Fue uno de los misterios del año 2018 en el mundo de la astrofísica extragaláctica: la supuesta existencia de una galaxia sin materia oscura. Y es que juega un papel fundamental a la hora de producir el colapso de gas que forma las estrellas. Investigadores del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) han aclarado la paradoja que dibujaba dicho estudio, publicado en la revista Nature.

Y lo han conseguido a través de una observación exhaustiva de [KKS2000]04 (NGC1052-DF2), también conocida como la “galaxia sin materia oscura”. Los resultados han quedados reflejados en un artículo publicado en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society (MNRAS).

En este trabajo, los investigadores del IAC, desconcertados por el hecho de que todas las propiedades dependientes de la distancia de la galaxia eran anómalas, han revisado los indicadores de distancia disponibles. Utilizando cinco métodos independientes para estimar la distancia del objeto han encontrado que coincidían en una cosa: la galaxia se encuentra mucho más cerca de lo que se contemplaba en la investigación original.

El artículo publicado en Nature afirmaba que la galaxia se encontraba a una distancia de alrededor de 64 millones de años luz de la Tierra. Sin embargo, esta nueva investigación ha revelado que la distancia real es mucho menor, en concreto, de 42 millones de años luz.

Gracias a estos nuevos datos, todas las propiedades de la galaxia derivados de su distancia han vuelto a ser normales y encajan dentro de las tendencias observadas trazadas por galaxias de características similares.

El dato más relevante que ha sacado a la luz este análisis ha sido que el número de estrellas que posee esta galaxia es alrededor de la cuarta parte del que originalmente se había estimado, mientras que la masa total de la galaxia es alrededor de la mitad de aquel previamente estimado. Esta diferencia se interpreta por la presencia de materia oscura, cambiando las conclusiones anteriores.

Los resultados de este trabajo muestran la importancia fundamental de tener distancias precisas a los objetos extragalácticos. Durante mucho tiempo, esta ha sido (y sigue siendo) una de las tareas más difíciles de la astrofísica: cómo medir la distancia a objetos que no podemos tocar.

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