Nos queda mucho aún para lograr la igualdad de hombres y mujeres en general. En el campo STEM, las mujeres en España se siguen concentrando en los puestos con menor retribución, prestigio, estabilidad y proyección. Esto se une al estancamiento en la presencia de mujeres en los órganos de gobierno de las entidades científicas y el hecho de que los investigadores obtienen financiación pública mediante proyectos de I+D en mayor proporción que las investigadoras en España.

Con estos antecedentes, en un trabajo editado por la Unidad de Mujeres y Ciencia de la Secretaría de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación (Ministerio de Economía y Competitividad), Lydia González Orta, dirigida por Capitolina Díaz Martínez y Araceli Gómez Ruiz, de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT), indaga si las diferencias de género también se manifiestan en los premios científicos que se otorgan en España.

El objetivo, aseguran, es evitar que, como ocurre “en muchas ocasiones, el inconsciente y la tiranía de la fuerza de la costumbre hagan que ni se anime a las buenas candidatas a presentarse a los premios, ni ellas se vean como potenciales premiadas, ni se incluyan mujeres en los jurados, ni, finalmente, se otorguen premios a buena parte de las científicas que se los merecen”.

Han analizado 37 de los más prestigiosos premios académicos y científicos de diferentes ramas de conocimiento en España. Y el reconocimiento a las mujeres es desalentador. Las cifras hablan por sí solas:

BBVA Fronteras del Conocimiento, establecidos desde 2008, han recaído en 49 hombres y 3 mujeres, ninguna española, lo que supone un 5,77%

Nacionales de investigación, desde 1982, se han otorgado 103 galardones, 95 a hombres y solo 8 a mujeres, el 7,77%

Rey Jaime I, establecidos en 1989, han recaído en 112 hombres y en solo 7 mujeres, es decir, las mujeres representan un 5,88%

Príncipe de Asturias, sólo ha premiado, desde 1981 a dos mujeres, ninguna española, entre los 64 galardonados en ciencia

Lilly de Investigación Biomédica, creados en 2001, solo 2 mujeres premiadas.

Presencia de mujeres y hombres en los premios estrictamente científicos de más de 25.000 € (2009-14)

Como conclusiones del estudio las autoras destacan cómo el porcentaje de mujeres premiadas desciende a medida que aumenta la cuantía del premio o, dicho al revés, se acentúa aún más la presencia de varones galardonados en los premios más importantes.

Otro dato importante, es la composición desequilibrada de los Jurados, con representación fundamentalmente masculina. Este dato puede ser uno de los factores que hacen que los “elegidos para la gloria” sean fundamentalmente varones. Como ejemplos, el Príncipe de Asturias de Investigación científica y técnica, durante el periodo 2009-2014, ha incluido a 93 hombres y 22 mujeres, representando estas el 19,13%.

Otro dato a tener en cuenta, la composición del jurado de los premios científicos en la muestra estudiada solo suele hacerse pública con la convocatoria del premio, con contadas excepciones como la de la Fundación Lilly que publica en su convocatoria anual una relación de las personas que compondrán el jurado.

Hay una abrumadora presencia de hombres como presidentes de los jurados y la repetición de muchas de las personas que componen el jurado en una categoría determinada en ediciones sucesivas, estableciendo una especie de tradición por la que los jurados se componen durante años de prácticamente las mismas personas.

Esta es una “tendencia sin fornteras”. Si repasamos el listado de concesión de premios Nobel a mujeres por parte de la Academia Sueca, vemos que de los 590 científicos galardonados, solo el 3% son mujeres, 17 en total. Marie Curie fue la primera mujer en vencer la resistencia de la Academia Sueca a premiar a mujeres. Con el mérito de que fue también la primera persona en obtenerlo dos veces.

Algo que sin duda debe corregirse porque “un premio científico supone un reconocimiento público por parte de instituciones sociales al trabajo y a la innovación en un área determinada, visibilizándolo y dándole prestigio social. Y en muchas ocasiones van más allá del título honorífico e incluyen importantes recursos económicos que podrían significar el impulso a una carrera investigadora novel o la consolidación de una carrera más amplia”, resaltan las autoras de este trabajo.

Y recomiendan que, “dada la situación de desigualdad de género en la ciencia en España y en Europa, es crucial que los recursos lleguen tanto a investigadoras jóvenes como a investigadoras consolidadas (aunque tal vez insuficientemente reconocidas) de forma que puedan continuar con su carrera e invertir en ella, evitando el fenómeno clásico de «la cañería que gotea» por la que se van perdiendo valiosas profesionales a lo largo de la carrera científica”.

Algunos premios empiezan a reconocer la labor científica femenina exclusivamente, como el de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Deusto, convocado en 2014, que premia a la mujer tecnóloga (Premio Ada Byron), o el premio Pioneras de la Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno. Habrá quien no esté de acuerdo con este impulso de género, pero el objetivo es visibilizar a las mujeres que desarrollan trabajos tan loables como los que hacen los hombres, aunque menos reconocidos.

Mujeres reconocidas por los premios antes mencionados:

Fátima Bosch (Premio Rey Juan Carlos 1995), Gabriela Morreale (Premio Nacional de Investiación Gregorio Marañón º997), Margarita Salas (Premio Rey Jaime I, 1994, y Nacional de Investigación Santiago Ramón Ramón y Cajal, 1999), María Vallet Regí (Premio Nacional de Investigación Leonardo Torres Quevedo, 2008), Ángela Nieto Toledano (Premio Rey Jaime I, 2009), María Blasco Marhuenda (Premio Nacional de Investigación Santiago Ramón y Cajal, 2010 y Premio Fundación Lilly de Investigación Biomédica, 2010), María José Alonso Fernández (Premio Rey Jaime I, 2011) y Lina Badimón Maestro (Premio Fundación Lilly de Investigación Biomédica, 2008 y Premio Rey Jaime I, 2014)

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