“Necesitábamos un instrumento claro para decidir qué queríamos ser de mayores”. Patricia García Zapico, Directora General de Innovación y Promoción de Gijón, se refería así a cómo desde el ayuntamiento dieron forma a una estrategia para configurar una ciudad “inteligente, sostenible e integradora” que en ningún momento olvidara el compromiso con el ciudadano.
Durante el debate celebrado en Fitur “Nuevos espacios y tendencias para habitar las ciudades del futuro”, la responsable pública detallaba el los ingredientes de esa fórmula. “Apostamos por la innovación social. Las ciudades necesitan puntos de encuentro donde la ciudadanía nos diga qué necesita”. En Gijón, los centros de innovación social sirven para escuchar, pero también para formar a la población. “Contribuimos a que nadie se quede atrás tecnológicamente”.
En la ciudad asturiana han empezado a escuchar de un modo distinto las necesidades de la empresa. Al igual que Madrid, con su recién estrenado sandbox, Gijón se ha convertido en un espacio donde el sector privado puede testar sus productos y servicios de manera controlada antes de lanzarlos definitivamente. “Si no estamos al tanto de esas novedades, es muy probable que no lancemos las licitaciones adecuadas. Como administración, tenemos que ser capaces proporcionar lo mejor a nuestros habitantes en cada momento”.
Patricia García Zapico ha añadido que la estrategia incluye al ciudadano en la ecuación de la transición ecológica. “Democratizamos el conocimiento energético con ellos porque al final son los que viven en la ciudad”. De este modo, en cada barrio, los centros municipales ponen a disposición de los vecinos asesores energéticos.
Definir el campo de juego
A través de un lenguaje claro y de fácil comprensión para todos, Gijón ha innovado en la gobernanza. “Es la forma de devolverle a la ciudadanía lo que nos da: queremos que vean e evalúen, con distintos indicadores, todo lo que hacemos; algo fundamental en las políticas públicas”.
A su juicio, los instrumentos existen, están al alcance de todos, y por tanto, estas medidas con tintes disruptivos (si las comparamos con las de modelos más tradicionales), son viables. Considera que solo hay que escuchar y definir un campo de juego con unas normas muy claras “que podamos compartir”. En los contratos públicos y en el espacio urbano, no basta el dato por el dato. Las cosas han de tener sentido bajo unos marcos previamente definidos .
García Zapico aseguraba que el ayuntamiento es “un agente más” dentro del ecosistema de innovación de Gijón, junto a empresas, investigadores, docentes o la propia ciudadanía. “Hay que creérselo y convencer a nuestros mayores en la toma de determinadas decisiones. Si una ciudad es capaz de hacerlo, no hay excusa para no intentarlo. Por eso también es importante formar parte de redes de ciudades, donde aprendemos para después adaptar lo que nos interesa a nuestra propia realidad”.
Ciudades más sanas y más humanas
José María Mateo, arquitecto y cofundador de meii estudio, explicaba que, si bien cada proyecto que abordan tiene una línea propia e independiente, su actividad gira alrededor de une reflexión: cómo deberían evolucionar y habitarse las ciudades. Lo hacen con un abanico de soluciones y propuestas es amplio. “Por ejemplo, llevamos a cabo instalaciones efímeras, como una piscina urbana en Logroño, que después movimos a Madrid e incluso a Arabia Saudí. Es importante para comprobar cómo cambia no sólo el espacio, sino la mentalidad de ciudadano sobre el uso del mismo”.
Otras iniciativas del estudio son más ambiciosas. Meii renaturalizó la Alameda de San Antón, en Cartagena, y mejoró la accesibilidad e inclusión del espacio público. “Impacta en la vida del ciudadano y se contagia al resto de la ciudad”. En esta línea, se hicieron con el concurso para la remodelación completa de un barrio histórico en Levanger (Noruega), considerando urbanismo y arquitectura en su propuesta.
