Convertir una sesión de terapia en una experiencia inmersiva no es ya una promesa futurista, sino algo real. Se trata del proyecto CuidAR, desarrollado por el centro tecnológico ITI y el instituto Aiju —especializado en juguetes—, que busca integrar la inteligencia artificial generativa y la realidad mixta en el ámbito de la salud mental, permitiendo que tanto pacientes como profesionales puedan construir entornos terapéuticos digitales hechos a medida. En definitiva, un metaverso terapéutico.
El objetivo, cabe destacar, no es sustituir al terapeuta, sino ampliar sus herramientas. Según Patricia Pons, del grupo de Human Computer Interaction de ITI, «queremos intervenciones más adaptadas, accesibles y efectivas». Además, añade que estos entornos, por otro lado, son «dinámicos y sensibles al contexto: no es igual una sesión en un despacho, en un salón abierto o en un jardín».
Financiado por IVACE+i y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER), el sistema CuidAR combina sensores, visión artificial y aprendizaje automático para adaptar cada espacio al estado cognitivo y emocional del usuario. Esto es, que en lugar de una terapia fija, se propone un entorno cambiante que responda al contexto: ya sea un jardín, una habitación o una playa. Lo que el cuerpo necesita, el algoritmo lo recrea. Así, el sistema puede modificar luz, sonido o disposición del espacio según las reacciones del paciente.
Un metaverso con propósito
CuidAR, según su dossier informativo, avanza en cuatro líneas de investigación: el uso de nuevos dispositivos de realidad extendida, la integración de inteligencia artificial generativa, el reconocimiento de objetos físicos y el desarrollo de prototipos de entornos inmersivos aplicados a la salud. Así, todo se orienta a un mismo fin: hacer que la tecnología entienda el contexto humano.
«El auge de la realidad aumentada o mixta pone de manifiesto la necesidad de nuevas formas de interacción que permitan una mejor sensación de inmersión», aseguran desde la propia ITI. «Actualmente, la interacción con el mundo físico en estos entornos inmersivos sigue siendo limitada, reducida en la mayoría de los casos a la utilización de los controladores propietarios que cada compañía ofrece junto con sus gafas».
¿Cómo mejorar la terapia? Detectando objetos a través de estos dispositivos inmersivos. Esto permitiría que los elementos del mundo físico se reconozcan y se integren en el entorno virtual. «Mejoraría la experiencia, donde los usuarios podrían interactuar con objetos físicos que luego serían replicados, modificados o utilizados dentro del entorno digital, haciendo que las experiencias fueran más contextualizadas y realistas».
El proyecto CuidAR no sería posible sin Aiju, que aporta su experiencia en realidad virtual, gamificación y computación espacial. Este trabajo conjunto «permite explorar cómo la tecnología puede facilitar la creación de entornos terapéuticos más motivadores y personalizados, donde pacientes y profesionales se sientan partícipes del proceso», destacan.




