene en todas las etapas de la vida el avance en la investigación en Biología del Desarrollo.

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