En meii abogan por la reutilización. “Nos preguntamos si tiene sentido construir de cero cuando existen espacios infrautilizados”. De la teoría pasaron a la práctica en la remodelación del Nuevo Teatro Circo de Cartagena. “Lo convertimos en un espacio polivalente, más que un teatro”. Es también espacio de encuentros, eventos, pequeñas ferias… De este modo, siempre está en uso. Una serie de plataformas móviles lo hacen posible.
También en la ciudad murciana, transformaron un antiguo colegio abandonado en un centro asociativo. “Cuando cerró el colegio, el barrio entero lo notó. Ahora he vuelto parte de la vitalidad perdida. Es un reciclaje que va mucho más allá de lo arquitectónico; una produce una reactivación urbana”, apuntaba el arquitecto.
Otra firma de la casa es la optimización. “Buscamos construir más con menos recursos y en menos tiempo; con materiales biosostenibles, priorizando la industrialización, la prefabricación, la estandarización y la digitalización de los procesos”. En la Región de Murcia han diseñado dos hoteles cuya concepción varía en función de la disposición de los módulos que los integran. “En uno de ellos, los módulos están dispersos en un entorno natural. Otro, ubicado junto a una gasolinera y por tanto en la línea de un hotel de carretera, tiene los módulos alineados”. En definitiva, trabajamos para ‘construir’ ciudades más sanas y más humanas.
Permanencia, experiencia e identidad
Escofet by Molins es una de esas empresas poco conocidas, pero de gran influencia en la vida de todos. Y es que llevan mucho tiempo -140 años- inmersos en la tarea de innovar y redefinir los espacios urbanos al ritmo que marca cada momento. Víctor Martín, responsable de Desarrollo de Negocio de la compañía, explicaba que hoy Escofet despliega la estrategia #WeLoveTheCity. “Creemos en una ciudad más pacificada, jugable, verde, accesible y sostenible”.
Martín ubicaba en un lugar prioritario la relevancia del espacio público. “Es donde todo ocurre. Muta con los años, y tenemos que responder a las nuevas necesidades de la ciudad. Por ejemplo el teletrabajo, el delivery, que requiere de espacios e infraestructuras propias, o la recarga de vehículos dentro de la ciudad. Algunas cosas las hemos recuperado, como las celebraciones familiares al aire libre, una costumbre que las ciudades habían dejado de lado”.
Escofet impulsa ciudades más humanas, con el foco en las personas. “Pensamos en el tránsito a pie o en la accesibilidad universal. No es un requisito, sino calidad urbana. La accesibilidad nos beneficia a todos y debe integrarse en los proyectos desde el inicio. Todo el mundo debe sentirse partícipe de estos cambios”.
En sostenibilidad, Martín opinaba que muchas empresas y sectores han dado un paso adelante, “pero se hay que transitar un camino completo”, donde se han de recopilar datos para medir, analizar y corregir. “No basta quedarse solo con la información si no la usas para mejorar”.
Dentro de estas iniciativas, el experto señalaba que la tecnología tiene que ser discreta; “un medio y no un fin”, integrada, robusta y silenciosa. “Debemos ser precavidos con la obsolescencia, porque cada vez es más rápida. Las setas con wifi para recargar dispositivos apenas duraron un año”.
Martín añadía que muchos conflictos nacen de un mal diseño del espacio público. “Debemos tener claro que si una ciudad es buena para el ciudadano, también lo será para el turista. Al revés no ocurre lo mismo. Los habitantes pueden acabar expulsados de su propio territorio”.
¿Cómo medir el éxito de un espacio público? “La permanencia es un indicador. Si la gente se queda, es buena señal. Al final, más allá del alojamiento, el turista valora la experiencia como un todo. En todo esto también es importante la identidad urbana. Cada ciudad debe tener algo diferente. Si todas se pelean por albergar la noria más grande, dejará de ser algo especial. La búsqueda de identidad es buena para ciudadanos y para turistas”.


